Perspectivas Políticas
Las reglas del rejuego democrático nos permiten como pueblo determinar los cambios de rumbo y rectificaciones cada cinco años. Y mientras transcurre el tiempo de espera, nos corresponde esperar pacientemente y rogar que cada quien y la mayoría, llegado el momento, vote bien. Buscar atajos y correctivos por vías de hecho, no es admisible, como bien quedó demostrado en Venezuela con el mini golpe de Estado al presidente Chávez.
El próximo es año de campaña electoral y los grandes partidos políticos, el Revolucionario Democrático de oposición y el Arnulfista de gobierno preparan torneos internos a distinto nivel. Igual hace el tercer mayor colectivo, el también oficialista Movimiento Liberal Nacionalista (MOLIRENA) y el más pequeño, opositor, el Popular (ex Demócrata Cristiano).
La mayor expectativa se centra en la elección de sus máximos dirigenes por el MOLIRENA, que tiene como protagonistas en singular duelo, al vicepresidente de la República, Arturo Vallarino y al actual titular del colectivo, Jesús Rosas, quien cuenta a su lado con el apoyo del embajador en Washington y ex vicepresidente de la Nación, Guillermo Ford. El primero aseguraría la continuidad de su alianza con el Arnulfista, mientras el segundo marcaría un giro independiente.
En el plano personal, no hay variantes. Todas las encuestas continúan señalando a tres figuras que monopolizan las simpatías presidenciables siendo éstos, en orden de preferencia, Martín Torrijos del Revolucionario Democrático (PRD); Alberto Vallarino, ex arnulfista, independiente; y Juan Carlos Navarro (PRD). En cuarto lugar habría que dejar un espacio pendiente, para alguna figura arnulfista que no se define, que pudiera ser acaso en el actual canciller, José Miguel Alemán.
Hacer un ejercicio a estas alturas sobre quién podrá ser Presidente de la República puede resultar arriesgado, aunque no ocioso, pues ello puede marcar el rumbo futuro del país en temas trascendentales claves que serán ineludibles para el próximo gobierno, tales como la modernización del Canal (¿tercer juego de esclusas, la ampliación del actual, o a nivel?), la Caja de Seguro Social (¿no hacer nada y dejarla morir por muerte natural, inyectarle todos los recursos nacionales hasta que se agoten y no quede para más nada, o reestructurarla desde sus cimientos?) y el transporte público (¿seguir con la desastrosa corruptela actual o abrirlo a la privatización?).
Por el momento, para bien o para mal, los dos mayores partidos nacionales se perfilan otra vez como los definidores de nuestro futuro hasta el 2009, el PRD y el Arnulfista, con mejor pespectiva para el primero por la natural tendencia del votante hacia la alternabilidad. Una tercera fuerza, no se descarta, con Alberto Vallarino a la cabeza, pero ella no se vislumbra, mientras el calendario aprieta.
No aceptar la existencia de una legislación propia para quienes ejerzan esta profesión con definiciones propias, o aceptar el lesseferismo como lo piden grupúsculos interesados, será igual que someter a la nación panameña al manejo manipulador programado por quienes tienen el control y poder de los medios de comunicación y sus amanuenses, quienes precisamente ante esta aspiración, se han cerrado como bien saben hacerlo, en defensa de sus intereses permanentes -fuerza política, fuerza económica- control social. El poder tras el poder.
La ley del ejercicio del periodismo, reconoce la libertad de pensamiento y de expresión del mismo, contrario a lo que sucederá si no se establece y se continúa dejando al libre criterio de quienes manejan los medios, que actualmente solo lo hacen en forma sesgada y como un favor.
La ley reconocería la objeción de conciencia, tan desconocida por los dueños de medios que, como práctica generalizada, obligan en una u otra forma a sus empleados a no solo ser parte de sus inclinaciones políticas, sino además a limitarse a ejercer un periodismo mediatizado, ya que se les prohíbe entrevistas a fuentes que no les sean gratas y se les asigna como si se tratara de un mandado, buscar declaraciones, reportajes, entrevistas en los de su agrado.
Señor presidente de la Asamblea Legislativa, la ley que debe establecer lo requerido para ser reconocido y autorizado para ejercer la profesión de periodista profesional, tal como se ha hecho con otras -abogados, médicos, ingenieros, visitadores médicos, enfermeras, etc.- aseguraría verdaderamente el derecho a la información de las mayorías y minorías, facilitaría la aplicación de la ley de transparencia, evitando en buena medida corruptelas públicas, tráfico de influencias y enriquecimientos ilícitos; todo lo cual, sin ella, quedaría en manos de los dueños y allegados de los dueños de medios de comunicación de masas, quienes continuarían manipulando, sesgando, tergiversando y uniformando sus acomodaticias verdades, ahora, con apoyo legal.
