Perspectivas económicas
Recesión, desaceleración o como se le llame, es un hecho que el país está aquejado por una sensible baja de la actividad económica que está ocasionando despidos y la adopción de medidas de austeridad a nivel empresarial.
¿Las causas? Son muchas, coincidentes. La salida de los americanos, que aun en 1998 aportaban unos B/.250 millones a la economía nacional, es tan sólo una parte. Tres o cuatro años antes, significaban unos B/.500 millones al año. Con todo y eso, no es exacto atribuir a este único factor el fenómeno de la baja.
Otro aspecto adverso, acaso el más serio, es la progresiva caída del mercado de servicios "off shore" o de negocios libres de impuestos, que incluye a la Zona Libre, abanderamiento y sociedades anónimas, bancos y comercio al por menor.
Zona Libre, al margen de la crisis de sus clientes tradicionales, sufre los efectos de la globalización que, al provocar la baja progresiva de los impuestos de importación en todos los países, para colocarlos eventualmente a un mismo nivel, en igualdad de condiciones, deja sin efecto las ventajas de comprar libre de gravámenes en esa área colonense.
La banca igual, con el agravante de que en el extranjero están ofreciendo productos y servicios más variados y más baratos que aquí. La agilidad de la banca electrónica que posibilita que los clientes puedan hacer transacciones desde su casa, obviando los cansados viajes de un país a otro ha acortado las distancias y revolucionado al sector. Los grandes edificios ya no impresionan y no son señal de solidez. Por eso, las cifras revelan que nuestro centro bancario se hace cada vez más local y menos extranjero. La competencia extranjera, operando en pequeñas oficinas, nos saca ventaja.
El todavía lucrativo negocio de abanderamiento y sociedades anónimas tiene sus días contados por causa de la globalización. Los países industrializados están ideando mecanismos de presión para acabar con ese mercado, al que acusan de crear paraísos fiscales de gente que defrauda impuestos y obvia las reglas de sus respectivas naciones de origen. Tales mecanismos acabarán durante esta década con ese tipo de negocios.
El comercio al por menor, que antes atraía un voluminoso turismo de compras, ha menguado, debiendo conformarse con los consumidores locales. Ello se debe también a la baja de los impuestos de importación en todos los países. En esencia, ya no hay mayor diferencia de precios entre uno y otro, con la consiguiente ventaja que presentan las naciones con más barata industria local, que no es nuestro caso.
Los rubros tradicionales de exportación también están de capa caída. El banano está reduciendo fincas y bajando sus exportaciones. El camarón ha sido menguado por las plagas, sobre todo por la "mancha blanca". Y el Canal ya no puede crecer más, tan sólo modernizarse para mantenerse competitivo.
En tal circunstancia, podría ayudar la gestión de un buen gobierno. Pero ese no es nuestro caso. Mas aun así somos optimistas, al menos por esta década. El Fondo Fiduciario, aun manejado mediocremente, como se vislumbra, nos dará un respiro de unos tres o cuatro años. B/.1,300 millones no es mucho, pero somos una nación pequeña.
Cuando el Fondo Fiduciario se agote o su impacto llegue a su tope, nos llegará la obra de ensanche del Canal, que nos colmará por los siete años restantes hasta que se termine paulatinamente. Serán B/. 7,000 millones que nos traerán un efecto similar a la bonanza bélica de la Segunda Guerra Mundial. ¿Y después qué? Falta demasiado para eso.
¿Las causas? Son muchas, coincidentes. La salida de los americanos, que aun en 1998 aportaban unos B/.250 millones a la economía nacional, es tan sólo una parte. Tres o cuatro años antes, significaban unos B/.500 millones al año. Con todo y eso, no es exacto atribuir a este único factor el fenómeno de la baja.
Otro aspecto adverso, acaso el más serio, es la progresiva caída del mercado de servicios "off shore" o de negocios libres de impuestos, que incluye a la Zona Libre, abanderamiento y sociedades anónimas, bancos y comercio al por menor.
Zona Libre, al margen de la crisis de sus clientes tradicionales, sufre los efectos de la globalización que, al provocar la baja progresiva de los impuestos de importación en todos los países, para colocarlos eventualmente a un mismo nivel, en igualdad de condiciones, deja sin efecto las ventajas de comprar libre de gravámenes en esa área colonense.
La banca igual, con el agravante de que en el extranjero están ofreciendo productos y servicios más variados y más baratos que aquí. La agilidad de la banca electrónica que posibilita que los clientes puedan hacer transacciones desde su casa, obviando los cansados viajes de un país a otro ha acortado las distancias y revolucionado al sector. Los grandes edificios ya no impresionan y no son señal de solidez. Por eso, las cifras revelan que nuestro centro bancario se hace cada vez más local y menos extranjero. La competencia extranjera, operando en pequeñas oficinas, nos saca ventaja.
El todavía lucrativo negocio de abanderamiento y sociedades anónimas tiene sus días contados por causa de la globalización. Los países industrializados están ideando mecanismos de presión para acabar con ese mercado, al que acusan de crear paraísos fiscales de gente que defrauda impuestos y obvia las reglas de sus respectivas naciones de origen. Tales mecanismos acabarán durante esta década con ese tipo de negocios.
El comercio al por menor, que antes atraía un voluminoso turismo de compras, ha menguado, debiendo conformarse con los consumidores locales. Ello se debe también a la baja de los impuestos de importación en todos los países. En esencia, ya no hay mayor diferencia de precios entre uno y otro, con la consiguiente ventaja que presentan las naciones con más barata industria local, que no es nuestro caso.
Los rubros tradicionales de exportación también están de capa caída. El banano está reduciendo fincas y bajando sus exportaciones. El camarón ha sido menguado por las plagas, sobre todo por la "mancha blanca". Y el Canal ya no puede crecer más, tan sólo modernizarse para mantenerse competitivo.
En tal circunstancia, podría ayudar la gestión de un buen gobierno. Pero ese no es nuestro caso. Mas aun así somos optimistas, al menos por esta década. El Fondo Fiduciario, aun manejado mediocremente, como se vislumbra, nos dará un respiro de unos tres o cuatro años. B/.1,300 millones no es mucho, pero somos una nación pequeña.
Cuando el Fondo Fiduciario se agote o su impacto llegue a su tope, nos llegará la obra de ensanche del Canal, que nos colmará por los siete años restantes hasta que se termine paulatinamente. Serán B/. 7,000 millones que nos traerán un efecto similar a la bonanza bélica de la Segunda Guerra Mundial. ¿Y después qué? Falta demasiado para eso.