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Perú: crisis y solución democrática


Cuando el Congreso de Perú rechace probablemente su renuncia con sabor a fuga y le aplique el artículo constitucional que declara vacante el puesto de presidente por el motivo bochornoso de incapacidad moral, Fujimori sólo será una oscura reminiscencia que los peruanos desearán exorcizar lo más rápido posible.
A veces los pueblos deben pasar por períodos traumáticos autoritarios, como la década fujimorista, para recuperar el respeto por la democracia, que es un sistema imperfecto, pero preferible a los otros sistemas, como alguien apuntó. Muchos peruanos no sólo de baja condición económica, sino también encumbrados empresarios, vieron a Fujimori como una especie de redentor al que podría perdonársele sus vejámenes morales con dudosas justificaciones materiales. Aplaudieron el autogolpe de 1992, y sus agrias recriminaciones contra el status político. Luego acuerparon el absolutismo inconstitucional y las lacras prohijadas por el sistema de control y represión de los opositores que pretendió prolongarse por el lapso de 15 años continuos, con firmas falsas, fraudes y compra de legisladores. Montesinos fue el producto natural del régimen autoritario creado por Fujimori en alianza con militares y civiles de su misma catadura moral. Por eso es que al derrumbarse el sistema, sus sostenedores militares y civiles han caído aplastados por sus carcomidas columnas. Todos ellos están ahora bajo un proceso de investigación, que es primordialmente un proceso de naturaleza ética.
Pero rápidamente Perú está reconstruyendo sus instituciones fundamentales. A la cabeza del Poder Ejecutivo temporal está un político reconocido por su ponderación. El Poder Judicial, la Fiscalía de la Nación, el Tribunal Constitucional, el Jurado Nacional de Elecciones, las Fuerzas Armadas, abren las puertas a los funcionarios independientes destituidos y cesan a los incondicionales del régimen fenecido. Los valores morales transgredidos por el fujimorismo restablecen sus fueros en el país, dejando una enseñanza a las generaciones actuales y venideras: la tiranía, como dijo Platón en "La República", es una enfermedad del alma y una dolencia patológica de la envergadura que representó el sistema fujimorista, concluye contaminando y desmembrando a una nación. Lo más plausible que se puede recomendar a los ciudadanos peruanos en esta hora de reconstrucción democrática es que no reincidan en la infección autoritaria.

101 años de Panamá América

 
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