Periodistas y política
Es tiempo de política. Los candidatos “bombardean” las redacciones de diarios, radios y televisoras con gacetillas de sus actividades. Los noticieros y las páginas políticas se llenan de promesas, planes de gobierno y acusaciones cruzadas. Para los políticos estas informaciones son como pan caliente acabado de salir del horno, aunque para la gente sea sólo más de lo mismo.
En medio de todo esto, los periodistas viven su propio dilema y se preguntan: “¿Hasta qué punto es correcto ponerse al servicio del discurso partidista?, ¿de qué manera se puede ayudar a levantar el nivel del debate sin perder la objetividad?, ¿qué espera la gente de los comunicadores sociales?
Una reciente encuesta realizada por CID-Gallup y publicada por El Panamá América contribuye al debate. Según ella, los periodistas no ocupan el primer lugar de confianza y credibilidad. Curiosamente, los medios (radio, prensa y televisión) y obviamente los periodistas, están en este sentido por debajo de la policía, una institución que ha sido criticada duramente en los últimos tiempos.
Cabe preguntarse: ¿Qué están haciendo mal los periodistas para que las personas a quienes informan, les crean menos que a los policías?
Para el sociólogo Alexander Castillo la respuesta está en la objetividad del comunicador social. Si el periodista no es objetivo y no refleja la realidad tal y como la percibe, corre el riesgo de que la sociedad civil no se nutra con la verdad, y si esto sucede, la sociedad deja de creer en los periodistas e incluso asume una pasividad latente ante las cosas que le rodean.
Un sondeo de opinión entre varios comunicadores sociales arrojó que la mayoría de ellos es consciente del papel fundamental que tiene en la toma de decisiones del público. Los periodistas saben que la gente ya no quiere sólo las declaraciones de los funcionarios. Ellos quieren más, que se les dé mayor investigación, datos, antecedentes y análisis para poder hacerse de una opinión.
El comunicador social juega un papel muy importante en la sociedad, según explicó el sociólogo. Porque es gracias a su labor que se le da garantía a la comunidad de poder expresar sus inquietudes.
Según explicó, si la gente no tiene los mecanismos para manifestarse a través de los medios, la única vía que le queda es asumir una actitud de indiferencia o de escape a través de manifestaciones de violencia o desviación social. Señales que actualmente vemos en Panamá en los índices de violencia, suicidios, etc., que se registran.
Los periodistas entrevistados aceptaron que sí tienen una responsabilidad en esto, pero una responsabilidad compartida en la que cada uno de los miembros de la sociedad desempeña un rol.
Para Gustavo Aparicio, reportero de El Panamá América es el pueblo el que al final de cuentas lidia los problemas día tras día, “¿quién más que él para presentar las propuestas y que los políticos las resuelvan?”.
No obstante, dijo que la decisión de la población a ser más beligerante con el mundo que lo rodea no depende tanto de la información que recibe, sino de las acciones que el gobierno tome en determinado momento.
Luis Díaz, periodista y director de Panorama Católico destacó que “sí se le brinda suficiente información al público”, pero reconoció que en algunos casos, es posible que “nos dejemos arrastrar por ciertas corrientes, porque el medio de comunicación de una u otra forma tiene su preferencia política, algo que es perceptible en los editoriales, columnas de opinión y algunas noticias”.
El sondeo de El Panamá América concluye en que el público todavía sigue creyéndole al periodista, aunque los consultados manifiestan que hay comunicadores a quienes no le creen, por el manejo que le dan a la información.
No caben dudas que es durante los tiempos de campaña electoral donde los políticos se vuelven más complacientes con los periodistas. Atienden más sus llamadas telefónicas, los bombardean con toda clase de gacetillas para que se les publique, e incluso, utilizan a otros comunicadores que les hacen sus relaciones públicas, para que apelando a sus amistades en los medios, consigan publicar la información.
Para algunos periodistas, este es un juego en el que a veces uno se deja utilizar, en cierta forma, para sacar la información de los funcionarios.
David Victoria, reportero de La Estrella de Panamá, es de esa opinión. Según dijo, los periodistas “sabemos en qué momentos se nos está utilizando. Hay como un rejuego, me dejo utilizar en cierta forma para que la fuente me diga algo”. No obstante, recalcó, que esto siempre depende del periodista.
Para Gustavo Aparicio estos periodistas complacientes son conscientes en un 90% de ello y lo hacen porque persiguen conseguir algún favor más adelante. “El periodista que tiene su conciencia limpia trata de actuar correctamente, y aunque tenga una opinión a favor o en contra de determinado candidato, no quiere decir que está vendiendo su opinión o su voto, y mucho menos su trabajo”, destacó.
Luis Chamorro, subdirector del diario Crítica consideró que a la hora de enjuiciar las noticias políticas el periodista debe colocarlas sobre la mesa para evaluar su contenido y peso noticioso. Si existe conflicto a la hora de hacer este ejercicio, el periodista no actúa con profesionalismo y lo más recomendable es convertirse en un asesor de prensa.
Para Luis Díaz, el que un periodista se deje o no manipular depende mucho de su formación y experiencia, así como de la forma en que el medio le exige y orienta. En esto también coincidió Siria Miranda, reportera de TVN-Canal 2, quien indicó que es el propio periodista quien debe crear su agenda y no dejar que se la impongan los políticos.
Para ella hay una realidad que se presenta con cada campaña electoral. Los políticos tienden mucho a intimidar al periodista, si se les cuestiona fuerte o se les publica algo que no les gusta, te indisponen o recurren a periodistas que sí los complazcan.
