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Pinocchio de la cosa pública


No sólo al muñeco humano de Gepetto le crecía la nariz cuando mentía. Los políticos no pueden decir mentiras: aunque las repitan mil veces, como le ha pasado a Balbina Herrera, tarde o temprano la verdad resplandece.

Cuando la del corazón citó a los medios de comunicación el día lunes 15 para entregar copia de su "declaración jurada de bienes" ante el Notario Público Octavo -también Presidente del Tribunal de Impugnaciones del PRD-, algo me olió mal. De acuerdo con lo que establece el Artículo 304 de la Constitución y la Ley 59 de 1999, tal declaración debió haber sido hecha en abril, dentro de los diez días hábiles siguientes a su renuncia al cargo. No ahora, en un "show" mediático que ha motivado toda clase de especulaciones sobre lo que "dice tener" y lo que "no ha reportado".

Pedí copia autenticada al notario Benigno Vergara Cárdenas; me la negó, a pesar que tiene la obligación de otorgarla -de allí que sea pública-. Luis Carlos Amado, subcontralor General de la República, declaró el pasado 17, que si bien ellos sabían que esa declaración era tardía, "no hacían cumplir la ley, para que los funcionarios no se molestaran y no se pusieran reacios". Vaya manera de justificar la violación descarada de la ley, recordándole en el camino que Balbina Herrera, al momento de salir del MIVI, dejó de ser funcionaria.

El jueves 18 presenté ante la Fiscalía Segunda Anticorrupción sendas denuncias criminales por incumplir con sus deberes de funcionario tanto a Vergara como a Amado; pedí los separaran de inmediato del cargo. Ya está bueno que la Ley sólo se aplique a los pendejos.

Me las ingenié en conseguir una copia de la famosa declaración de bienes que algunos suman en dos millones, pero que para mí, como documento financiero, no vale un cuartillo.

Toda declaración de ese tipo debe estar respaldada por la firma de un Contador Público Autorizado, así como el estado de salud de cualquier viviente lo tiene que certificar un médico, luego de practicarse varios exámenes. Además de tratar de engañarnos al decir que "ha cumplido con la Ley", puso que acataba lo dispuesto en el Artículo 299 de la Constitución, que desde 2004, lleva otro número: 304. ¿Qué clase de Notario permite un error así?

La candidata de los ricachones de Panamá, ahora se ha convertido en la candidata de las chambonadas. Lo que quiso hacer ver como un acto de transparencia, se le ha convertido en mueca; por eso le está creciendo la nariz. Como dice el adagio popular: "Para comer pescado y decir mentiras, hay que tener muuucho cuidado".

gcochez@cableonda.net

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