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Periodista en tiempos de guerra


Terry Lloyd es el segundo periodista muerto en Irak en lo que va de guerra. Desapareció el sábado 22 de marzo cerca de Basora, mientras cubría el conflicto para la cadena británica ITN. Falleció en medio de fuego cruzado al ser alcanzado por "fuego amigo". El mismo día que Lloyd y su equipo desaparecieron, Paul Moran, cámara de la cadena australiana ABC, murió en el norte de Irak al hacer explosión un coche bomba cerca de donde se encontraba.
Ambos vienen a sumarse a la larga lista de periodistas muertos en el ejercicio de su profesión. Durante la guerra del Golfo de 1991 murieron cuatro periodistas. Ocho más en Afganistán en noviembre de 2001. Desde 1992, 544 periodistas encontraron la muerte en el ejercicio de su profesión. Casi la mitad de ellos en zonas de conflicto. En el 73% de los casos, los periodistas estaban identificados como tales, y murieron a causa de un ataque o un disparo. Solamente en el 27% de los casos se trató de muertes accidentales.
Las Convenciones de Ginebra, en virtud del artículo 79 del primer protocolo adicional, exigen el respeto de los derechos humanos de los periodistas durante los conflictos, a los que se considera como civiles y deben por ello ser protegidos contra la violencia, las amenazas, el asesinato, el encarcelamiento y la tortura.
Cada año, decenas de periodistas mueren, resultan heridos, son detenidos o tomados como rehenes o simplemente desaparecen durante una misión. Según Reporteros Sin Fronteras, más de un tercio de la población mundial vive en países en los que no existe ninguna libertad de prensa. Hoy es peligroso ser periodista en países como Colombia, Afganistán, Corea del Norte, Bielorrusia o Irán. En Nepal, Eritrea o China, un periodista puede pasar varios años en la cárcel por hacer su trabajo: ejercer el derecho universal a la información. Porque muchas veces, encarcelar o matar a un periodista significa eliminar a un testigo presencial.
El Comité Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja denuncian que a pesar de que casi todos los países del mundo son signatarios de los Convenios de Ginebra, no se observan sus disposiciones. Y es que a menudo olvidamos que "un ataque deliberado que tenga como consecuencia la muerte, o signifique un atentado grave contra la integridad física de un periodista, constituye una infracción grave del Protocolo"; es decir, constituye un crimen de guerra.
La protección que las normas del derecho internacional humanitario pueden garantizar a los periodistas es todavía precaria. Por ello, los propios periodistas y sus empresas deben buscar sistemáticamente todos los medios posibles para garantizar mejor su seguridad y limitar los riesgos que corren en los conflictos armados y en las zonas peligrosas. Los medios tienen además la responsabilidad de asegurarse de que los periodistas que envían a las zonas en conflicto estén suficientemente entrenados y dispongan del equipo adecuado.
La CNN, además del entrenamiento previsto por el Pentágono, ha preparado específicamente a 500 de sus periodistas con un entrenamiento especial sobre ambientes hostiles, y a otros 200 en ataques químicos y biológicos. Con una duración de una semana y un coste por persona, entre entrenamiento y equipo, de 4,000 dólares, la CNN ha invertido más de un millón de dólares en la seguridad de sus corresponsales. "Muchos reporteros y fotógrafos me dirán que ellos no necesitan esa clase de protección, que ellos no son objetivo -afirma Chris Cramer, presidente de CNN International-. Todo lo que puedo decir es que recuerden a Daniel Pearl", corresponsal del Wall Street Journal secuestrado y asesinado en Pakistán en febrero de 2002.
En el pasado la muerte de un periodista se veía como producto de la mala suerte, de un hecho desafortunado, o para algunos, simplemente como una parcela más de su trabajo. Pero ese argumento ya no tiene ningún crédito. Hoy los reporteros informan desde los lugares periodísticamente más importantes, pero proporcionalmente más peligrosos, por lo que incrementar su seguridad debe ser ineludiblemente, la prioridad más importante para todas las empresas informativas.
Ramón Lobo, periodista que ha cubierto para el diario El País desde 1992 guerras y conflictos en países de cuatro continentes, dice que los reporteros de guerra son "esos intermediarios entre el horror y la ignorancia, testigos directos para que otros sepan y no olviden". Pero lo que nunca debemos olvidar, es que ninguna historia vale la vida de un periodista.
La portavoz del Departamento de Defensa estadounidense, Victoria Clarke, recordó a los informadores que la situación en Irak es "bastante peligrosa" y pidió a los reporteros que extremen la precaución. Para algunos, desgraciadamente, ya es demasiado tarde.
* De la Agencia de Infarmación Solidaria.
(jacoboquintanilla@hotmail.com)

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