A final de cuentas como dice Luis Díaz, “el verdadero cuarto poder es la opinión pública y lo será en tanto tenga la información que los medios o los periodistas le brinden”.
En medio de todo esto, los periodistas viven su propio dilema y se preguntan: “¿Hasta qué punto es correcto ponerse al servicio del discurso partidista?, ¿de qué manera se puede ayudar a levantar el nivel del debate sin perder la objetividad?, ¿qué espera la gente de los comunicadores sociales?
Una reciente encuesta realizada por CID-Gallup y publicada por El Panamá América contribuye al debate. Según ella, los periodistas no ocupan el primer lugar de confianza y credibilidad. Curiosamente, los medios (radio, prensa y televisión) y obviamente los periodistas, están en este sentido por debajo de la policía, una institución que ha sido criticada duramente en los últimos tiempos.
Cabe preguntarse: ¿Qué están haciendo mal los periodistas para que las personas a quienes informan, les crean menos que a los policías?
Para el sociólogo Alexander Castillo la respuesta está en la objetividad del comunicador social. Si el periodista no es objetivo y no refleja la realidad tal y como la percibe, corre el riesgo de que la sociedad civil no se nutra con la verdad, y si esto sucede, la sociedad deja de creer en los periodistas e incluso asume una pasividad latente ante las cosas que le rodean.
Un sondeo de opinión entre varios comunicadores sociales arrojó que la mayoría de ellos es consciente del papel fundamental que tiene en la toma de decisiones del público. Los periodistas saben que la gente ya no quiere sólo las declaraciones de los funcionarios. Ellos quieren más, que se les dé mayor investigación, datos, antecedentes y análisis para poder hacerse de una opinión.
El comunicador social juega un papel muy importante en la sociedad, según explicó el sociólogo. Porque es gracias a su labor que se le da garantía a la comunidad de poder expresar sus inquietudes.
Según explicó, si la gente no tiene los mecanismos para manifestarse a través de los medios, la única vía que le queda es asumir una actitud de indiferencia o de escape a través de manifestaciones de violencia o desviación social. Señales que actualmente vemos en Panamá en los índices de violencia, suicidios, etc., que se registran.
Los periodistas entrevistados aceptaron que sí tienen una responsabilidad en esto, pero una responsabilidad compartida en la que cada uno de los miembros de la sociedad desempeña un rol.
Para Gustavo Aparicio, reportero de El Panamá América es el pueblo el que al final de cuentas lidia los problemas día tras día, “¿quién más que él para presentar las propuestas y que los políticos las resuelvan?”.
No obstante, dijo que la decisión de la población a ser más beligerante con el mundo que lo rodea no depende tanto de la información que recibe, sino de las acciones que el gobierno tome en determinado momento.
Luis Díaz, periodista y director de Panorama Católico destacó que “sí se le brinda suficiente información al público”, pero reconoció que en algunos casos, es posible que “nos dejemos arrastrar por ciertas corrientes, porque el medio de comunicación de una u otra forma tiene su preferencia política, algo que es perceptible en los editoriales, columnas de opinión y algunas noticias”.
El sondeo de El Panamá América concluye en que el público todavía sigue creyéndole al periodista, aunque los consultados manifiestan que hay comunicadores a quienes no le creen, por el manejo que le dan a la información.
No caben dudas que es durante los tiempos de campaña electoral donde los políticos se vuelven más complacientes con los periodistas. Atienden más sus llamadas telefónicas, los bombardean con toda clase de gacetillas para que se les publique, e incluso, utilizan a otros comunicadores que les hacen sus relaciones públicas, para que apelando a sus amistades en los medios, consigan publicar la información.
Para algunos periodistas, este es un juego en el que a veces uno se deja utilizar, en cierta forma, para sacar la información de los funcionarios.
David Victoria, reportero de La Estrella de Panamá, es de esa opinión. Según dijo, los periodistas “sabemos en qué momentos se nos está utilizando. Hay como un rejuego, me dejo utilizar en cierta forma para que la fuente me diga algo”. No obstante, recalcó, que esto siempre depende del periodista.
Para Gustavo Aparicio estos periodistas complacientes son conscientes en un 90% de ello y lo hacen porque persiguen conseguir algún favor más adelante. “El periodista que tiene su conciencia limpia trata de actuar correctamente, y aunque tenga una opinión a favor o en contra de determinado candidato, no quiere decir que está vendiendo su opinión o su voto, y mucho menos su trabajo”, destacó.
Luis Chamorro, subdirector del diario Crítica consideró que a la hora de enjuiciar las noticias políticas el periodista debe colocarlas sobre la mesa para evaluar su contenido y peso noticioso. Si existe conflicto a la hora de hacer este ejercicio, el periodista no actúa con profesionalismo y lo más recomendable es convertirse en un asesor de prensa.
Para Luis Díaz, el que un periodista se deje o no manipular depende mucho de su formación y experiencia, así como de la forma en que el medio le exige y orienta. En esto también coincidió Siria Miranda, reportera de TVN-Canal 2, quien indicó que es el propio periodista quien debe crear su agenda y no dejar que se la impongan los políticos.
Para ella hay una realidad que se presenta con cada campaña electoral. Los políticos tienden mucho a intimidar al periodista, si se les cuestiona fuerte o se les publica algo que no les gusta, te indisponen o recurren a periodistas que sí los complazcan.
A final de cuentas como dice Luis Díaz, “el verdadero cuarto poder es la opinión pública y lo será en tanto tenga la información que los medios o los periodistas le brinden”.