Persecución cuestionable
La decisión de quitarle a la titular Procuradora General de la Nación los escoltas que le daban protección a ella y a su familia, constituye, evidentemente, un acto de ensañamiento con olor a venganza de parte de algún poderoso personaje de nuestro actual gobierno. Y con justa razón se siente preocupada por su seguridad: ello en virtud de las venganzas a que ha quedado expuesta de parte de personas a quienes en cumplimiento de su deber, tuvo, como Procuradora, que investigar u ordenar perseguir.
Alguien tiene el propósito de asediarla con tal saña, que terminará por convertirla en mártir. Olvida ese alguien que los mártires, inmemorialmente, han inspirado las más fervientes simpatías en la conciencia de los asociados.
Si hiciéramos un plebiscito sobre la separación de ella en el cargo, la respuesta de repudio sería tan contundente, que resultarían muy escasas las voces de quienes se prestaran a colaborar con tan infame persecución. Y la realidad es que mientras más se trata de desacreditarla, en la misma medida se acrecentará el respaldo a ella en la comunidad.