Periodismo judicial y la opinión pública
Es innegable el poder que ejercen los medios de comunicación social sobre los distintos temas del ámbito nacional, al punto de inclinar a la opinión pública de forma positiva o negativa sobres estos asuntos, o bien sobre la consideración hacia algún simple ciudadano o personaje público.
Incluso, como el medio es factor determinante de cambios, y para muestra recordemos al famoso caso Watergate, el cual ocasionó que Richard Nixon dimitiera a la presidencia de Estados Unidos al ser publicada la investigación periodística desarrollada por Carl Bernstein y Bob Woodward, en cuanto al espionaje político en Washington. Nuestro país no escapa a esta realidad habiéndose desarrollado en la última década el llamado Periodismo Judicial, en el cual se informa a los ciudadanos sobre el desarrollo de los procesos o los principales temas judiciales.
Esa labor es meritoria y plausible; sin embargo, ¿qué pasa cuando el medio de comunicación, sin saberlo, se convierte en la herramienta de algunos profesionales del derecho que pretenden utilizarlo para debatir sus casos, o bien hacer medidas de presión sobre un determinado Juez, Magistrado o Fiscal, con el propósito de que éste incline su balanza hacia ellos?
Esa virulenta práctica, tan generalizada en los últimos años, busca alcanzar por medios distintos al derecho, que la causa de un cliente prospere utilizando como arma el medio de comunicación.
No está demás recordar que ese tipo de conductas son consideradas altas a la ética profesional conforme a lo que dispone el artículo 32 del Código de Ética que regula la profesión:
“El abogado debe evitar cualquiera declaración o publicación en los medios de comunicación en relación con los litigios pendientes o futuro…”.
A pesar de esa expresa prohibición, como hemos dicho, vemos algunos colegas que se valen de columnas de opinión, asistencia a programas radiales o televisivos, con el fin de debatir sobre sus causas y ejercer medidas de presión sobre los jueces o magistrados, ante la imposibilidad de estos últimos para poder rebatir esos argumentos que, en muchos casos, están apartados de la verdad procesal.
Igualmente debemos censurar la acción de los abogados que en estos quehaceres malsanos velan amenazas a los funcionarios con futuras quejas o denuncias, para infundirles miedo, y no lo solamente a éstos, sino también a los restantes jueces y funcionarios del engranaje judicial. Nos queda en este punto recordar las palabras del celebre Eduardo Couture:
“De la dignidad del juez depende la dignidad de derecho. El derecho valdrá, en un país, y un momento histórico determinado lo que valgan los jueces como hombres. El día que los jueces tienen miedo fallar ningún ciudadano puede dormir tranquilo”.