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Periodismo vs. Pensamiento


Hay dos clases de periodistas: los que se ajustan al sistema y los que el sistema desajusta. Los últimos parecen no tener historia ni existencia. Los primeros cuentan las historias del sistema -del poder mediático- y su vida misma es, de hecho, parte orgánica de dicho sistema. Por eso, en los medios, no están todos los que son (periodistas) ni son todos los que están porque la condición básica que se impone a los "comunicadores sociales" en este mundo globalizado, para estar o permanecer en dicha estructura mediática, es legitimar todo lo que se diga y todo lo que se haga -a nivel nacional o internacional- dentro de este orden de inclusiones y exclusiones que se legitima a sí mismo al amparo de una mítica libertad de expresión.
En realidad, este poder mediático no sólo excluye a los periodistas que de alguna manera osen poner en duda este cúmulo de mentiras prefabricadas y que como verdades absolutas se difunden alrededor del mundo en los medios de comunicación. La exclusión abarca a científicos, religiosos, escritores, guionistas, artistas y, en general, a cualquier persona que en alguna medida manifieste duda en relación con los parámetros de legitimidad de lo que podríamos llamar un "pensamiento oficial" que con sutiles o descarados mecanismos se ha venido imponiendo a toda la humanidad. ¿Pero eso significa que los que no estamos dentro del sistema no tengamos nada qué decir ni ninguna historia que contar en este mundo de complicidades (conveniencias) e iniquidades?
111¿Qué hacemos los periodistas panameños -en los medios y en las instituciones educativas- para que haya periodismo fuera de este esquema de complicidad que busca imponernos este omnipresente pensamiento oficial?
Este poder mediático -que es el reflejo de los intereses corporativos que imperan en la economía mundial- ha creado un colosal sistema de mentiras. Y ello incluye, por supuesto, aplastar literalmente a quien lo ponga en duda. La famosa "ley" del Big Bang -la de universo en expansión- es en realidad un cuento de hadas.
Pero este cuento le ha servido a las grandes industrias que fabrican artefactos "estelares" para obtener billonarios contratos con los gobiernos de los países desarrollados, porque se le hace creer a la opinión pública que en realidad el hombre fue a la luna o que es posible construir costosos aceleradores de partículas que en tierra puedan explicar cómo funciona este desplazamiento de las galaxias en el espacio sideral.
El eminente astrofísico Halton C. Arp, a mediados de los 80, publicó un artículo bajo el título "Corrimientos al rojo no cosmológico en galaxias lejanas" donde demostraba que lo del Big Bang era pura charlatanería. Y lo botaron después de 22 años de trabajo en el Monte Palomar y le cerraron el acceso en todas las instituciones (norteamericanas) dedicadas al estudio del Cosmos. Se tuvo que refugiar en el Instituto Max Planck, de Alemania. ¿Y quién publicó las protestas de los científicos -como el Manifiesto de Cardiff- donde éste y otros hombres de ciencia daban a conocer esta gran impostura con la que lucra incesantemente la industria del espacio fabricando sondas, telescopios gigantes, ingenios de observación en infrarrojo y ultravioleta o los ya mencionados aceleradores de partículas?
Pero eso mismo le ha pasado y le sigue pasando a los periodistas alrededor del mundo que en algún momento han intentado desmentir o denunciar los crímenes y mentiras prohijados por este poder mediático. Y curiosamente, a excepción de los periódicos digitales a los que también se busca silenciar de hecho y de derecho, estos ultrajes nunca han aparecido en los llamados medios masivos de comunicación.
Me refiero a mentiras axiales como el alunizaje, los auto ataques de Pearl Harbor y del TWC, así como el encausamiento y encarcelamiento de periodistas que han denunciado cómo se exterminan a los kurdos en Turquía, cómo las transnacionales arrasan minuto a minuto la selva amazónica o cómo, entre otras cosas ignominiosas, el ejército ruso vierte sus desechos radiactivos en el Mar del Japón.
Y cierro estas reflexiones con la siguiente pregunta: ¿Qué hacemos los periodistas panameños -en los medios y en las instituciones educativas- para que haya periodismo fuera de este esquema de complicidad que busca imponernos este omnipresente pensamiento oficial?

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