Plan de Seguridad Integral
Las últimas reflexiones sobre el tema del toque de queda para los menores revela el ambiente de violencia, a nuestro juicio irreversible a corto plazo, en las áreas metropolitanas. Los hechos violentos superan la capacidad de asombro de la población. Esto ha obligado a las autoridades a buscar mecanismos de coordinación para fortalecer el Plan de Seguridad Integral impulsado por el gobierno, y la sociedad en general, a reforzar la autoridad paterna-materna en los hogares, sin perder de vista que en la mayoría de los casos carecen del referencial paterno.
La ausencia del padre ha demostrado ser un factor mucho más decisivo que la pobreza o la marginación social en la contribución de la delincuencia juvenil, según demuestran distintas investigaciones y estudios psicológicos y sociológicos. La ausencia del padre, en la inmensa mayoría de los casos, tiene repercusiones negativas en los procesos de ajuste adaptativo de los niños al entorno. Esta tendencia hacia la negatividad se agrava debido a la apologética de la violencia, la superficialidad, los antivalores y la vulgaridad proyectada a través de los medios de comunicación y entretenimiento masivos.
La pobreza, la falta de oportunidades, pero sobre todo los códigos de la marginalidad validados moral y socialmente por los referentes de la educación formal e informal sustentan, sin duda alguna, los modelos de vida violentos y contestatarios. La delincuencia, como opción de vida, cuyo origen se vincula a los modos de convivencia establecidos históricamente, nos conducirá irremediablemente a escenarios de incertidumbre y de violencia cada vez más extremos. A las familias con recursos, así como las que no lo tienen, para protegerse, no les bastarán las altas murallas, ni las cercas alambradas, ni los vigilantes de seguridad, ni la electrificación de los alrededores de las viviendas, como ya han llegado muchos a construir. Se hará impostergable analizar, con luces largas, el tema familiar en conjunto, no separado de los factores que necesita cada uno de los involucrados y protagonistas para poder cumplir su rol.
Independientemente que se necesitan medidas inmediatas para reducir la violencia, como es el caso del toque de queda, debemos analizar la prevención y tratamiento de la misma dentro de ámbitos más amplios. Por ejemplo, no habrá avance en esta materia si la actividad empresarial no se asume vinculada a la responsabilidad social; si no se toma en cuenta la diversidad de factores que intervienen en la construcción de contextos de crisis como son el alto costo de la vida, la desintegración familiar, la exclusión de grandes segmentos de la población, la deserción escolar, la ausencia de valores y programas de atención a estos problemas. No habrá avances si los ciudadanos en su conjunto no superan la actitud de meros espectadores y decidan tomar, de una vez por todas, control de los acontecimientos y de sus propias vidas.
Ver a la delincuencia como un hecho aislado, como un problema de los demás, sin conciencia de que atañe a todos, es sólo ver el árbol y perder de vista el bosque. La situación se agrava debido al papel protagónico de los medios escritos y televisivos en el afán de sacar ventaja económica a los conflictos y traumas sociales sin interesarse, realmente, por reforzar la educación, la identidad nacional y la civilidad militante.