default

Periodismo y literatura


Los factores no alteran el producto, en ese caso, género, como le diría la aguja al sastre y el lenguaje al texto, o el agua al pez, porque lo importante es nadar sobre el papel con estilo y toda la distancia. Sin embargo, el Periodismo es el tratamiento de los hechos, un mandato de los acontecimientos con un enfoque, óptica y tratamiento del lenguaje diferente al de la literatura tradicionalmente narrada, donde la lucha con la palabra es a muerte, para que ella viva, perdure en el tiempo y promueva sano vicio de la lectura.
La Literatura arrastras otras aguas, construida del barro de las palabras, con el hormigón del lenguaje, para sonar en fina platería musical, nace para convertirse en Obra de Arte y agregar algo diferente a la realidad, aunque como parte de ella, la recrea doblemente porque es su origen y constituye novedad.
Periodismo y Literatura requieren de un mismo oxígeno: plena libertad, pero sin duda, la contingencia, la coyuntura, la circunstancia, la ocasión, son como la inmediatez, la prominencia, la divulgación, elementos y variables propias de la prensa, cuyo oficio es alimentar diariamente a un gran público con información, noticias y análisis, cuya materia prima son los hechos y las realidades humanas.
Jorge Luis Borge, el feroz anciano enciclopédico, libresco, memorioso y gran cuentista, estigmatizó a los periodistas y a la profesión, con el sarcasmo, de quien consideró el periodismo un oficio menor, cuando sentenció de que escriben para el viento. Palabras que mueren con el día, abrumadas quizás por esa soledad que produce el tiempo a la superficialidad de las cosas y que suele relevarlas de su trascendencia, para que sin más ayuda que la contingencia y el estallido de sus fuegos artificiales, desaparezcan en su limitado eco.
La Literautra observa con acuciosidad la superficie de las cosas, objetos, personas y unta la pluma en el denso tintero del pasado o escarba con el mouse (ratón) la página veloz de la historia, para penetrar con todos los sentidos y herramientas del lenguaje, la materia de su(s) asunto(s).
No quiere decir que el Periodismo carezca de observación y no hurgue detrás de la pared, ni viaje al interior de la palabra cuando sea necesario para profundizar sobre el hecho o la contingencia, porque la historia es vital para un periodista que no quiere ir detrás de la noticia. La razón de ser de esta investidura y recreación del o los sucesos, es un raconto acompañado de las herramientas propias de un cirujano que va abriendo nuevas zonas, extirpando, hasta conformar un organismo sano, que nace cada vez que se opera la realidad con nuevos e inéditos hechos.
Periodismo y Literatura, expresiones tan lejanas como próximas, o más bien complementarias, y más allá aún, contaminadas, y cuyos pioneros abrieron un camino de promiscuidad a este género, con tradición singular, y siempre renovado, porque surgió de las manos de plumas legendarias y decantó en la segunda mitad del siglo XX en una especialidad: el periodismo investigativo.
Todo se crea y recrea, la contaminación es inevitable. Sin embargo, las diferencias pueden estar tácitamente escritas y definidas en el destinatario del producto: el lector. Allí es donde surge la desemejanza y diversidad, porque la materia prima del Periodismo es lo instantáneo y, en cambio, la Literatura trabaja con el tiempo, la perdurabilidad de la palabra y, entre otras cosas, apela con la profundidad y novedad de su temática, a un lector que transforma lo escrito en una lectura sin fin, ni tiempo. Hace 400 años los ingleses leen como un abecedario a Shakespeare, lo inmortalizan día a día, obras que no pueden competir con la mejor colección de periódicos en cualquier época.
Literatura y Periodismo colaboran mutuamente para profundizar y redescubrir la realidad diaria, comunicarla con mayores antecedentes, enriquecerla con la entrega de historia, para contextualizarla y contribuir a un mayor y más completo conocimiento de la realidad en su conjunto.
Es completamente secundario, como me llama la atención un acucioso lector, cuando comenzó todo esto de Literatura y Periodismo o Periodismo y Literatura. El se remonta a Mark Twain, Emile Zola, Jack London, John Dos Passos y Charles Dickens, y puede que tenga parte de la razón, aunque mi anterior escrito (editado en El Panamá América, sección Estilo de Vicda, 12/IV/2000, pág. D2) es muy claro: "Periodismo y Literatura, es un viejo nuevo género... La fórmula no es mágica, pero funciona, no es nueva, pero se renueva... existió y pegó en el pasado... Estos son algunos de los santones del género".
La nota periodística tiene la limitación del espacio y de la profundidad, -temas de ambas crónicas y una de las razones de estos enfoques-, y podemos nombrar a muchos más: Daniel de Foe, Graham Greene, Ylia Ehrenburg, Ortega y Gasset y en nuestros días, Oriana Fallaci y Rosa Montero. Todos son adalides del nuevo Periodismo, porque después de todo los titulares de los diarios, son el pasado.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América