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Perú: otra vez en la encrucijada


No hay duda de que le corresponde a la sociedad peruana resolver sus problemas internos, ella más que nadie sabrá superar sus diferencias internas. Las intervenciones de actores externos dependerán, como siempre, del desarrollo de los acontecimientos y el impacto de los mismos sobre la opinión internacional.
Como observadores algo lejanos del escenario peruano nos llama la atención la facilidad con que un país y una sociedad pueden superar los límites de tolerancia de sus diferencias políticas internas. El cuadro peruano actual con las debidas salvedades pareciera repetir hechos y situaciones ya conocidas a lo largo de su historia política. Basta recordar algunos episodios.
En 1912, Augusto B. Leguía rompió la institucionalidad peruana después de un periodo constitucional de cuatro años como presidente. Con el consabido respaldo militar las instituciones democráticas fueron violentadas y Leguía continuó gobernando por 11 años con el respaldo de los sectores urbanos y la hostil oposición de los grupos oligárquicos de la costa y de la Sierra hasta ser derrocado por Sánchez Cerro.
En la década de los treinta, el Aprismo se convierte en alternativa política al calor del respaldo de las masas urbanas de Lima, la población de la costa, la sierra mestiza y la modesta clase media urbana. A partir de 1930, Manuel Odría se encargó de constituirse en el factor de equilibrio inclinado a los militares con el decidido respaldo de los sectores oligárquicos que garantizaron la marginación del Aprismo de los espacios de poder.
Pero en 1956, el Aprismo dio un giro político histórico acercándose a la oligarquía financiera y apoyando el gobierno que representa dichas fuerzas. Por esa vía, el Aprismo parecía llegar a la presidencia con Víctor Raúl Haya de la Torre en 1962, quien, como candidato el oficialismo, ganó las elecciones de dicho año, pero con tan mala suerte que los militares revivieron su animadversión contra el Aprismo, cancelaron las elecciones, llamaron a un nuevo torneo y facilitaron el acceso a Fernando Belaunde Terri. Político innovador con retórica modesta y con acceso a los círculos del poder tradicional de Lima.
Los capítulos posteriores que registran la incidencia directa de los militares en la conducción política de la sociedad peruana indican la persistencia de la variable militar. Hasta la llegada de Alan García en representación de un Aprismo algo desnaturalizado, que tenía pocas probabilidades de proyectar la poderosa imagen de los años 30.
La actual coyuntura indica, a nuestro juicio, la presencia de factores de poder que aún descansan en la cúpula militar peruana con capacidad de intervenir en los desenlaces políticos del país, a pesar de los desmentidos de Alberto Fujimori, un tecnócrata populista que de manera inteligente ha sabido mantener durante 10 años un equilibrio de poder con exclusión de la vieja oligarquía conservadora, pero también con exclusión de las masas indígenas de la Sierra, sector que ningún movimiento político, salvo el Aprismo rebelde de los 60, ha podido incorporar de manera eficiente a sus filas y esta es la diferencia que, a nuestro juicio, representa Alejandro Toledo y su movimiento "Perú Posible". Uno de los cierres de campaña más importante de Toledo se realizó en la ciudad de Cuzco, como un expresivo indicador de la importancia de la variable indígena en su proyecto político.
Alberto Fujimori ha cumplido a cabalidad su papel de introducir una nueva perspectiva en el proceso político peruano. Su orientación tecnócrata combinada con una perspectiva social, sin lugar a dudas, ha dado un nuevo giro al quehacer gubernamental, sin embargo no ha sabido reconocer su fatiga política ni ha comprendido la complejidad de la sociedad peruana. Su esquema ha hecho crisis y no ha sabido buscar la salida elegante. De ahí el burdo manejo de las elecciones, como difícil a de ser el manejo de la segunda vuelta.
En algún momento José Carlos Mariátegui señaló que hasta que el Perú resuelva la diferencia entre la costa mestiza y la sierra indígena no se formulará el verdadero proyecto político del país viable. No sabemos cuál es la visión profunda de Toledo al respecto, pero es el que mejor encarna la utopía que rompe los paradigmas que han frenado la integración de los indígenas a la estructurapolítica del Perú.

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