Periodismo y xenofobia
Recientemente han aparecido algunos escritos en la prensa local que califican de xenófoba la actitud de algunos periodistas, abogados, y otras personas, en contra de Gustavo Gorriti, director afiliado del diario La Prensa. A pesar de que me he procurado no meterme en la disputa, la situación me obliga a decir mi palabra al respecto.
El ejercicio del periodismo reclama de quien lo ejerce dos cosas fundamentales: buscar la verdad para trasmitirla fielmente, y guardar el debido respeto hacia el público y los involucrados en las informaciones que se divulgan. Esas dos cosas son las que le ganan al periodista el respeto de la sociedad y de sus propios adversarios. Pero cuando el periodismo se utiliza para venganzas y provecho personal, se rompe con el propósito del mismo en función de la sociedad.
Algo de esto último hay en el llamado "asunto Gorriti", cuando se insiste en vincular a dos antiguos reporteros de La Prensa y otros periodistas, con personas que supuestamente realizan actividades ilícitas o delictivas.
La xenofobia que algunos denuncian es un síntoma y no la enfermedad misma. Y tantos argumentos pueden esgrimir quienes hablan de xenofobia, como los que invocan el racismo en este caso, sin que ello sea la causa real de la situación. El "asunto Gorriti", de seguir el curso que lleva, terminará provocando hechos de impredecibles consecuencias.
Cuando la empresa decidió terminar la relación laboral con los colegas Manuel Alvarez y Vilma Figueroa, lo hizo fundamentada en un derecho que consideró le asistía. Cuando los periodistas despedidos denunciaron públicamente algunas situaciones que, según ellos, no fueron resueltas satisfactoriamente dentro de la empresa, lo hicieron bajo el derecho que consideran les asiste. Ambas opiniones deben ser respetadas. Sin embargo, además de las respuestas oficiales de la empresa, se han hecho publicaciones abiertamente dirigidas a "golpear" a los periodistas despedidos y todo aquel que les ayude. Basta con hacer un análisis de contenido de las susodichas publicaciones, o subrayar el calificativo de "lumpenperiodistas" que alguno, tras el anonimato de la adjudicación del escrito a la "Redacción de La Prensa", utilizó para insultar y denigrar a los periodistas del país.
Si hay visos de xenofobia y de otros ataques es, precisamente, la consecuencia directa del uso del periodismo para resolver problemas personales, aunque se disfrace de investigación periodística. En lo personal no comparto las tácticas de los bandos ahora en disputa, porque difícilmente aportan a la edificación y progreso de la comunidad.
Recuerdo hace algún tiempo que rechacé lo que consideré una actitud xenófoba, cuando se intentó negarle el permiso de trabajo a Gorriti, bajo argumentos que buscaban esconder la verdadera falla que se ubicaba en el mismísimo Ministerio de Trabajo. Pese a las críticas y cuestionamientos que se me hicieron entonces, dije mi palabra y levanté mi voz. Hoy me toca hacer lo mismo, para rechazar que el "asunto Gorriti" tiene sus bases en la xenofobia.
Mi deber como periodista y dirigente es ser solidario con mis colegas y defender sus derechos; pero igual se me impone el respeto a la verdad y al ejercicio ético de la profesión. Eso es lo que intento hacer con este escrito, aún previendo las críticas que han de suscitarse. El periodista debe ganarse el respeto de la comunidad y del propio gremio y ambiente periodístico. Si eso se pierde, entonces algo estamos haciendo mal. Pensemos, pues, cuánto hay de respeto, de veracidad, de honestidad y de manejo ético de la información en este caso. Allí, sin dudas, hallaremos las respuestas.
El ejercicio del periodismo reclama de quien lo ejerce dos cosas fundamentales: buscar la verdad para trasmitirla fielmente, y guardar el debido respeto hacia el público y los involucrados en las informaciones que se divulgan. Esas dos cosas son las que le ganan al periodista el respeto de la sociedad y de sus propios adversarios. Pero cuando el periodismo se utiliza para venganzas y provecho personal, se rompe con el propósito del mismo en función de la sociedad.
Algo de esto último hay en el llamado "asunto Gorriti", cuando se insiste en vincular a dos antiguos reporteros de La Prensa y otros periodistas, con personas que supuestamente realizan actividades ilícitas o delictivas.
La xenofobia que algunos denuncian es un síntoma y no la enfermedad misma. Y tantos argumentos pueden esgrimir quienes hablan de xenofobia, como los que invocan el racismo en este caso, sin que ello sea la causa real de la situación. El "asunto Gorriti", de seguir el curso que lleva, terminará provocando hechos de impredecibles consecuencias.
Cuando la empresa decidió terminar la relación laboral con los colegas Manuel Alvarez y Vilma Figueroa, lo hizo fundamentada en un derecho que consideró le asistía. Cuando los periodistas despedidos denunciaron públicamente algunas situaciones que, según ellos, no fueron resueltas satisfactoriamente dentro de la empresa, lo hicieron bajo el derecho que consideran les asiste. Ambas opiniones deben ser respetadas. Sin embargo, además de las respuestas oficiales de la empresa, se han hecho publicaciones abiertamente dirigidas a "golpear" a los periodistas despedidos y todo aquel que les ayude. Basta con hacer un análisis de contenido de las susodichas publicaciones, o subrayar el calificativo de "lumpenperiodistas" que alguno, tras el anonimato de la adjudicación del escrito a la "Redacción de La Prensa", utilizó para insultar y denigrar a los periodistas del país.
Si hay visos de xenofobia y de otros ataques es, precisamente, la consecuencia directa del uso del periodismo para resolver problemas personales, aunque se disfrace de investigación periodística. En lo personal no comparto las tácticas de los bandos ahora en disputa, porque difícilmente aportan a la edificación y progreso de la comunidad.
Recuerdo hace algún tiempo que rechacé lo que consideré una actitud xenófoba, cuando se intentó negarle el permiso de trabajo a Gorriti, bajo argumentos que buscaban esconder la verdadera falla que se ubicaba en el mismísimo Ministerio de Trabajo. Pese a las críticas y cuestionamientos que se me hicieron entonces, dije mi palabra y levanté mi voz. Hoy me toca hacer lo mismo, para rechazar que el "asunto Gorriti" tiene sus bases en la xenofobia.
Mi deber como periodista y dirigente es ser solidario con mis colegas y defender sus derechos; pero igual se me impone el respeto a la verdad y al ejercicio ético de la profesión. Eso es lo que intento hacer con este escrito, aún previendo las críticas que han de suscitarse. El periodista debe ganarse el respeto de la comunidad y del propio gremio y ambiente periodístico. Si eso se pierde, entonces algo estamos haciendo mal. Pensemos, pues, cuánto hay de respeto, de veracidad, de honestidad y de manejo ético de la información en este caso. Allí, sin dudas, hallaremos las respuestas.