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Pierden vigencia sanciones económicas


La Casa Blanca y el Congreso de los Estados Unidos parecen haber decidido que la aplicación de sanciones económicas en contra de países para forzarlos a implementar cambios no representa en muchos casos una manera efectiva de promover su política exterior. De ser este el caso, reflejaría un cambio de gran importancia para el resto de la comunidad internacional.
Tanto el Organo Ejecutivo como Legislativo de dicha nación han evitado la imposición de sanciones en gran parte debido a quejas de organizaciones agrícolas y grupos empresariales, quienes arguyen que en el mundo de la globalización, regulado por la Organización Mundial de Comercio, las sanciones económicas son ineficaces para obligar a los países que cambien su manera de actuar y en gran medida acaban perjudicando los intereses económicos de los Estados Unidos.
Y las recientes actuaciones tanto de la Casa Blanca como de los señores congresistas han confirmado que estos argumentos han sido recibidos con beneplácito. En medio de las sanciones en contra de India y Pakistán a raíz de las pruebas nucleares realizadas por ambos en mayo pasado, el Congreso permitió la exportación de productos de comida para que los agricultores estadounidenses pudieran participar en una licitación para la compra de unos $40 millones en granos. También recientemente, dejaron de imponer sanciones a países asiáticos para permitirles continuar adquiriendo granos de los Estados Unidos y a China para que la industria norteamericana pueda explotar el inmenso mercado de dicha nación.
También debemos recordar la experiencia con la Ley Helms-Burton, por medio de la cual se intentaba reforzar el aislamiento de Cuba, Libia e Irán. Washington tuvo que posponer su aplicación cuando Canadá y los países europeos manifestaron su descontento sobre el alcance de dicha legislación.
Las sanciones han resultado más efectivas únicamente cuando otros países se han sumado a los esfuerzos de los Estados Unidos. Ese fue el caso de las sanciones en contra de Iraq después de la invasión de Kuwait en 1990, las cuales han prevenido que Saddam Hussein continúe sus esfuerzos para convertirse en una potencia, a pesar de que no han impedido que reconstruya sus arsenales de guerra ni tampoco lo han obligado a dimitir.
Pero los actuales gobernantes de los Estados Unidos también reconocen que si no pueden aplicar sanciones económicas, les quedan dos alternativas poco atractivas para el principal policía mundial: la diplomacia tradicional o mantenerse indiferentes y dejar que la situación corra su curso sin intervenir en forma alguna. Pero queda también el uso de la fuerza Ðtal y como fue el caso con Granada y Panamá, el cual siempre tiene un costo más elevado.

101 años de Panamá América

 
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