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Persecución por disentir


Octavio Méndez Pereira, primer rector de la Universidad de Panamá, expresó en su discurso inaugural de la misma el 7 de octubre de 1935 que: "...en las naciones débiles y pequeñas como la nuestra, sobre las cuales se ciernen los nubarrones del imperialismo, cultura general, ciencia e investigación significan, más que en ninguna otra, autonomía, personalidad y libertad efectivas. Por eso consideré siempre una obra del más elevado patriotismo, la creación y formación de nuestra Universidad. Ella constituirá, por derecho propio, por suficiencia y por solidaridad internacional en la cultura, el más avanzado vigía de nuestro pueblo y el más fuerte, consciente y eficaz defensor de nuestro destino".
Estas sabias palabras del maestro de juventudes han sido más que ignoradas por las actuales y pasadas autoridades máximas de la Universidad de Panamá, cada vez que coartan, cercenan, limitan o persiguen a quienes ejercemos el derecho inalienable a disentir. ¿Cómo se puede hablar de Universidad y perseguir a los catedráticos y profesores que disienten de las prácticas autocráticas y autoritarias del Rector? La respuesta nos la da la denominada "Comisión de Asuntos Disciplinarios del Consejo Académico", presidida por el Decano de la Facultad de Odontología, Dr. Omar O. López S., quien mediante nota fechada 30 de marzo, me compele a presentarme el martes 6 de abril a la 1h30 p.m., en el Salón de los Decanos de la Facultad de Odontología, para "realizar una indagatoria" .
Sin entrar a relevar el abuso de funciones y de autoridad que contiene la nota, así como la flagrante violación al debido proceso que se comete, resulta que "la indagatoria" es por haber expresado públicamente mi oposición a la política de persecución que ha desatado el rector García de Paredes en la Universidad contra aquellos académicos que hemos exteriorizado nuestra opinión sobre las "Medidas Académicas y Administrativas" tomadas por el Consejo Académico en su reuniones del 7, 14, 21 y 28 de enero del corriente.
Hace poco más de una década, escribía que "Creí, con sinceridad, que la lucha contra la servidumbre política instaurada por la dictadura podría erradicarse al máximo de la Universidad Nacional y que éste sería el punto de partida para que nuestro país no se atrase más ante los veloces y profundos cambios que vive la sociedad mundial. Por ello participé decididamente en la gestación y desarrollo del "Movimiento Democratizador Universitario", junto al cual promovimos las actividades necesarias para lograr el desmantelamiento de los sistemas verticales y antidemocráticos existentes en la Universidad, particularmente en el procedimiento de elección de Rector, Decanos y Directores de Centros Regionales Universitarios."
Tratamos entonces, un número plural de académicos, de lograr rescatar la Universidad para el mundo del saber, de los buscadores de las nuevas verdades, para el diálogo y la disidencia creadora y no limitarse a ser un lugar de búsqueda de ventajas materiales o de fácil obtención de títulos y licenciaturas. Siempre he defendido, en todas las tribunas y bajo todos los rectores que ha tenido la Universidad de Panamá, que "si la Universidad deja de ser un hervidero de ideas en libertad y se convierte en un museo de ideas muertas, entonces la Universidad perece espiritualmente".
Desde mi cátedra en la Facultad de Derecho he tenido que armarme de paciencia y tolerancia ante el ambiente de autoritarismo impuesto nuevamente por el rector de turno en contra de estudiantes y profesores que osamos disentir y criticar la política que se sigue en la administración de la Universidad.
En mis 30 años como profesor y catedrático de la Universidad de Panamá y de otras cuatro universidades en el extranjero, ya tuve que enfrentar al impostor que desde la Rectoría, cuestionó mis credenciales académicas. Hoy buscan hacer más daño moral con los nuevos intentos del "academicidio" que, ni siquiera en los momentos más álgidos de la dictadura militar, se produjo. Estos supieron, al menos, tener la tolerancia y el espíritu universitario que no poseen los que hoy, nuevamente, me persiguen como infiel y hereje, por ejercer el derecho a disentir de quien se autodenomina "rector Magnífico", usurpando así el título que sólo puede ostentar Miguel de Unamuno.
De Victor Hugo aprendí que "la tribuna sin libertad no es aceptable más que para el orador sin dignidad". Si, como afirma el actual Rector PRD, aplaudido por sus copartidarios en el Consejo Académico: "A Bernal hay que sacarlo de la Universidad", no me sorprende que hayan dado inicio, a través de la denominada "Comisión de Disciplina del Consejo Académico", poner en ejecución su autoritarismo que los lleva a considerar como crítica todo lo que no es un elogio. Pero ante su concepción de Universidad, yo, con dignidad, mantendré la lucha por el derecho a disentir. Concurriré puntualmente a la citación ilegal y arbitraria. Académica y dignamente enfrentaré nuevamente a los Atilas del saber, a los que quieren hacer de la Universidad un Goulag tropical.

101 años de Panamá América

 
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