Periodista, un título que muchos quieren lucir
El periodista José Miguel Guerra M. ha salido a defender con la dignidad que el asunto exige la posición de los periodistas de carrera, en un artículo titulado "Periodismo en el limbo jurídico" (La Prensa, Opinión, 11 agosto 2005). El ha sido el único que se ha armado de valor y ha tocado a fondo una situación intolerable.
Ni periodistas como particulares ni colegios ni sindicatos ni foros, se han ocupado de clarificar el status profesional que han de tener las personas que ejercen el periodismo en la república de Panamá. Las universidades en una actitud de diplomacia contemplativa se han abstenido de hacer respetar el título que ellas confieren. ¿Será que están todos conformes con la equiparación libre de la profesión?
Este es un asunto de carencia de decoro de quienes usan públicamente un título que desde que se estableció el periodismo como una carrera académica, había estado reservado en propiedad a quienes se gradúan en las universidades.
217 horas de clase presencial para acumular 169 créditos académicos, más la práctica profesional y el trabajo de grado, durante 4 años, mínimos de carrera, se requieren para optar a la licenciatura de periodismo, que está sustentada con 2 seminarios y 32 asignaturas aprobadas en las ciencias de la comunicación social y disciplinas afines; introducción a la lógica y al método científico, psicología social, metodología de la investigación, literatura universal, pensamiento político contemporáneo, ética y legislación, semiótica, etc.
Esta es la formación que se está queriendo desconocer en una equiparación de título que ni la razón ni la justicia pueden consentir.
¿Qué harían los médicos si los curanderos, por muy acertados que fuesen se autotitularan doctores? ¿Y los abogados, con los tinterillos, y los arquitectos con los trabajadores de la construcción?
El primer director de la Escuela de Periodismo, Gil Blas Tejeira, nunca pasó por una universidad, pero era un gran señor de las letras; ha habido y hay actualmente personas de mucho talento y experiencia en el periodismo que se han forjado en la brega diaria. Yo los respeto por honor al mérito, pero ese es asunto aparte.
Mientras el tiempo pasa más personas ingresan al revoltillo de moros y cristianos en una rebatiña del título, en la que se despoja de su valor profesional al noble y respetable título de periodista que otorgan las universidades. Desde que el periodismo se convirtió en una carrera universitaria la apropiación a la libre de este título es cosa del pasado.
¿Quiénes son, y quiénes no son? ¿Quiénes merecen serlo, y quiénes no? He allí el quid de la cuestión a dejar claramente resuelto.
Ni periodistas como particulares ni colegios ni sindicatos ni foros, se han ocupado de clarificar el status profesional que han de tener las personas que ejercen el periodismo en la república de Panamá. Las universidades en una actitud de diplomacia contemplativa se han abstenido de hacer respetar el título que ellas confieren. ¿Será que están todos conformes con la equiparación libre de la profesión?
Este es un asunto de carencia de decoro de quienes usan públicamente un título que desde que se estableció el periodismo como una carrera académica, había estado reservado en propiedad a quienes se gradúan en las universidades.
217 horas de clase presencial para acumular 169 créditos académicos, más la práctica profesional y el trabajo de grado, durante 4 años, mínimos de carrera, se requieren para optar a la licenciatura de periodismo, que está sustentada con 2 seminarios y 32 asignaturas aprobadas en las ciencias de la comunicación social y disciplinas afines; introducción a la lógica y al método científico, psicología social, metodología de la investigación, literatura universal, pensamiento político contemporáneo, ética y legislación, semiótica, etc.
Esta es la formación que se está queriendo desconocer en una equiparación de título que ni la razón ni la justicia pueden consentir.
¿Qué harían los médicos si los curanderos, por muy acertados que fuesen se autotitularan doctores? ¿Y los abogados, con los tinterillos, y los arquitectos con los trabajadores de la construcción?
El primer director de la Escuela de Periodismo, Gil Blas Tejeira, nunca pasó por una universidad, pero era un gran señor de las letras; ha habido y hay actualmente personas de mucho talento y experiencia en el periodismo que se han forjado en la brega diaria. Yo los respeto por honor al mérito, pero ese es asunto aparte.
Mientras el tiempo pasa más personas ingresan al revoltillo de moros y cristianos en una rebatiña del título, en la que se despoja de su valor profesional al noble y respetable título de periodista que otorgan las universidades. Desde que el periodismo se convirtió en una carrera universitaria la apropiación a la libre de este título es cosa del pasado.
¿Quiénes son, y quiénes no son? ¿Quiénes merecen serlo, y quiénes no? He allí el quid de la cuestión a dejar claramente resuelto.