Plan Colombia: ¿Guerra o paz?
Existen dos versiones del Plan Colombia, el que inicialmente propuso el presidente Pastrana, diseñado para el desarrollo social para la paz y el que término siendo uno para la guerra. El proyecto se desglosa en varias dimensiones, entre las más conocidas están: El plan económico, la estrategia antinarcóticos, el financiamiento y el proceso de paz, etc...
El financiamiento de este plan se sostiene sobre un paquete de unos 7 mil millones de dólares, de los cuales Colombia aportará 4 mil millones y el resto corresponderá a la comunidad internacional (UE, Japón, Canadá y Estados Unidos). Dentro de la lógica del financiamiento el pago de ésta, se apoyará en un hipotético "crecimiento" económico, además de los bonos para la paz y de los procesos de privatización. Esto, traducido, significa más endeudamiento, quedando Colombia en tercer lugar como depositario de la ayuda estadounidense después de Egipto e Israel.
Particularmente la ayuda de EE.UU., que ya ha sido divulgada por la prensa internacional, sobre todo por el periodismo alternativo y reproducido por los medios locales, consiste en un desarrollo de casi 1,300 millones, de los cuales mil millones (77%) se asignan al ejército y a la policía, de esta suma el 40% o sea $400 millones son exclusivamente para el apoyo aéreo y el resto para comunicaciones, computadoras, radares, naves de acopio de información, la estructuración de dos batallones adicionales de desplazamiento rápido, equipos electrónicos, visión nocturna.
En cuanto al aspecto económico, amén del ya mencionado endeudamiento externo, se toman medidas consecuentes con los compromisos adquiridos con el F.M.I., desde impuestos (IVA), pasando por la congelación de salarios, despidos en la burocracia, hasta las privatizaciones, sin embargo se obvia lo concerniente a la desigualdad en la distribución y concentración del ingreso, dejando abiertas las causas principales del conflicto en los últimos 40 años.
La propuesta antinarcóticos tiene esencialmente la proyección de amalgamar la lucha antidroga con la lucha contrainsurgente, además de emplear la brutal táctica militar de desfoliación masiva mediante agentes químicos y biológicos.
El proceso de paz, que debiera ser el punto esencial, guarda márgenes ínfimos para sectores, tales como los de Derechos Humanos, desplazados, reforma judicial etc..., evidenciándonos un plan diseñado para la guerra y no para la paz, si comparamos los mil millones para los organismos armados, con los 3 millones para el proceso de paz.
El plan Colombia conducirá al hermano país, a una peligrosa dependencia estratégica, convirtiéndolo en uno de los ejes de la política exterior de EU, lo que de hecho repercutirá en Panamá, al provocar una militarización no deseada y concomitantemente debilitando la naciente democracia que poseemos y la endeble seguridad existente.
Nuestra propuesta seguirá sosteniendo militantemente la neutralidad total. La misma no debe ser sólo una política de este gobierno, ni del próximo, sino una política de Estado y toda actividad de nuestras relaciones exteriores deberán embonar como pieza clave de una estrategia que tenga como pilar la neutralidad, por ello el pueblo panameño y el Gobierno deben trabajar en la formulación de una estrategia definida de neutralidad y en la construcción de la paz en Colombia. El desarrollo de este proyecto haría viable el abandono de la tradicional política exterior pendulante en función de los intereses de EU y un real freno a las pretensiones belicistas del gobierno estadounidense.
Frente a nuestra realidad nacional y regional se perfilan dos jinetes con claridad: el de la guerra y el del hambre; evitemos que el de la peste y la muerte se les unan en el futuro inmediato.
El financiamiento de este plan se sostiene sobre un paquete de unos 7 mil millones de dólares, de los cuales Colombia aportará 4 mil millones y el resto corresponderá a la comunidad internacional (UE, Japón, Canadá y Estados Unidos). Dentro de la lógica del financiamiento el pago de ésta, se apoyará en un hipotético "crecimiento" económico, además de los bonos para la paz y de los procesos de privatización. Esto, traducido, significa más endeudamiento, quedando Colombia en tercer lugar como depositario de la ayuda estadounidense después de Egipto e Israel.
Particularmente la ayuda de EE.UU., que ya ha sido divulgada por la prensa internacional, sobre todo por el periodismo alternativo y reproducido por los medios locales, consiste en un desarrollo de casi 1,300 millones, de los cuales mil millones (77%) se asignan al ejército y a la policía, de esta suma el 40% o sea $400 millones son exclusivamente para el apoyo aéreo y el resto para comunicaciones, computadoras, radares, naves de acopio de información, la estructuración de dos batallones adicionales de desplazamiento rápido, equipos electrónicos, visión nocturna.
En cuanto al aspecto económico, amén del ya mencionado endeudamiento externo, se toman medidas consecuentes con los compromisos adquiridos con el F.M.I., desde impuestos (IVA), pasando por la congelación de salarios, despidos en la burocracia, hasta las privatizaciones, sin embargo se obvia lo concerniente a la desigualdad en la distribución y concentración del ingreso, dejando abiertas las causas principales del conflicto en los últimos 40 años.
La propuesta antinarcóticos tiene esencialmente la proyección de amalgamar la lucha antidroga con la lucha contrainsurgente, además de emplear la brutal táctica militar de desfoliación masiva mediante agentes químicos y biológicos.
El proceso de paz, que debiera ser el punto esencial, guarda márgenes ínfimos para sectores, tales como los de Derechos Humanos, desplazados, reforma judicial etc..., evidenciándonos un plan diseñado para la guerra y no para la paz, si comparamos los mil millones para los organismos armados, con los 3 millones para el proceso de paz.
El plan Colombia conducirá al hermano país, a una peligrosa dependencia estratégica, convirtiéndolo en uno de los ejes de la política exterior de EU, lo que de hecho repercutirá en Panamá, al provocar una militarización no deseada y concomitantemente debilitando la naciente democracia que poseemos y la endeble seguridad existente.
Nuestra propuesta seguirá sosteniendo militantemente la neutralidad total. La misma no debe ser sólo una política de este gobierno, ni del próximo, sino una política de Estado y toda actividad de nuestras relaciones exteriores deberán embonar como pieza clave de una estrategia que tenga como pilar la neutralidad, por ello el pueblo panameño y el Gobierno deben trabajar en la formulación de una estrategia definida de neutralidad y en la construcción de la paz en Colombia. El desarrollo de este proyecto haría viable el abandono de la tradicional política exterior pendulante en función de los intereses de EU y un real freno a las pretensiones belicistas del gobierno estadounidense.
Frente a nuestra realidad nacional y regional se perfilan dos jinetes con claridad: el de la guerra y el del hambre; evitemos que el de la peste y la muerte se les unan en el futuro inmediato.