¿Periodistas o “Papas Fritas”?
En un seminario sobre actualización periodística, dirigido por David Hume, se conversó sobre un tema, al cual me quiero referir, precisamente ahora que tanto se discute sobre la ley que regula el Periodismo. Allí se habló, además de las nuevas tendencias del periodismo mundial, sobre un personaje que desde la década del 60 se moviliza en Nicaragua, se trata del “Papas Fritas”, que no es más que un “periodista” postizo o usurpador de la profesión.
Les explico de qué se trata. Resulta que en las calles de Managua, Nicaragua, proliferaron esos personajes vendedores de papas fritas, populares en ese tiempo y con el pasar de los años y recrudeciéndose el momento político y social en el hermano país, éstos aprendieron a manejar una grabadora de cassettes (dígase poner play, record, pausa, ff y rev).
Con ese “gran conocimiento”, se fueron a los medios radiales y empezaron a trabajar como periodistas. Así, poco a poco, cada vez eran más los “Papas Fritas” que dejaron sus ventas callejeras para dedicarse al periodismo, hasta el grado que han sobrepoblado las emisoras de radio y cuando menos se pensaba, fueron desplazando a los periodistas de profesión, que al tener que competir con una mano de obra más barata -casi regalada, porque es más productivo incursionar en esta profesión que vender papas fritas en la calle - no les ha quedado más que buscar en otro lado.
En tanto, los “Papas Fritas” llamándose “periodistas”, se pasean por las instituciones públicas, por las calles de Managua, por los puntos de interés social, donde se den hechos considerados noticiosos y por donde menos se les espere, con su grabadora en mano y un carné que los identifica como “periodistas” - repito sin serlo- haciendo un trabajo mediocre y denigrando una profesión.
Mientras, los verdaderos periodistas recibiendo críticas, ya que por los trabajos mal hechos por estos “Papas Fritas”, el justo paga por el pecador.
¿Qué quiero decir con todo esto? Que Panamá se está llenando de “Papas Fritas”, pues en los diferentes medios de comunicación social, especialmente en la radio, cada día son más los llamados radiocomentaristas (abogados, médicos, ingenieros, arquitectos y hasta cualquier perico de los palotes) que sin estudio alguno en la rama de periodismo están usurpando nuestra profesión.
Todos dicen ampararse en la Constitución Política, donde se habla de “la libertad de expresión bajo palabra o por escrito”; sí es cierto, vivimos en un país de libertad de expresión, pero eso no significa que debemos aceptar a profesionales que no son periodistas haciendo este trabajo que sólo compete a quienes se quemaron las pestañas estudiando las técnicas especiales para serlo y ejercerlo.
Digo esto porque hay que tener claro la diferencia entre un radiocomentarista (abogado, médico, legislador, político, o lo que sea) que sólo pueden y deben limitarse a emitir su opinión y los periodistas de profesión, que tienen todos los conocimientos para el manejo de la información con responsabilidad.
Mucho se ha hablado de la reciente ley aprobada en la Asamblea Legislativa, una ley que no aporta absolutamente nada al periodismo, por el contrario, sólo deja sentado en una legislación lo que hemos estado viviendo los periodistas por años, que cualquiera en este país quiere hacer periodismo.
No entiendo cómo periodistas defienden esta ley, dizque basándose en convenios internacionales sobre derechos humanos donde se exige la libertad de expresión, a los que Panamá también es dignatario.
Creo que hay que ver con claridad las cosas y saber reconocer qué es libertad de expresión, derecho a la información y estar informado, y qué es ejercer una profesión.
Quiero traer un ejemplo, Venezuela, país que también forma parte de todos estos convenios internacionales, tiene una ley que regula el ejercicio del periodismo, una ley que sí le da respeto a los periodistas y la prueba está en estos artículos que transcribo textualmente:
“Artículo 2°. Para el ejercicio de la profesión de periodista se requiere poseer título de Licenciado en Periodismo, Licenciado por una universidad o título revalidado legalmente”.
“Artículo 3°. Son funciones propias del periodista en el ejercicio de su profesión la búsqueda, la preparación y la redacción de noticias, la edición gráfica, la ilustración fotográfica, la realización de entrevistas periodísticas, reportajes y demás trabajos periodísticos, así como su coordinación en los medios de comunicación social, impresos, radiofónicos y audiovisuales, agencias informativas, secciones u oficinas de prensa o información de empresas o instituciones públicas o privadas”.
¿Podría estar más claro? ¿Se viola con esto la libertad de expresión o el derecho a estar informado? Por el contrario, Venezuela parece ser un país que sí tiene claro lo que es una profesión.
Ahora sólo espero que la Presidenta de la República tome con cautela esta ley que se le ha enviado, que no es más que la voluntad de los dueños de medios de seguir dirigiendo a su antojo al periodismo, colocando como “periodistas” o “papas fritas” en las salas de redacción, y de esa manera evitar la responsabilidad de remunerar como debe ser a un verdadero profesional.