El próximo es año de campaña electoral y los grandes partidos políticos, el Revolucionario Democrático de oposición y el Arnulfista de gobierno preparan torneos internos a distinto nivel. Igual hace el tercer mayor colectivo, el también oficialista Movimiento Liberal Nacionalista (MOLIRENA) y el más pequeño, opositor, el Popular (ex Demócrata Cristiano).
La mayor expectativa se centra en la elección de sus máximos dirigenes por el MOLIRENA, que tiene como protagonistas en singular duelo, al vicepresidente de la República, Arturo Vallarino y al actual titular del colectivo, Jesús Rosas, quien cuenta a su lado con el apoyo del embajador en Washington y ex vicepresidente de la Nación, Guillermo Ford. El primero aseguraría la continuidad de su alianza con el Arnulfista, mientras el segundo marcaría un giro independiente.
En el plano personal, no hay variantes. Todas las encuestas continúan señalando a tres figuras que monopolizan las simpatías presidenciables siendo éstos, en orden de preferencia, Martín Torrijos del Revolucionario Democrático (PRD); Alberto Vallarino, ex arnulfista, independiente; y Juan Carlos Navarro (PRD). En cuarto lugar habría que dejar un espacio pendiente, para alguna figura arnulfista que no se define, que pudiera ser acaso en el actual canciller, José Miguel Alemán.
Hacer un ejercicio a estas alturas sobre quién podrá ser Presidente de la República puede resultar arriesgado, aunque no ocioso, pues ello puede marcar el rumbo futuro del país en temas trascendentales claves que serán ineludibles para el próximo gobierno, tales como la modernización del Canal (¿tercer juego de esclusas, la ampliación del actual, o a nivel?), la Caja de Seguro Social (¿no hacer nada y dejarla morir por muerte natural, inyectarle todos los recursos nacionales hasta que se agoten y no quede para más nada, o reestructurarla desde sus cimientos?) y el transporte público (¿seguir con la desastrosa corruptela actual o abrirlo a la privatización?).
Por el momento, para bien o para mal, los dos mayores partidos nacionales se perfilan otra vez como los definidores de nuestro futuro hasta el 2009, el PRD y el Arnulfista, con mejor pespectiva para el primero por la natural tendencia del votante hacia la alternabilidad. Una tercera fuerza, no se descarta, con Alberto Vallarino a la cabeza, pero ella no se vislumbra, mientras el calendario aprieta.
No aceptar la existencia de una legislación propia para quienes ejerzan esta profesión con definiciones propias, o aceptar el lesseferismo como lo piden grupúsculos interesados, será igual que someter a la nación panameña al manejo manipulador programado por quienes tienen el control y poder de los medios de comunicación y sus amanuenses, quienes precisamente ante esta aspiración, se han cerrado como bien saben hacerlo, en defensa de sus intereses permanentes -fuerza política, fuerza económica- control social. El poder tras el poder.
La ley del ejercicio del periodismo, reconoce la libertad de pensamiento y de expresión del mismo, contrario a lo que sucederá si no se establece y se continúa dejando al libre criterio de quienes manejan los medios, que actualmente solo lo hacen en forma sesgada y como un favor.
La ley reconocería la objeción de conciencia, tan desconocida por los dueños de medios que, como práctica generalizada, obligan en una u otra forma a sus empleados a no solo ser parte de sus inclinaciones políticas, sino además a limitarse a ejercer un periodismo mediatizado, ya que se les prohíbe entrevistas a fuentes que no les sean gratas y se les asigna como si se tratara de un mandado, buscar declaraciones, reportajes, entrevistas en los de su agrado.
Señor presidente de la Asamblea Legislativa, la ley que debe establecer lo requerido para ser reconocido y autorizado para ejercer la profesión de periodista profesional, tal como se ha hecho con otras -abogados, médicos, ingenieros, visitadores médicos, enfermeras, etc.- aseguraría verdaderamente el derecho a la información de las mayorías y minorías, facilitaría la aplicación de la ley de transparencia, evitando en buena medida corruptelas públicas, tráfico de influencias y enriquecimientos ilícitos; todo lo cual, sin ella, quedaría en manos de los dueños y allegados de los dueños de medios de comunicación de masas, quienes continuarían manipulando, sesgando, tergiversando y uniformando sus acomodaticias verdades, ahora, con apoyo legal.