Peregrinando
Todos los años para el primer Domingo de Cuaresma, está entendido que en el fondo del ego colectivo católico surge cíclicamente el impulso de sumarse a ese selecto grupo de gente sencilla independiente, que no porque se lo mande la Jerarquía ni ningún precepto de ley positiva eclesiástica, ni por ninguna otra razón sino porque les nace, se ponen en camino hacia el Señor Jesús de la Atalaya, en la provincia de Veraguas. Señalo dos aspectos, el hecho de que es un deseo endógeno, un impulso de adentro, libre, espontáneo, sencillo, sin fanfarria, humilde por cuanto que el que lo hace no se fija ni se compara con nadie ni desprecia al que no lo hace, lo hace por convicción.
Y es que con el clima nuestro y con el sol calcinante de nuestra latitud norte de 9 a 10 grados del Ecuador, como que hacerlo pareciera imposible, un arriesgarse temerariamente. Pero ya desde el domingo de Carnaval, por los márgenes de nuestra carretera, comienza uno a ver a aisladas unidades vestidas de morada, no disfrazadas, rumbo a Veraguas. Y para el que conduce automóvil desde Panamá, los topa ora en la provincia de Panamá, ora en la provincia de Coclé, ora ya en la provincia de Veraguas. Son panameños y panameñas que en medio de la aberrante compulsión del carnaval, sin mayores afanes moralistas, discrepan de la gran masa anestesiada por la farsa carnavalesca, con extraña indumentaria van marcando el paso concentrados en sí mismos, musitando una ocasional plegaria, y determinados por un propósito de llegar a la meta propuesta que es Cristo de la Atalaya.
En el año del centenario tenemos una de esas expresiones que progresivamente se ha ido manteniendo contra viento y marea año tras año desde fechas inmemoriales como algo neta y genuinamente panameño. En la identidad del panameño centenario debe entrar su peregrinar anual ora a la Atalaya, ora a Portobelo, ora al Cristo de Esquipulas de Antón. El panameño centenario es un católico peregrino.
Con una oportunidad feliz, el pastor de la comunidad católica veragüense percibe reflexivamente que esa religiosidad popular de Atalaya responde a ese "espíritu inquieto del ser humano que busca la plenitud, la realización y la seguridad que sólo puede encontrar plenamente en Dios". Adiciona el prelado a su comentario: "hay que valorar positivamente esta religiosidad popular", y destacó la importancia que los pastores acompañen este caminar del pueblo...incluyendo también a las comunidades femeninas.
Queda claro que este peregrinar devoto no es exclusivo de los panameños. En mis recuerdos traigo a la memoria la procesión de Santo Domingo de Managua o las romerías en El Salvador hacia el Cristo de Esquipulas de Guatemala, y las peregrinaciones del Ecuador a la Virgen del Quinche; en Colombia, la Virgen de Chinquinquirá, y qué decir de las múltiples y numerosas al mismo tiempo que distantes de la Virgen de Guadalupe en la ciudad de México, aun cuando también me sorprendieron las de Guadalajara a la Virgen de Apopa. Sé que en otros países hermanos latinoamericanos, también anual y públicamente, ya en Lima con el Cristo del Gran Poder y en Venezuela con Nuestra Señora de Coromoto se repite este mismo estilo de manifestaciones religiosas muy de cada país que a todos los vientos caracteriza nuestra religiosidad popular expresada en peregrinaciones masivas y devotas.
Aprecio que todo un experto biblista, como es S.E. Oscar Brown Jiménez, obispo de Santiago de Veraguas, subraye vigorosamente en Panorama Católico (9 de marzo 2003) que "estas expresiones religiosas del pueblo, son ricos y abundantes valores evangélicos que, en muchos casos, fue el hilo conductor tenue que mantuvo la devoción católica en comunidades que no contaban con un pastor". Descubre, por otro lado, uno actitudes estultas y petulantes de ciertos sectores que, sentados en sus poltronas de seudocientíficos, dogmatizan estéril y paradójicamente señalando los ángulos deficientes de estas manifestaciones populares, como la del periodista que se las dio de biblista citando un salmo en son crítico, aun cuando el mismo en otro contexto resultó panegirista del morbo pornográfico desenmascarando el nivel de su frivolidad.
A ese propósito añade el prelado veragüense: "Evidentemente se necesita de un discernimiento pastoral para sostener y apoyar la religiosidad popular y, llegado el caso, para purificar y rectificar el sentido religioso que subyace en esas devociones y para hacerlas progresar en el conocimiento del misterio de Cristo. Para lograr lo antes expuesto, es necesaria la presencia y la acción de los pastores que tienen que velar para que esa fe incipiente, como lo es la religiosidad popular, crezca y no quede atrofiada".
Expertos locales en cálculos de multitudes, este año y no precisamente de las filas de la iglesia católica, soltaron la cifra de 200,000 peregrinos el día domingo, cifra elevada que hay que tomarla con el relativismo del margen de error, pero que aunque suena mucho, es más lo que se espera en estos tiempos de angustia y de presión de las potencias poderosas que quieren granjearse el favor de los pequeños para sus planes belicistas de muerte y de guerra. Señor, danos la paz.
