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Pinochet: Víctima propiciatoria


Desde octubre del pasado año la justicia inglesa viene zarandeando al exdictador chileno, Augusto Pinochet, a quien mantiene preso. Este llegó al Reino Unido en busca de tratamiento médico. Pero las autoridades británicas no desaprovecharon tan propicia ocasión para arrestarlo y enjuiciarlo pretextando crímenes cometidos durante el gobierno del infausto visitante. El asidero jurídico utilizado por dichas autoridades fue la extravagante solicitud de extradición de Pinochet formulada por un juez de instrucción español.
En teoría lo que las autoridades inglesas llevan cuatro meses de andar elucidando es si ellas tienen competencia para acceder al requerimiento del inefable juez hispano. Y para determinar tan peregrina "competencia" la alternativa que se plantean es aún más insólita, pues consiste en establecer si el antiguo dictador y actual senador chileno goza o no de "inmunidad soberana".
Desde que advino el derecho internacional se ha entendido que la soberanía es una cualidad privativa y exclusiva de los Estados. De ahí que resulte un verdadero rompecabezas eso de "inmunidad soberana" de individuos, por poderosos que sean o hayan sido. Pero lo cierto es que en el fondo a Inglaterra y a otras grandes potencias occidentales muy poco les importa el status de Pinochet ni el carácter de los crímenes que durante su gobierno ocurrieron. Así lo demuestra el hecho de que todas esas potencias mantuvieron excelentes relaciones con Chile durante el régimen representado por dicho general. Por tanto, todos estos tardíos aspivamientos y trasnochados escrúpulos no son más que subterfugios para enervar la soberanía y la independencia jurídica de los Estados del tercer mundo.
Más que irónico, resulta trágico, que en este caso las grandes potencias occidentales hayan utilizado la justicia española para menoscabar la dignidad de un país iberoamericano. Porque en las dos últimas centurias España ha sido reiteradamente escarnecida por esas potencias, especialmente por las anglosajonas. Y aún hoy, en las postrimerías del Siglo XX, España sigue afrontando la humillación de soportar en su suelo patrio la existencia de una colonia extranjera, nada menos que inglesa.
Chile, que ha sido siempre un país celoso de su integridad e independencia, ha presentado enérgicas reclamaciones ante las dos naciones involucradas en el secuestro y juzgamiento de un ciudadano chileno que no ha cometido delito alguno en el territorio de dichas naciones. Les ha reiterado que lo que Chile defiende es su soberanía y no a Pinochet, quien sólo por Chile puede ser juzgado.
En el presente caso, la actitud de Chile es la correcta a tenor de Derecho Internacional vigente. Pero a Inglaterra la apoya la Unión Europea y otras potencias no europeas. En cambio, Chile parece estar sólo en su legítima lucha. Es preciso, por ello, que los países latinoamericanos y todos los del tercer mundo unifiquen la defensa de sus derechos. De lo contrario, gradualmente pasarían a ser víctimas del neocolonialismo.

101 años de Panamá América

 
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