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Perspectivas en Colombia


Mientras sus columnas guerrilleras protagonizan la más violenta ofensiva en el campo militar, coincidiendo con la puesta en marcha del Plan Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hicieron gala de una habilidad diplomática y política, hasta ahora desconocida. Apenas concluida la cumbre de mandatarios sudamericanos en Brasilia, la organización insurgente hizo publicar en el prestigioso diario Folha de Sao Paulo, un documento en el que se lee: "Queremos tranquilizar a nuestros vecinos, el territorio de nuestra lucha es Colombia"...por lo que las FARC "no internacionalizará la lucha popular en países vecinos, porque daría lugar al envío de tropas militares de todos lados para ayudar al gobierno, inclusive, de Estados Unidos".
El martes pasado, en rueda de prensa en Brasilia, el vocero de la organización insurgente en esa ciudad, Oliverio Medina, explicó que aunque ella controla casi un tercio del territorio de Colombia, en realidad tal presencia se da principalmente en la zona central del país y casi nada en zonas limítrofes. Dijo, además, que desde 1993 las FARC diseñaron una "política de fronteras" que excluye la posibilidad de intervenir o refugiarse en países vecinos.
En el frente interno, la organización guerrillera había propuesto al gobierno, el lunes pasado, un cese de fuego bilateral, que implicaría una suspensión por ambas partes, de acciones bélicas ofensivas con miras a incrementar los esfuerzos en las negociaciones. No es difícil advertir puntos de coincidencia con el gobierno y el Plan Colombia, en lo que concierne a la sustitución de cultivos de coca por alimentos. Pero estimamos que estas iniciativas llegan tarde respecto a una espiral bélica que se ha desatado tras la simbólica presencia en el país del presidente norteamericano Bill Clinton. Y si bien es cierto que el Plan Colombia, al menos teóricamente, postula también una salida negociada al conflicto, creemos que tal no tendrá lugar hasta que, tras una ofensiva del ejército de al menos varios meses y acaso dos o tres años, como ocurrió en El Salvador, el gobierno logre equilibrar la balanza militar a su favor o al menos forzar a un empate en el campo de batalla.
Pero en otro escenario, la situación podría complicarse. La experiencia de Viet Nam marca un fallido esfuerzo y gasto inicial de dinero y recursos en armas, helicópteros y entrenamiento del ejército local para enfrentar la guerrilla. Esa fue la fase de "vietnamización de la guerra". Al cabo de unos años, los insurgentes infligieron tal cantidad de pérdidas, que forzó una nueva fase al involucrar directamente a Estados Unidos en el conflicto. La "política de fronteras" de que habla la guerrilla, no es válida para tranquilizar la situación en Darién, habida consideración de la experiencia que hemos tenido en el terreno. Las FARC son el grupo guerrillero mayor y más antiguo, pero no es el único. En los límites con Venezuela y con Panamá, opera el FLN de tendencia guevarista, distinto a las FARC, que son remedo de las antiguas guerrillas históricas liberales de principios del siglo XX evolucionadas hacia un izquierdismo castrista. Ellas se entremezclan con fuerzas paramilitares, bandoleros y guerrilleros por cuenta propia. En ese cuadro, salvo que ocurra un milagro, no vislumbramos una salida negociada inmediata y sí, en cambio, mucho sufrimiento y sangre para los hermanos colombianos, además de la incertidumbre y tensión para las naciones fronterizas, incluyendo a Panamá. La negociación sigue siendo la mejor opción.


101 años de Panamá América

 
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