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Playas para todos


Panamá es un destino turístico de calidad mundial. Nuestras playas son codiciadas por los amantes del mar, pero el acceso no es tan libre como pretende nuestra Constitución Política.
Incluso, en los balnearios más desarrollados sólo los que tienen propiedades frente a las playas pueden acceder a este con facilidad. No importa si su casa de playa costó 50 mil o medio millón de balboas, si no está al pie del océano será una odisea llegar a ella.
Por casi toda nuestra historia republicana, los panameños hemos vivido de espaldas al mar. Como la primera potencia marítima mercante, como país del Canal, como angosta faja de amplias costas en dos océanos, como punto de encuentro de especies marinas, como principal centro portuario de la región, y otras tantas razones, debiéramos fortalecer la relación de los panameños con el mar.
La limpieza de la Bahía de Panamá será, seguramente, un paso importante para reparar ese divorcio entre decenas de miles de panameños y el mar. Pero tan importante como eso, sería que la Autoridad Marítima y el IPAT establecieran un programa de reencuentro entre éstos. Este programa consistiría en la reparación, reconstrucción y construcción de servidumbres de acceso a las playas, de entrenamiento y nombramiento de guardavidas permanentes en nuestros balnearios, de habilitación de parques de estacionamiento y baños públicos en estas áreas, que, como en cualquier país civilizado -incluyendo nuestra muy civilizada terminal de transporte-, requeriría de pago por su uso, para cubrir los costos de construcción, mantenimiento y limpieza. Incluso, sería razonable dar en concesión privada la administración de estas facilidades, siempre y cuando no se use esto para discriminar por razones de nivel económico o cultural.
Otras actividades debieran incluir torneos internacionales de pesca, buceo, surfing y otros deportes acuáticos, campañas de limpieza de costas y playas, campañas de concienciación sobre la protección de nuestros recursos marinos y por supuesto, la promoción de nuestras playas como destino del turismo nacional.
Sin embargo, de nada valdrán estos esfuerzos si no hay donde estacionar los autos cerca de las playas, si las veredas de acceso al mar están cubiertas de escombros o inundadas de aguas malolientes, si no hay dónde guarecerse, cambiarse o hacer necesidades fisiológicas, si no hay la limpieza adecuada para hacer del paseo una experiencia agradable y sobre todo, si por un accidente alguien llegara a perder la vida. Pero como todo eso sería hecho sobre bienes públicos, sólo el Estado puede hacerlo realidad.

101 años de Panamá América

 
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