Personal docente y cambio educativo
Nadie pone en duda hoy el valor trascendente que tiene la educación en la sociedad. De allí los innumerables esfuerzos que desde los gobiernos, sociedad civil y comunidad internacional se realizan para transformar los sistemas educativos y ponerlos en sintonía con los rápidos cambios que se viven en la era global y del conocimiento. En este contexto, la formación y el desempeño del personal docente aparece como un tema recurrente, estratégico y, por lo tanto, urgente de abordar en el nuevo paradigma educativo y social.
Docentes bien formados y comprometidos con su profesión representan un factor central en la efectividad de los cambios educativos, pues la contribución de maestros y profesores es considerada esencial para ampliar las oportunidades de aprendizaje de sus estudiantes a lo largo de toda la vida, de modo que puedan construir su futuro de manera responsable y exitosa. Al docente se le atribuye una influencia decisiva en los estudiantes en la formación de expectativas favorables hacia los aprendizajes, así como en el desarrollo de las habilidades indispensables para el estudio, el trabajo y la vivencia de valores compatibles con el ejercicio de una ciudadanía responsable.
Por su importancia, el docente es también colocado en el centro de la crisis de algunos sistemas educativos Son muy diversas las conclusiones a las que llegan políticos, autoridades y público en general sobre las causas del fracaso escolar, los débiles resultados obtenidos por los estudiantes que se someten a las pruebas de ingreso a las universidades y el lugar subalterno ocupados por buena parte de los países de la región en las evaluaciones internacionales.
Algunas conclusiones, a menudo mal sustentadas, ubican la responsabilidad en un currículo escolar anacrónico, recargado de materias y conocimientos, otras en las inadecuadas metodologías pedagógicas, en la desmotivación e incompetencia docente, y no faltan argumentos para calificar a los medios de comunicación y a la Internet como distractores de los aprendizajes eficaces de los alumnos. Al final, muchas culpas y pocas metas para encontrar soluciones eficaces y duraderas. Es así como se tiende a imputar al docente parte de los graves males de la escuela y, en consecuencia, los infortunios de la sociedad. Las expectativas creadas superan en general las capacidades reales de los docentes para satisfacerlas, cuando además de enseñar los contenidos curriculares de las materias a su cargo, se les demanda trabajar en otros programas sociales, formar en valores y hasta corregir conductas negativas adquiridas en el hogar y en la comunidad, como son las vinculadas a la criminalidad, el tráfico y consumo indebido de drogas.
En esos casos se tiende a desconocer los múltiples factores que actúan en la calidad de los aprendizajes, así como los límites que se les impone al personal docente cuando la formación recibida no se corresponde con las nuevas tareas que demanda su puesto de trabajo, cuando su salario es inferior al de otros profesionales de su mismo nivel académico; cuando carecen de incentivos para atraer a los profesionales más competentes, y mantener su motivación a lo largo de la carrera, y cuando las condiciones de trabajo son precarias.
(Sigue la próxima semana).