Pesadilla y tormento de la cárcel
En alguna oportunidad, Martin Luther King señalaba que "el amor no se conforma con aliviar al que sufre". Para empezar, nos toca ser el buen samaritano para aquellos que han caído en el camino.
Para Blas Julio ha terminado el tormento de la cárcel y la pesadilla de morir frente al desprecio de aquellos que no tienen ningún respeto por el derecho a la vida que es lo primero.
El Segundo Tribunal de Justicia concedió una medida cautelar al periodista de casa por cárcel, porque se encontraba muy enfermo y podía morir si continuaba sufriendo las inclemencias y horrores de una prisión que, en nuestro país, constituye la negación de la dignidad y el irrespeto a los derechos humanos.
Cuando damos nuestra ayuda y apoyo moral al desvalido en momentos de angustia y desesperación, fortalecemos los principios de solidaridad y de convivencia humana, tan necesarios para logra una vida rica en valores y en sentimientos de justicia social.
Y, precisamente, eso es lo que queríamos ofrecer al periodista Blas Julio para que hoy, con la ayuda de Dios, pueda lograr su salud y fortaleza física y espiritual al lado de sus familiares que han venido sufriendo intensamente este drama.
Aun cuando un poco tarde, las autoridades respectivas han escuchado las voces de protesta que clamaban por esta medida cautelar.
Quizás faltó la permanente lucha de las organizaciones de derechos humanos, de la Defensoría del Pueblo, de Justicia y Paz y de todos aquello que permanentemente están hablando de democracia, libertad y justicia social. Y nos preguntamos, ¿qué estuvieron haciendo durante el calvario de un panameño que necesitaba solidaridad y, más que todo, un poco de misericordia y amor?
No era justo que un humilde hijo del pueblo, a quien no conocemos personalmente, muriera en la cárcel por muy grave que fuera su delito, por desidia gubernamental y falta de respaldo de sus compatriotas.
No era concebible que en pleno siglo XXI encontráramos tratamientos para seres humanos que niegan la libertad y la justicia.
Blas Julio es un humilde hijo del pueblo que se ha dedicado con mucha pasión a defender los intereses de los más necesitados del país; un periodista que anhela mejores días para todos los panameños y un hombre que ha demostrado ser valiente y luchador ante la adversidad.
Dolorosamente fue recluido en una de las cárceles panameñas, que son antesala de la muerte, y era preciso unir esfuerzos y voluntades a fin de conseguir mejores días para este trabajador de la pluma.
Llegamos a tiempo para salvaguardar el derecho a la vida que tiene Blas Julio, a quien observamos a través de la televisión convertido en un mártir de su enfermedad y que estaba necesitando con urgencia el apoyo humanitario que hiciera posible un cambio en sus condiciones de vida.
Llegamos a tiempo para que el gobierno que acaba de instaurarse y todos los panameños de buena voluntad, lograran que la existencia de este periodista no se perdiera en las mazmorras de una cárcel.
La nación consiguió el objetivo de fortalecer el amor a nuestros semejantes, la solidaridad y los principios del bien común.
Nos complace la decisión del Tribunal de Justicia de dar casa por cárcel a Blas Julio, convencidos de que se trata de una noble causa, solidaria y en defensa de los sagrados principios de la convivencia humana.
Para Blas Julio ha terminado el tormento de la cárcel y la pesadilla de morir frente al desprecio de aquellos que no tienen ningún respeto por el derecho a la vida que es lo primero.
El Segundo Tribunal de Justicia concedió una medida cautelar al periodista de casa por cárcel, porque se encontraba muy enfermo y podía morir si continuaba sufriendo las inclemencias y horrores de una prisión que, en nuestro país, constituye la negación de la dignidad y el irrespeto a los derechos humanos.
Cuando damos nuestra ayuda y apoyo moral al desvalido en momentos de angustia y desesperación, fortalecemos los principios de solidaridad y de convivencia humana, tan necesarios para logra una vida rica en valores y en sentimientos de justicia social.
Y, precisamente, eso es lo que queríamos ofrecer al periodista Blas Julio para que hoy, con la ayuda de Dios, pueda lograr su salud y fortaleza física y espiritual al lado de sus familiares que han venido sufriendo intensamente este drama.
Aun cuando un poco tarde, las autoridades respectivas han escuchado las voces de protesta que clamaban por esta medida cautelar.
Quizás faltó la permanente lucha de las organizaciones de derechos humanos, de la Defensoría del Pueblo, de Justicia y Paz y de todos aquello que permanentemente están hablando de democracia, libertad y justicia social. Y nos preguntamos, ¿qué estuvieron haciendo durante el calvario de un panameño que necesitaba solidaridad y, más que todo, un poco de misericordia y amor?
No era justo que un humilde hijo del pueblo, a quien no conocemos personalmente, muriera en la cárcel por muy grave que fuera su delito, por desidia gubernamental y falta de respaldo de sus compatriotas.
No era concebible que en pleno siglo XXI encontráramos tratamientos para seres humanos que niegan la libertad y la justicia.
Blas Julio es un humilde hijo del pueblo que se ha dedicado con mucha pasión a defender los intereses de los más necesitados del país; un periodista que anhela mejores días para todos los panameños y un hombre que ha demostrado ser valiente y luchador ante la adversidad.
Dolorosamente fue recluido en una de las cárceles panameñas, que son antesala de la muerte, y era preciso unir esfuerzos y voluntades a fin de conseguir mejores días para este trabajador de la pluma.
Llegamos a tiempo para salvaguardar el derecho a la vida que tiene Blas Julio, a quien observamos a través de la televisión convertido en un mártir de su enfermedad y que estaba necesitando con urgencia el apoyo humanitario que hiciera posible un cambio en sus condiciones de vida.
Llegamos a tiempo para que el gobierno que acaba de instaurarse y todos los panameños de buena voluntad, lograran que la existencia de este periodista no se perdiera en las mazmorras de una cárcel.
La nación consiguió el objetivo de fortalecer el amor a nuestros semejantes, la solidaridad y los principios del bien común.
Nos complace la decisión del Tribunal de Justicia de dar casa por cárcel a Blas Julio, convencidos de que se trata de una noble causa, solidaria y en defensa de los sagrados principios de la convivencia humana.