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Pobre productor


Las políticas económicas y financieras impuestas por los organismos internacionales, han hecho sucumbir las pequeñas y medianas industrias en los países del tercer nivel, al tiempo que han llevado a la quiebra, fraudulenta en algunos casos, a muchos emporios económicos que dominaban, local e internacionalmente, los mercados y las iniciativas de inversión en el mundo entero. La globalización de la pobreza también ha tocado puertas en los países del primer nivel, obligando al cierre de empresas, dejando a millares de trabajadores cesantes y ahuyentando la inversión, al tiempo que recogen como castigo, las plagas modernas que amenazan a la humanidad.
En Panamá, las reglas de la Organización Munidial de Comercio (OMC) han sido determinantes en el aniquilamiento de la producción agroindustrial, con la secuela de desempleo que el cierre de operaciones y la falta de mercado muestran como efecto inmediato del acatamiento de negociaciones imprudentes, y de una falta de decisión de los gobernantes de países pobres en la adopción de regulaciones defensivas de su estabilidad económica. Así, los productores cargan a diario el peso de las limitaciones a que son sometidos.
222 ...las reglas de la OMC han sido determinantes en el aniquilamiento de la producción agroindustrial, con la secuela de desempleo que el cierre de operaciones y la falta de mercado muestran...
Para evitar la competencia, se han impuesto tecnicismos fuera del alcance de quienes labran la tierra, exigen mayores sacrificios financieros, mientras los poderosos ofrecen y justifican los subsidios a sus agricultores y ganaderos, obligando a eliminar esas ayudas en los países tercermundistas. Sumado a lo anterior, en nuestro medio, quienes deciden continuar cosechando alimentos o criando o cebando ganado, deben procurarse un financiamiento que han de pagar con el ciclo de la cosecha si resulta normal. Al momento que llega la zafra, alguien obtiene permiso para importar miles de quintales del producto, con lo que evitan comprar la producción panameña, reducen el precio y la demanda, hasta lograr la rendición del sufrido productor nacional.
Como si fuera poco, la cosecha que logran vender, sea maíz, arroz, carne o cualquier otra especie, deben entregarla para cobrarla a plazo de 90 días, que al cumplirse reciben un cheque post-fechado. Las cadenas de mercados trabajan así, con el dinero del productor, sin pagarle interés, mientras que él debe pagarle al banco puntualmente. Quien compra al crédito, no paga financiamiento, no tiene riesgo alguno, vende la mercancía y paga cuando le da la gana. Nadie protege al productor, quien observa impotente cómo le regatean el precio de su trabajo, para luego venderle su mismo producto al contado, sin derecho a reclamo.
Las importaciones al momento de la cosecha, los bajos salarios que se pagan en otros países, el contrabando tolerado, la inferior calidad de la producción foránea y los bajos costos de producción, son factores que desalientan a los testarudos agricultores y ganaderos nacionales, pero aún así, confían en que algún día cambie el modelo aceptado y radicalizado para exterminarlo.
Es necesario que impidamos la importación de lo que producimos. Si somos auto-suficientes en algunos rubros, no veo la necesidad de permitir que de afuera llegue con inusitada frecuencia, en cantidades no autorizadas, sin el control sanitario exigido, una serie de productos que al ser detectados como residuos de la producción extranjera, se ofrecen como de primera calidad y a precios que castigan lo nacional.
Como cereza en el pastel, los programas de incentivos legales quedan en el pupitre de los técnicos del MIDA. Las leyes de incentivo a la reconversión y para paliar las pérdidas por calamidades, parecen tener dueño y sus beneficios quedan limitados a los que escogen algunos de los funcionarios, a los cuales se les ha acusado de beneficiar incluso, a quienes no han sembrado nada. Si a eso sumamos los conflictos que dividen ahora a la dirigencia, frente a la autoridad responsable de proteger y brindar soporte al productor, debemos aceptar que parecemos masoquistas, sabemos que la rosca siempre se cierra en el mismo lugar, pero insistimos en permanecer insensibles con nosotros mismos. Por ello, ante la multitud de dificultades que se deben vencer, reconocemos que la tenacidad y el estoicismo resaltan como virtudes del pobre productor.

101 años de Panamá América

 
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