Pesos y contrapesos
El mejoramiento de la democracia en Panamá requiere de una institucionalidad confiable, la supremacía de la ley y la vigencia del Estado de derecho. Objetivos sólo posibles mediante el ejercicio de las ideas, las libertades políticas y la pluralidad ideológica. Y quienes tienen que procurar que estos mecanismos democráticos se logren son, principalmente, los políticos panameños, pero son ellos quienes -cada cierto tiempo- saltan con garrocha de un partido a otro, afectando la democracia plural y partidista. ¿Las razones? No resisten la tentación del poder.
La hipertrófica costumbre ocurre cada 5 años. Por estos días estamos presenciando nuevamente cómo altos dirigentes, funcionarios y diputados cambiarán de trincheras, esta vez del MOLIRENA hacia Cambio Democrático, como anteriormente lo hicieron otros. Esos inefectivos traslados lo que hacen es borrar las fronteras ideológicas entre los partidos políticos panameños, si es que alguna vez la tuvieron, pues sucumben a la neutralización manifiesta desde el poder, de las escasas fuerzas partidista que van quedando, incluso entre los sectores de la alianza que actualmente comparte y ejerce el gobierno.
Estamos ante una preocupante pérdida de los niveles que garantizan los pesos y contrapesos debido a estos desplazamientos descarados de los políticos. El funcionamiento democrático sigue oxidado en viejas prácticas que nada han ayudado a enraizar la pluralidad tan necesaria para el debate de los temas nacionales. Los gobiernos suelen olvidar que es muy fácil ejercer el poder sin disenso, en cambio, defender, respetar y proteger al que piensa distinto es el gran reto de los gobernantes realmente democráticos.