Pérez Balladares hacia la reelección
Hace 10 días, el Presidente de la República rompió al fin su mal contenido silencio, respecto a su aspiración para optar por un segundo mandato presidencial, a la usanza de otros gobernantes latinoamericanos, empezando por el sempiterno Joaquín Balaguer de República Dominicana, quien prácticamente se aburrió de ganar cuanta elección en su país, antes de pactar con su acérrimo rival, Juan Bosh, para llevar al poder al actual mandatario Leonel Fernández, frustrando por enésima vez las aspiraciones de Francisco Peña Gomez, hoy aspirante a alcalde.
Pérez Balladares es más afín a la escuela de Alberto Fujimori, de Perú y Carlos Menem, de Argentina, quienes propiciaron reformas constitucionales hechas a su medida, para posibilitarles una segunda presidencia consecutiva.
El mandatario argentino es en particular el modelo seguido por nuestro presidente. Ambos liderizaron un movimiento renovador y modernizador de sus respectivos partidos populistas que, por coincidencia, fueron fundados por sendos caudillos militares de corte nacionalista, con enorme inclinación por el paternalismo y las masas, Juan Domingo Perón y Omar Torrijos.
Los dos, Menem y Pérez Balladares, se alejaron resueltamente de los mensajes paternalistas y socializantes, para abrazar las doctrinas neoliberales del Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio (OMC), partidarios de la globalización, la apertura económica y las privatizaciones.
Ambos proyectan un estilo más bien autoritario y elitista, propenso al derroche y la grandilocuencia. Ninguno tiene hacia los medios noticiosos mayores simpatías y, Menem llegó incluso a ganar su reelección declaradamente contra ellos. Su lema de campaña, consciente de las antipatías que provoca, fue sencillo y efectivo: "Yo o el caos". Los argentinos corrieron a darle el voto, muy a su disgusto, porque peor eran las alternativas de la oposición.
Pérez Balladares intentará seguir el camino de su héroe, siempre presto a demostrar carácter, vitalidad y decisión, a más de su propensión al desafío de las masas, especie de reafirmación de su autoridad, notas siempre presentes en líderes de gran supervivencia.
Lo aguarda sin embargo un largo camino cuesta arriba para el que las encuestas vienen consistentemente señalando una opinión adversa en proporción de dos a uno. Sus asesores le han aconsejado liderizar personalmente la campaña por su reelección, habida consideración al alto porcentaje de aceptación que tiene su gestión gubernamental.
Olvidan sin embargo un pequeño detalle: los mismos que marcan tan favorablemente en favor de su figura y su gobierno, son los mismos que se multiplican al momento de adversar su reelección. No quieren un segundo mandato, por más bueno que haya sido el primero.
Pérez Balladares es más afín a la escuela de Alberto Fujimori, de Perú y Carlos Menem, de Argentina, quienes propiciaron reformas constitucionales hechas a su medida, para posibilitarles una segunda presidencia consecutiva.
El mandatario argentino es en particular el modelo seguido por nuestro presidente. Ambos liderizaron un movimiento renovador y modernizador de sus respectivos partidos populistas que, por coincidencia, fueron fundados por sendos caudillos militares de corte nacionalista, con enorme inclinación por el paternalismo y las masas, Juan Domingo Perón y Omar Torrijos.
Los dos, Menem y Pérez Balladares, se alejaron resueltamente de los mensajes paternalistas y socializantes, para abrazar las doctrinas neoliberales del Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio (OMC), partidarios de la globalización, la apertura económica y las privatizaciones.
Ambos proyectan un estilo más bien autoritario y elitista, propenso al derroche y la grandilocuencia. Ninguno tiene hacia los medios noticiosos mayores simpatías y, Menem llegó incluso a ganar su reelección declaradamente contra ellos. Su lema de campaña, consciente de las antipatías que provoca, fue sencillo y efectivo: "Yo o el caos". Los argentinos corrieron a darle el voto, muy a su disgusto, porque peor eran las alternativas de la oposición.
Pérez Balladares intentará seguir el camino de su héroe, siempre presto a demostrar carácter, vitalidad y decisión, a más de su propensión al desafío de las masas, especie de reafirmación de su autoridad, notas siempre presentes en líderes de gran supervivencia.
Lo aguarda sin embargo un largo camino cuesta arriba para el que las encuestas vienen consistentemente señalando una opinión adversa en proporción de dos a uno. Sus asesores le han aconsejado liderizar personalmente la campaña por su reelección, habida consideración al alto porcentaje de aceptación que tiene su gestión gubernamental.
Olvidan sin embargo un pequeño detalle: los mismos que marcan tan favorablemente en favor de su figura y su gobierno, son los mismos que se multiplican al momento de adversar su reelección. No quieren un segundo mandato, por más bueno que haya sido el primero.