Perjudicados por el progreso
En estos tiempos de rascacielos, ensanches, nuevas vías, líneas de agua y autopistas, obras todas que requieren creciente espacio, todos aplaudimos y nos regocijamos porque son signos de progreso, además de fuentes de empleo y riqueza. La ciudad y el país están cambiando, para mejor. Todos, no obstante, es erróneo porque olvidamos a la minoría perjudicada por esas obras.
Nos referimos a aquellos que, como resultado de un ensanche o una nueva vía, quedan con el tráfico de vehículos pasando al pie de su casa. Pero hay situaciones peores. Algunas de esas vías requieren de rellenos de varios metros de alto, en cuya base quedan mal ubicadas las viviendas colindantes, hundidas y amenazadas por la posibilidad de que un "Diablo Rojo" sin frenos les caiga un día encima del techo, fuera de que esas casas se hacen invisibles por el ruido, el calor y la polución.
Ni hablar de la desgracia de ver de pronto construir un rascacielos al lado de una vivienda unifamiliar. El proceso mismo de ver moverse y rajarse la casa y sentir la lluvia de piedra, varillas y cemento sobre uno, es de las peores experiencias. Pero si aún así se logra sobrevivir al proceso, y el constructor de la torre de 25 pisos, le arregla y pinta a uno la casa, hay que ver las enormes incomodidades que siguen hasta el fin de sus días. La vida nunca vuelve a ser igual, y siempre para peor, empezando con el valor de la casa, que cae en picada, salvo que uno se mude y lo venda a otro rascacielos. Pero si resulta que el terreno no es apto para una de esas torres, entonces, queda uno condenado a soportar para siempre ese monstruo indeseable al lado.
Ninguna ley toma en cuenta a los perjudicados por el progreso, a aquellos negocios que quedan sin entrada para sus clientes, por modificación de una vía; o que un día cualquiera, ven su calle convertida en una nueva ruta de buses, o convertida en una vía rápida porque le hicieron una salida directa a la Ricardo J. Alfaro. Y debieran ser indemnizados en proceso abreviado, con total inmediación de juez y peritos, para asegurarles las reparaciones económicas que les permitan trasladarse a otro sitio o sobrellevar con mejor talante su mala fortuna.
Nos referimos a aquellos que, como resultado de un ensanche o una nueva vía, quedan con el tráfico de vehículos pasando al pie de su casa. Pero hay situaciones peores. Algunas de esas vías requieren de rellenos de varios metros de alto, en cuya base quedan mal ubicadas las viviendas colindantes, hundidas y amenazadas por la posibilidad de que un "Diablo Rojo" sin frenos les caiga un día encima del techo, fuera de que esas casas se hacen invisibles por el ruido, el calor y la polución.
Ni hablar de la desgracia de ver de pronto construir un rascacielos al lado de una vivienda unifamiliar. El proceso mismo de ver moverse y rajarse la casa y sentir la lluvia de piedra, varillas y cemento sobre uno, es de las peores experiencias. Pero si aún así se logra sobrevivir al proceso, y el constructor de la torre de 25 pisos, le arregla y pinta a uno la casa, hay que ver las enormes incomodidades que siguen hasta el fin de sus días. La vida nunca vuelve a ser igual, y siempre para peor, empezando con el valor de la casa, que cae en picada, salvo que uno se mude y lo venda a otro rascacielos. Pero si resulta que el terreno no es apto para una de esas torres, entonces, queda uno condenado a soportar para siempre ese monstruo indeseable al lado.
Ninguna ley toma en cuenta a los perjudicados por el progreso, a aquellos negocios que quedan sin entrada para sus clientes, por modificación de una vía; o que un día cualquiera, ven su calle convertida en una nueva ruta de buses, o convertida en una vía rápida porque le hicieron una salida directa a la Ricardo J. Alfaro. Y debieran ser indemnizados en proceso abreviado, con total inmediación de juez y peritos, para asegurarles las reparaciones económicas que les permitan trasladarse a otro sitio o sobrellevar con mejor talante su mala fortuna.