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Pesimismo y pérdida de la esperanza


En una encuesta realizada a nivel mundial, Panamá destacó por ser uno de los países con una mayoría de personas que confiesa su pesimismo para el 2008. Los resultados son llamativos porque hace apenas un año sobresalimos por ser uno de los cinco países con mayor porcentaje de gente que se consideraba feliz.

Aunque a primera vista pareciera que estamos ante dos conceptos opuestos, en realidad, si se examina a fondo la cuestión, no hay tal contradicción. La felicidad se ha privatizado en el mundo materialista, individualista y consumista que la prosperidad económica ha llegado a crear en Panamá. Al mismo tiempo, los panameños hemos ido perdiendo la fe en la capacidad del Estado de satisfacer expectativas colectivas que no pueden ser adecuadamente reemplazadas por iniciativas de particulares. Un sistema de transporte eficiente, una atención de salud oportuna, una educación de calidad, una justicia creíble y respetada, son bienes colectivos que hoy parecen más lejanos que nunca. El problema no está en la mala situación reinante, sino en que la ciudadanía parece haber perdido las esperanzas de que este 2008 estos servicios públicos funcionarán mejor, o que, por lo menos, comenzarán a mejorar.

Sería bueno monitorear esta pérdida de la confianza en la vida pública, y cómo nos afecta individual y colectivamente en el 2008, un año pre-electoral, pues la buena salud de las elecciones vive de la creencia de que el bienestar colectivo depende de la suma de las decisiones individuales.

101 años de Panamá América

 
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