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Perfil


Hablaba de la traducción del italiano a nuestra lengua vernacular de la obra histórica de la época colonial del sacerdote Mario Cicala, jesuita.
Encuentro halagador el perfil o perfiles que él hace sobre el panameño de esas épocas. Ha llovido mucho de entonces a esta parte, pero lo que sí está claro que los que nos precedieron en la existencia, por tanto, nuestros antepasados aunque, con menos recursos externos y facilidades, no eran unos minus-habentes sino gente con mucha valía humana.
Volvamos a Cicala. Temo que a veces sea hiperbólico en sus apreciaciones sobre los panameños y lógicamente genera en el lector un comprensible escepticismo, pero si lo que afirma no lo aceptamos en un 100% al menos nos quedamos con el 50%.
"Componían en latín (los panameños, se entiende), dándoles un tema, con argumento clarísimo y usando todas las más selectas elegancias. En resumen, componían versos exámetros y pentámetros, y lo que era más admirable que no recuerdo haberles explicado regla alguna dos veces. En las principales ciudades y más famosas los únicos que destacan maravillosamente entre todos los grupos de hombres doctos y eruditos son los panameños. En Quito y Lima y otras partes los panameños son los que brillan entre los abogados. Entre los catedráticos y lectores, los más célebres son los panameños entre audiencias y cancillerías regias, entre los togados, son los más científicos y famosos. Entre los capítulos eclesiásticos, los panameños sobresalen como los más eruditos. Para predicar resultan excelentísimos. En resumen, hasta en la corte de Madrid han sido admirados con extraordinario estupor tres jóvenes panameños nobles pero pobres, sin otro capital que el de su capacidad e inteligencia". Resulta deliciosamente casi jocoso en las ponderaciones que hace de los panameños. Me imagino que muchos de nosotros diríamos: "ya `ta bueno tanto cepillaje". No dudo que muchos aficionados a la Historia moverán sus testas en vaivén en señal de desaprobación o de falta de credibilidad.
Sin embargo, no podemos ponernos a pensar que estaba pagado por algún adinerado mecenas, sino que sin ninguna pretensión de alguna condecoración póstuma escribió lo que vio esperando a que lo contradigan los expertos.
Y no sólo se refería a los varones porque a las damas también les asignaba sus merecidas loas.
"Las señoras también son de las más capaces. No es ninguna exageración mía. En una conversación de hombres letrados y eruditos hacen ellas también su papel, sin afectación, por lo que no hay señora o por lo menos la mayor parte de ellas, que no lea libros históricos y eruditos y que con gran inteligencia y discreción no sepa dar razón en las conversaciones de las historias y obras críticas". ¿Qué les parece? Obviamente salta a nuestra mente no ya la duda de lo que afirma Cicala, sino que nos preguntamos ¿qué nos ha pasado? La Panamá de aquellos tiempos era mucho más de lo que pretendemos ser ahora. ¿Por que? ¿A quién le echamos la culpa?
Para concluir sigo citando al escritor amigo de Panamá.
"Los mulatos y negros criollos, es decir nacidos en Panamá, libres y esclavos, todos salen de ingenio altísimo, claro y perspicaz. En favor de la brevedad dejo de dar noticia a los lectores de un grandísimo número de éstos a los que conocí y traté. Algunos estudian por sí mismos Filosofía y Teología, sin maestros, y luego públicamente defienden las conclusiones. Otros resultan tan buenos y peritos que su fama volaba por todas las Provincias y Reinos y todos ellos jóvenes de 22 y 24 años. Otros, célebres en Historia, Geografía y erudiciones poéticas y en otras ciencias por sí mismos, por capricho y gusto de estudiar, preparados con toda perfección. No es fácil formar la lista de todos los que conocí. Un mulato sacristán nuestro, (¿quién lo creería?) conocedor del latín se aplicó al estudio de las Rúbricas, y en poco tiempo resultó tan perito en ellas que le llamaban el Maestro y quien ejercía el cargo de Ordinario se valía de él y era un joven de 21 o 22 años". Seguiremos con el tema del historiador Cicala. En el aire queda la pregunta ¿qué nos pasó?, porque no creo que hoy no podríamos hablar con tanto optimismo o ingenuo optimismo de nosotros los istmeños. Continuaremos. Ayuda a incremenar la autoestima.

101 años de Panamá América

 
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