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Perú, OEA y democracia


Fui testigo desde la Cancillería de las primeras incursiones de Alberto Fujimori contra la democracia representativa. El autogolpe del 5 de abril de 1992, clausurando todas las instituciones republicanas, sentó un nefasto precedente que se intentó repetir sin éxito en otros países hermanos. La Administración Endara, acatando el Decreto No.364 de 1990, inspirado en la Doctrina Betancourt, suspendió las relaciones diplomáticas con el sureño país. En 1994, luego de superar obstáculos, me tocó reanudarlas, como paso previo para lograr la reincorporación al Grupo de Río. En ese entonces las razones primarias de la suspensión habían cesado.
El caso de Panamá y el pobre papel jugado por la OEA en la definición de su crisis política a finales de los años 80 fue un antecedente obligado para hacer cambiar de rumbo la dirección que llevaba ese organismo en materia de defensa de la democracia representativa. Los planteamientos expuestos por quienes presentamos en esos tiempos la posición de nuestro país, ayudaron a crear conciencia en el hemisferio de que la democracia, como sistema, es un asunto que nos compete a todos y que su defensa, así como la penalización y el aislamiento de todos aquellos que la amenacen, es el precio que se paga si se infringen los lineamientos dictados en el máximo organismo interamericano.
Por razón de los primeros actos de Fujimori, Panamá fue el único país que actuó en consecuencia apegado a lo que profesaba en el discurso. Eran ya los años finales de Baena Soares en la OEA y el desgaste de su figura se hacía sentir también en el foro. Paralelo al sistema interamericano está otro foro, político e informal, el Grupo de Río, que aglutina hoy a casi la totalidad de los miembros de la OEA. Sus decisiones, marcadas por el consenso, con el implícito derecho a veto que conlleva, es una herramienta fuerte para decidir el rumbo de las cosas. Allí, países de corte tradicional en la diplomacia como México y Brasil sientan opinión y a veces el no tener su consenso impide la toma de decisiones. En la nueva encrucijada que vive Perú y ante el activo papel que juega el buen amigo Eduardo Stein al frente de la misión de observadores, se puede contar con un mecanismo más eficaz para presionar al gobierno peruano si las elecciones resultan fraudulentas o carentes de garantías, contando con el apoyo del Grupo de Río. Panamá, tiene así otra oportunidad de actuar y de distinguirse regionalmente. Creo que el retiro del Candidato Toledo ha sido un error táctico. Su decisión evita que la segunda vuelta electoral sea una arena más de lucha en favor de la democracia peruana.
Me preocupa que no se haga nada enérgico, lo cual es otro escenario. Así como Panamá fue víctima de la mala interpretación de los principios de no intervención y de la libre determinación en abierto desafío al principio de respeto por la soberanía popular, Fujimori puede ser beneficiario de tan amañada interpretación. Actuar en la esfera internacional apegado a los principios, sobretodo cuando se arriesga quedarse solo, no es fácil. No faltará quien vuelva a argumentar que calificar el proceso - como ya advirtió el vocero y ex ministro Tudela - no es tarea de la OEA y que su misión es observar; más aún si se retira Toledo. Esos tecnicismos son una mera excusa para evitar que la comunidad internacional sancione a los infractores de las reglas democráticas.
Perú es hoy una gran interrogante. Pero también lo va a ser después del 28 de mayo Venezuela, en donde ya no hay caretas para ocultar la autocracia. La reciente amenaza en Paraguay es otra clarinada para entender que en nuestra América la posibilidad de rupturas del orden constitucional, en diversas formas, son reales.
Si le sumamos la falta de respuesta a las grandes mayorías que distingue a muchos de nuestros gobiernos, veremos un caldo de cultivo para iniciar un camino que creímos superado.
La OEA tiene en Perú una gran oportunidad. César Gaviria al frente de la Organización es, a mi juicio, motivo de confianza, así como la transparencia y valentía con que ha actuado Eduardo Stein.
Nunca en la historia reciente la Resolución 1080 de la OEA cobra tanta vigencia. El Compromiso de Santiago con la Democracia debe ser parámetro obligado para refrescar sus sanos propósitos y que hoy, ante las amenazas a la democracia en Perú, abonado con las expectativas de Venezuela y los recientes incidentes del Paraguay, deben servir para entender que el sistema corre peligro y que no es aceptable, como pasó con Panamá, que se conjuguen posturas que tiendan a desconocer el gran valor que durante una década ha significado el reforzamiento de la democracia sustentada en el respeto por la voluntad popular. Panamá tiene hoy grandes credenciales para jugar un papel estelar en este escenario. Pagamos un alto precio por la indiferencia y cobardía de América Latina cuando nos dejaron solos frente al dictador. Flaco favor hacemos a su causa si permitimos que se conviertan en letra muerta sus postulados. Los ojos de la comunidad internacional deben situarse sobre Perú para proteger y hacer respetar el derecho de su pueblo de vivir en libertad y en democracia.

101 años de Panamá América

 
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