El Colegio Nacional de Periodistas ya ha enviado el mensaje, y cientos de estudiantes están preocupados, pues ¿para qué terminar una carrera que no le garantiza nada al final? El tiempo nos dará la razón, si el hombre no nos la da.
*Miembro Junta Directiva CONAPE
Les explico de qué se trata. Resulta que en las calles de Managua, Nicaragua, proliferaron esos personajes vendedores de papas fritas, populares en ese tiempo y con el pasar de los años y recrudeciéndose el momento político y social en el hermano país, éstos aprendieron a manejar una grabadora de cassettes (dígase poner play, record, pausa, ff y rev).
Con ese “gran conocimiento”, se fueron a los medios radiales y empezaron a trabajar como periodistas. Así, poco a poco, cada vez eran más los “Papas Fritas” que dejaron sus ventas callejeras para dedicarse al periodismo, hasta el grado que han sobrepoblado las emisoras de radio y cuando menos se pensaba, fueron desplazando a los periodistas de profesión, que al tener que competir con una mano de obra más barata -casi regalada, porque es más productivo incursionar en esta profesión que vender papas fritas en la calle - no les ha quedado más que buscar en otro lado.
En tanto, los “Papas Fritas” llamándose “periodistas”, se pasean por las instituciones públicas, por las calles de Managua, por los puntos de interés social, donde se den hechos considerados noticiosos y por donde menos se les espere, con su grabadora en mano y un carné que los identifica como “periodistas” - repito sin serlo- haciendo un trabajo mediocre y denigrando una profesión.
Mientras, los verdaderos periodistas recibiendo críticas, ya que por los trabajos mal hechos por estos “Papas Fritas”, el justo paga por el pecador.
¿Qué quiero decir con todo esto? Que Panamá se está llenando de “Papas Fritas”, pues en los diferentes medios de comunicación social, especialmente en la radio, cada día son más los llamados radiocomentaristas (abogados, médicos, ingenieros, arquitectos y hasta cualquier perico de los palotes) que sin estudio alguno en la rama de periodismo están usurpando nuestra profesión.
Todos dicen ampararse en la Constitución Política, donde se habla de “la libertad de expresión bajo palabra o por escrito”; sí es cierto, vivimos en un país de libertad de expresión, pero eso no significa que debemos aceptar a profesionales que no son periodistas haciendo este trabajo que sólo compete a quienes se quemaron las pestañas estudiando las técnicas especiales para serlo y ejercerlo.
Digo esto porque hay que tener claro la diferencia entre un radiocomentarista (abogado, médico, legislador, político, o lo que sea) que sólo pueden y deben limitarse a emitir su opinión y los periodistas de profesión, que tienen todos los conocimientos para el manejo de la información con responsabilidad.
Mucho se ha hablado de la reciente ley aprobada en la Asamblea Legislativa, una ley que no aporta absolutamente nada al periodismo, por el contrario, sólo deja sentado en una legislación lo que hemos estado viviendo los periodistas por años, que cualquiera en este país quiere hacer periodismo.
No entiendo cómo periodistas defienden esta ley, dizque basándose en convenios internacionales sobre derechos humanos donde se exige la libertad de expresión, a los que Panamá también es dignatario.
Creo que hay que ver con claridad las cosas y saber reconocer qué es libertad de expresión, derecho a la información y estar informado, y qué es ejercer una profesión.
Quiero traer un ejemplo, Venezuela, país que también forma parte de todos estos convenios internacionales, tiene una ley que regula el ejercicio del periodismo, una ley que sí le da respeto a los periodistas y la prueba está en estos artículos que transcribo textualmente:
“Artículo 2°. Para el ejercicio de la profesión de periodista se requiere poseer título de Licenciado en Periodismo, Licenciado por una universidad o título revalidado legalmente”.
“Artículo 3°. Son funciones propias del periodista en el ejercicio de su profesión la búsqueda, la preparación y la redacción de noticias, la edición gráfica, la ilustración fotográfica, la realización de entrevistas periodísticas, reportajes y demás trabajos periodísticos, así como su coordinación en los medios de comunicación social, impresos, radiofónicos y audiovisuales, agencias informativas, secciones u oficinas de prensa o información de empresas o instituciones públicas o privadas”.
¿Podría estar más claro? ¿Se viola con esto la libertad de expresión o el derecho a estar informado? Por el contrario, Venezuela parece ser un país que sí tiene claro lo que es una profesión.
Ahora sólo espero que la Presidenta de la República tome con cautela esta ley que se le ha enviado, que no es más que la voluntad de los dueños de medios de seguir dirigiendo a su antojo al periodismo, colocando como “periodistas” o “papas fritas” en las salas de redacción, y de esa manera evitar la responsabilidad de remunerar como debe ser a un verdadero profesional.
El Colegio Nacional de Periodistas ya ha enviado el mensaje, y cientos de estudiantes están preocupados, pues ¿para qué terminar una carrera que no le garantiza nada al final? El tiempo nos dará la razón, si el hombre no nos la da.
*Miembro Junta Directiva CONAPE