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Perspectivas...


TRANSCURRIDOS QUINCE años de la invasión, la lista de las frustraciones de los deseos de los ciudadanos, no cesa de aumentar. Cada día enfrentamos más situaciones que muchos pensábamos que serían erradicadas de raíz y otras que, hasta hace unos lustros, no podíamos imaginar.
Los panameños nos alejamos cada día más de convenciones básicas que deben imperar en toda sociedad moderna. Poquísimo o nada se ha hecho por establecer mejores relaciones humanas. Así, por ejemplo, hemos perdido completamente una de las importantes perspectivas que nos enseña John Stuart Mill: "La única libertad que merece ese nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro camino propio, en tanto no privemos a los demás del suyo o le impidamos esforzarse por conseguirlo. Cada uno es el guardián natural de su propia salud, sea física, mental o espiritual. La humanidad sale ganando más consintiendo que cada cual viva a su manera antes que obligándolo a vivir a la manera de los demás".
Los panameños no intentamos siquiera aprender de las experiencias de otros países, de otras sociedades que han atravesado por diversas transiciones a lo largo de los últimos 15, 25, 35 años. En la mayoría de ellas se han ido construyendo y desarrollando las bases necesarias para establecer una sociedad de los ciudadanos, una sociedad democrática, un Estado de Derecho real, no ficticio.
Seguimos en manos de factores reales de poder, de "políticos" o "ciudadanos" que se desentienden olímpicamente de los demás, que les importa un bledo con la solidaridad, con la obligación social que tiene toda riqueza, que insisten en perseguir, en hostilizar o marginar socialmente -de alguna manera- a quien no está de acuerdo con ellos o no crea en lo que ellos quieren.
Los panameños nos negamos a conocer y aprender algunas lecciones fundamentales que suceden en nuestro entorno internacional. Una de ellas nos enseña exactamente lo inverso de lo que se ha hecho en Panamá desde el 20 de diciembre de 1989: que lo más acertado es ocuparse primero de la política, de la "reingeniería del Estado" y luego avanzar con la reforma económica.
Los monopolizadores de las cúpulas en la casi totalidad de los partidos políticos, sindicatos, asociaciones, gremios y... hasta algunos del Grupo Dinamizador del Foro 2020, han subestimado la importancia de una Constitución nueva y moderna, resultado de una verdadera Constituyente, o sea de la participación de toda la población en todos los pasos para alcanzar la misma. Han preferido los parches acomodaticios sin siquiera haber podido conquistar un sistema electoral verdaderamente participativo democrático.
Los panameños nos hemos negado a comprender la importancia del Estado de Derecho, del Estado Constitucional y éste ha sido un grave error. Ningún "Bambito", ningún "diálogo" o "consenso" general, ni el mejor esfuerzo, ni las más bellas ilusiones ("cero corrupción"), pueden reemplazar un marco institucional sólido, creando un sentimiento constitucional de superación constante.
Ni la economía de mercado, ni el mercado de la economía, podrán funcionar sin un verdadero, eficaz y eficiente sistema judicial.
Los panameños no queremos despertar para hacer lo que hay que hacer, aunque ya sepamos lo que no se debe hacer o seguir haciendo. Dejamos nuestra inteligencia y nuestra imaginación, nuestra iniciativa, nuestra creatividad y nuestra capacidad en manos de la mediocridad.
Nos negamos a cambiar de mentalidad, a pensar por nosotros mismos, a tomar decisiones con responsabilidad y a hacer los esfuerzos y sacrificios que la nueva realidad internacional y nacional nos requiere. Por ejemplo, con lo de la ampliación del Canal, nuevamente nos venden la idea del "Pro Mundi Beneficio", pero con muy pocos beneficios para las grandes mayorías. Con la "nueva" Ley que quieren imponer en la Universidad, nos secuestran la academia y nos colocan de espalda al mundo del conocimiento, de la ciencia, de la cultura, de la investigación, de la superación a la que tenemos derecho.
Los panameños asistimos como espectadores pasivos al matraqueo publicitario previo a la imposición de unas reformas que terminarán por convertir a la Caja de Seguro Social en un Monte de Piedad y aquellas reformas que nos llevarán a un régimen tributario, que lejos de introducir un impuesto proporcional con tasa plana sobre los ingresos continuará beneficiando a los que más tienen. El que aprueba parches constitucionales no hará otra cosa que hacer más parches institucionales, más parches legales. Emparchar para no cambiar, emparchar para pelechar, emparchar para desgobernar.
Los panameños debemos aprender a tener el valor de mirar hacia el futuro, saber dar un verdadero salto hacia las tecnologías más modernas sin someternos o depender de la ayuda extranjera.
Las perspectivas mejorarán en cuanto tomemos las medidas correctas. Aprendamos a cambiar para alcanzar, por fin, la victoria.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América