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Perseguidos políticos


Algunos empresarios están contentos porque el presidente Lagos les dice que los va a perseguir menos de lo que ellos creen. Que la reforma tributaria no les va a subir los impuestos tanto como temen. Que las medidas de la reforma laboral, contrarias a los empleadores, se están suavizando. Los dirigentes empresariales empiezan a darse por contentos. Esto es algo típico de los regímenes socialistas: los empresarios se dejan cortar la mano para salvar el brazo y quedan felices.
El último gobernante chileno que comprendió la importancia de apoyar a esa minoría que invierte, crea y organiza la producción y da empleo fue Pinochet. En su administración se facilitaban las iniciativas creadoras de riqueza y se suprimían trámites. Pero ahora Pinochet es un perseguido político. Y sus ideas también. Y, por consiguiente, la libre iniciativa para producir o crear. Se trata de quitarle lo más posible a la gente que lo hace y acosarla con prohibiciones y controles, no de estimularla. Unos días atrás, en el programa "Contacto", de Canal 13, apareció un chileno, vendedor de maní confitado en Nueva York. Ha llegado a tener, creo, 40 barquitos de venta de maní. Preguntado: "¿Por qué no hizo lo mismo en Chile?", respondió: "Porque allá no me daban permiso, y acá sí". En el gobierno de Pinochet se facilitaban los permisos. Con la Concertación se dificultan o deniegan. En todos los campos de la producción. Por eso no se crean suficientes empleos.
Cosas que veo: una empresa constructora que en febrero cerró negocio para construir 700 viviendas populares de avanzada tecnología. Estamos en septiembre y todavía no puede iniciar las obras. Ni siquiera sabe si podrá hacerlo. La última exigencia municipal es un colector de aguas con capacidad de 300 metros cúbicos por segundo, que equivalen al caudal del río Maipo en sus máximas crecidas de los últimos 50 años. "¡Esos tipos están locos!", dicen los empresarios, ya a punto de desistir del proyecto. Pudo haber trabajadores ocupados ahí desde marzo.
Un arquitecto me relata otro caso: "La Conama retuvo el proyecto durante meses. El otro día nos dijeron que si contratábamos a determinada firma de abogados podía acelerarse el trámite. Lo hicimos y, por suerte, salió en 20 días". Suerte.
Una agricultora me refiere otro caso: "Mi parcela me produce tres millones de pesos al año y las contribuciones eran de 500 mil pesos. De un día para otro, y sin notificarme, Impuestos Internos las subió a casi nueve millones de pesos, diciendo que era un sitio eriazo (tierras no cultivadas). Me demoré un año en rectificar el error y me costó un millón y medio de pesos en honorarios de abogado".
Por todas esas cosas muchos chilenos prefieren invertir y producir afuera. Y cada vez menos extranjeros lo hacen acá. Huyen de la persecución política. Por eso hay menos empleo. Es un recomienzo de la "fuga de cerebros", tan propia de nuestras épocas anteriores de socialismo. El manicero de Nueva York es sólo un botón de muestra.
Analista político chileno.

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