En el proceso han demostrado cuán insustituible puede ser su magisterio, incluso cuando la primera potencia del mundo le hace frente a una figura nefasta, pero en el proceso pierde su equilibrio y compromete su humanismo. En tales circunstancias se comprende que el Concilio Vaticano Segundo, al redactar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, para iniciar su texto haya querido asociar la Iglesia a la función de Cristo como "Lumen Gentium", Luz de los Pueblos.
(iyan@sinfo.net)
Y es que con el clima nuestro y con el sol calcinante de nuestra latitud norte de 9 a 10 grados del Ecuador, como que hacerlo pareciera imposible, un arriesgarse temerariamente. Pero ya desde el domingo de Carnaval, por los márgenes de nuestra carretera, comienza uno a ver a aisladas unidades vestidas de morada, no disfrazadas, rumbo a Veraguas. Y para el que conduce automóvil desde Panamá, los topa ora en la provincia de Panamá, ora en la provincia de Coclé, ora ya en la provincia de Veraguas. Son panameños y panameñas que en medio de la aberrante compulsión del carnaval, sin mayores afanes moralistas, discrepan de la gran masa anestesiada por la farsa carnavalesca, con extraña indumentaria van marcando el paso concentrados en sí mismos, musitando una ocasional plegaria, y determinados por un propósito de llegar a la meta propuesta que es Cristo de la Atalaya.
En el año del centenario tenemos una de esas expresiones que progresivamente se ha ido manteniendo contra viento y marea año tras año desde fechas inmemoriales como algo neta y genuinamente panameño. En la identidad del panameño centenario debe entrar su peregrinar anual ora a la Atalaya, ora a Portobelo, ora al Cristo de Esquipulas de Antón. El panameño centenario es un católico peregrino.
Con una oportunidad feliz, el pastor de la comunidad católica veragüense percibe reflexivamente que esa religiosidad popular de Atalaya responde a ese "espíritu inquieto del ser humano que busca la plenitud, la realización y la seguridad que sólo puede encontrar plenamente en Dios". Adiciona el prelado a su comentario: "hay que valorar positivamente esta religiosidad popular", y destacó la importancia que los pastores acompañen este caminar del pueblo...incluyendo también a las comunidades femeninas.
Queda claro que este peregrinar devoto no es exclusivo de los panameños. En mis recuerdos traigo a la memoria la procesión de Santo Domingo de Managua o las romerías en El Salvador hacia el Cristo de Esquipulas de Guatemala, y las peregrinaciones del Ecuador a la Virgen del Quinche; en Colombia, la Virgen de Chinquinquirá, y qué decir de las múltiples y numerosas al mismo tiempo que distantes de la Virgen de Guadalupe en la ciudad de México, aun cuando también me sorprendieron las de Guadalajara a la Virgen de Apopa. Sé que en otros países hermanos latinoamericanos, también anual y públicamente, ya en Lima con el Cristo del Gran Poder y en Venezuela con Nuestra Señora de Coromoto se repite este mismo estilo de manifestaciones religiosas muy de cada país que a todos los vientos caracteriza nuestra religiosidad popular expresada en peregrinaciones masivas y devotas.
Aprecio que todo un experto biblista, como es S.E. Oscar Brown Jiménez, obispo de Santiago de Veraguas, subraye vigorosamente en Panorama Católico (9 de marzo 2003) que "estas expresiones religiosas del pueblo, son ricos y abundantes valores evangélicos que, en muchos casos, fue el hilo conductor tenue que mantuvo la devoción católica en comunidades que no contaban con un pastor". Descubre, por otro lado, uno actitudes estultas y petulantes de ciertos sectores que, sentados en sus poltronas de seudocientíficos, dogmatizan estéril y paradójicamente señalando los ángulos deficientes de estas manifestaciones populares, como la del periodista que se las dio de biblista citando un salmo en son crítico, aun cuando el mismo en otro contexto resultó panegirista del morbo pornográfico desenmascarando el nivel de su frivolidad.
A ese propósito añade el prelado veragüense: "Evidentemente se necesita de un discernimiento pastoral para sostener y apoyar la religiosidad popular y, llegado el caso, para purificar y rectificar el sentido religioso que subyace en esas devociones y para hacerlas progresar en el conocimiento del misterio de Cristo. Para lograr lo antes expuesto, es necesaria la presencia y la acción de los pastores que tienen que velar para que esa fe incipiente, como lo es la religiosidad popular, crezca y no quede atrofiada".
Expertos locales en cálculos de multitudes, este año y no precisamente de las filas de la iglesia católica, soltaron la cifra de 200,000 peregrinos el día domingo, cifra elevada que hay que tomarla con el relativismo del margen de error, pero que aunque suena mucho, es más lo que se espera en estos tiempos de angustia y de presión de las potencias poderosas que quieren granjearse el favor de los pequeños para sus planes belicistas de muerte y de guerra. Señor, danos la paz.
En el proceso han demostrado cuán insustituible puede ser su magisterio, incluso cuando la primera potencia del mundo le hace frente a una figura nefasta, pero en el proceso pierde su equilibrio y compromete su humanismo. En tales circunstancias se comprende que el Concilio Vaticano Segundo, al redactar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, para iniciar su texto haya querido asociar la Iglesia a la función de Cristo como "Lumen Gentium", Luz de los Pueblos.
(iyan@sinfo.net)