¡Pero es que las elecciones no son hoy!
Pronosticar y especular sobre el futuro, especialmente si se trata de los posibles resultados de las elecciones presidenciales, es uno de los principales entretenimientos de muchos autotitulados analistas políticos. La semana pasada vio la luz pública una de las tantas encuestas a las que deberemos acostumbrarnos y que proliferarán a medida que se vaya calentando el ambiente pre-electoral. En ese sondeo, se divulgaron cifras con estimaciones de los votos que obtendría cada uno de los precandidatos, "si las elecciones fueran hoy". Esos ejercicios, tal vez pueden ser un entretenimiento coyuntural para sus promotores y, como es de esperar, dan pábulo para que un sector de nuestro pueblo se entretenga sumándose al juego de las especulaciones. Sin embargo, es obvio que carecen de valor por la muy simple razón de que miden, y nadie sabe con que margen de confiabilidad, un escenario distinto del que vivirá el país en la víspera de los comicios y que será diametralmente opuesto cuando los electores entren al recinto de votación.
Las encuestas, se ha dicho muchas veces, tratan de ser un reflejo, no siempre certero, por cierto, de un momento. Pretenden medir lo que ocurre, o lo piensa o siente un mosaico de entrevistados que, se asume, reflejan el pensamiento del país. La realidad es que, con demasiada frecuencia, proyectan escenarios distorsionados, uno, por la naturaleza de las preguntas que se hacen a los encuestados, y dos, porque por ser circunstanciales pueden tornarse obsoletas en tiempo tan breve como el que transcurre entre la toma de la muestra y su publicación.
La encuesta a la que aludo puede haber llenado de entusiasmo a los partidarios del precandidato que, según ella, puntea en las preferencias de los electores. ¡Pero es que las elecciones no son hoy! Ese pequeño pero a la vez inmenso detalle, puede entenderse mejor citando aquello de: ¡Si mi abuela no se hubiera muerto...! Bueno, todos saben lo que sigue.
Sin entrar en mayores explicaciones, bueno es recordar a los entusiasmados prematuramente, y también a los "analistas" que la campaña ni siquiera ha empezado. Igualmente, es oportuno observar que se da por sentado que el PRD ya tiene su candidato y que todos sus miembros estarán felices y contentos cuando se oficialice su nominación. De otra parte, tampoco, sobre todo en política, debe olvidarse otro viejo y sabio refrán que reza: "De la puerta al horno se quema el pan, o por lo menos se chamusca". Y si bien la nominación del señor Torrijos pudiera darse por segura, cosa por la que todavía no apostaría, dentro de ese colectivo hay fuertes indicios de insatisfacciones y hasta de serruchaderas de piso.
Hasta ahora, el presunto candidato del único partido de oposición que cuenta para los efectos electorales ha estado guapeando sólo en el tinglado. Habrá que ver qué ocurre cuando se suba al "ring" el candidato arnulfista y comience la confrontación en serio. Habrá que ver cuando se activen las maquinarias partidarias y comience la propaganda electoral y, sobre todo, la confrontación de programas y propuestas, y los candidatos tengan que demostrar su estatura política y su capacidad para el proselitismo. Este combate apenas está en la etapa de las fintas. Por eso encuestas como las comentadas pueden entretener, pero no hay que olvidar que las elecciones no son hoy sino en mayo del 2004. Y que, como dice otro refrán: "Todavía falta que corra mucho agua bajo el puente".
Las encuestas, se ha dicho muchas veces, tratan de ser un reflejo, no siempre certero, por cierto, de un momento. Pretenden medir lo que ocurre, o lo piensa o siente un mosaico de entrevistados que, se asume, reflejan el pensamiento del país. La realidad es que, con demasiada frecuencia, proyectan escenarios distorsionados, uno, por la naturaleza de las preguntas que se hacen a los encuestados, y dos, porque por ser circunstanciales pueden tornarse obsoletas en tiempo tan breve como el que transcurre entre la toma de la muestra y su publicación.
La encuesta a la que aludo puede haber llenado de entusiasmo a los partidarios del precandidato que, según ella, puntea en las preferencias de los electores. ¡Pero es que las elecciones no son hoy! Ese pequeño pero a la vez inmenso detalle, puede entenderse mejor citando aquello de: ¡Si mi abuela no se hubiera muerto...! Bueno, todos saben lo que sigue.
Sin entrar en mayores explicaciones, bueno es recordar a los entusiasmados prematuramente, y también a los "analistas" que la campaña ni siquiera ha empezado. Igualmente, es oportuno observar que se da por sentado que el PRD ya tiene su candidato y que todos sus miembros estarán felices y contentos cuando se oficialice su nominación. De otra parte, tampoco, sobre todo en política, debe olvidarse otro viejo y sabio refrán que reza: "De la puerta al horno se quema el pan, o por lo menos se chamusca". Y si bien la nominación del señor Torrijos pudiera darse por segura, cosa por la que todavía no apostaría, dentro de ese colectivo hay fuertes indicios de insatisfacciones y hasta de serruchaderas de piso.
Hasta ahora, el presunto candidato del único partido de oposición que cuenta para los efectos electorales ha estado guapeando sólo en el tinglado. Habrá que ver qué ocurre cuando se suba al "ring" el candidato arnulfista y comience la confrontación en serio. Habrá que ver cuando se activen las maquinarias partidarias y comience la propaganda electoral y, sobre todo, la confrontación de programas y propuestas, y los candidatos tengan que demostrar su estatura política y su capacidad para el proselitismo. Este combate apenas está en la etapa de las fintas. Por eso encuestas como las comentadas pueden entretener, pero no hay que olvidar que las elecciones no son hoy sino en mayo del 2004. Y que, como dice otro refrán: "Todavía falta que corra mucho agua bajo el puente".