Pobreza, educación y salud reproductiva
LOS RESULTADOS del Informe Nacional sobre las Metas del Milenio, además de ser alarmantes, reflejan una estrecha relación entre pobreza, falta de educación y problemas de salud. Los datos sobre la tasa de fecundidad son igualmente elocuentes, al indicar que en las provincias menos pobres, la tasa de fecundidad es en promedio de 2.37, mientras que en Bocas del Toro, Darién y las Comarcas Emberá y Ngöbe Buglé, alcanzan tasas de hasta 5.4., Panamá América
Expertos internacionales han acordado que los Objetivos de Desarrollo del Milenio, particularmente la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, no podrán ser alcanzados hasta que no se aborden decididamente las cuestiones de población y salud reproductiva y afirman que para ello es preciso intensificar los esfuerzos por promover los derechos de la mujer y aumentar las inversiones en educación y salud (Desafíos de Panamá en materia de Población y Desarrollo, UNFPA, agosto 2005). Debo decir que todavía no he encontrado a una sola persona que no reconozca esta realidad.
Entonces, ¿por qué no atendemos estos problemas de manera definitiva? En mi opinión, esto se debe a que distintos actores de la sociedad vemos un "cuco" en cualquiera que tenga una posición distinta con algún pequeño aspecto de este tema. Cuando le hablas a alguna autoridad del gobierno, profesional médico o docente, te dice que es muy difícil hacer algo porque la Iglesia salta en cuanto oye la frase "salud sexual". Por otro lado, cuando le tocas el tema a alguna autoridad religiosa o católico practicante, argumenta que lo que se quiere es relajar los aspectos morales y promover el uso desordenado de anticonceptivos, practicar irresponsablemente la esterilización y permitir abiertamente el aborto.
Y no hay nada más alejado de la realidad. Todo el que tiene conocimiento sobre este tema, sabe que la salud sexual y reproductiva es un asunto de educación y no de anticonceptivos, esterilización, ni de aborto. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tantos y tanta variedad de anticonceptivos a la disposición de la población. Sin embargo, vemos cómo crece el porcentaje de adolescentes embarazadas (19.5%), y las infecciones de transmisión sexual y el HIV cada día cobran más recursos y vidas humanas. Y seguirán en aumento, hasta tanto no ataquemos el problema desde la raíz, es decir con educación.
En Panamá, está permitido practicar la esterilización por salpingectomía a mujeres que hayan cumplido cierta edad y tengan un determinado número de hijos sanos. ¿No cree el lector que si las personas tuvieran más información sobre costos, efectividad y consecuencias de procedimientos como la salpingectomía y la vasectomía, habría cada vez menos parejas que optaran por la primera y más hombres dispuestos a someterse a la segunda?
En cuanto al aborto, no se requiere mucho para darse cuenta que éste es consecuencia de la falta de educación en salud sexual y que dejaría de ser un problema, si todas las personas en edad reproductiva tuvieran la conciencia y los conocimientos necesarios para practicar la planificación y una sexualidad responsable. Mi sentido común me indica que quienes se oponen al aborto ante cualquier circunstancia, deberían ser los más interesados en promover la educación en salud reproductiva.
Soy una convencida de que son muchos más los aspectos relacionados con el tema de la salud reproductiva en los que todos estamos de acuerdo, que aquellos en los que estamos en desacuerdo. Creo, también, que aunque las leyes no son la solución a los problemas, sí son instrumentos necesarios para facilitar la ejecución del Plan Nacional de Salud Sexual y Reproductiva y de todas las políticas públicas dirigidas a lograr mejores niveles de salud de la población, como parte de las estrategias para alcanzar las Metas del Milenio. ¿Acaso atender el problema de la pobreza no es un alto interés de gobernantes y organizaciones religiosas?
Una ley integral de salud sexual y reproductiva debe incluir, como elemento fundamental, la educación obligatoria desde muy temprana edad, dirigida a estudiantes, docentes y padres de familia, y encaminada a promover la práctica de una sexualidad más humana y responsable. ¿Quién puede oponerse a esto? De igual manera, la ley debe procurar la optimización de los servicios de salud, creando mecanismos de capacitación y coordinación entre los profesionales de la salud de los centros particulares y oficiales, así como la adecuación de clínicas y hospitales para que se constituyan en agentes activos en la promoción de la información necesaria y oportuna y puedan ofrecer, de manera efectiva y eficiente, los servicios de prevención y tratamiento de embarazos y enfermedades. ¿No es esto justo y necesario?
Urge que autoridades gubernamentales, judiciales, organizaciones cívicas, religiosas y privadas se dispongan a trabajar en la creación de aquellos mecanismos e instrumentos que faciliten la efectiva ejecución del Plan Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, como una de las estrategias para contribuir significativamente con la disminución de la pobreza. De seguir postergándolo, estaremos condenados a vivir en una sociedad cada vez más pobre, con personas desnutridas y sin educación, que seguirán teniendo hijos con menos probabilidades de recibir una alimentación ni capacitación que les permita optar por un empleo. En otras palabras, estaremos condenados a desaparecer en medio de la miseria, la ignorancia y el consiguiente aumento de la criminalidad y la violencia.
(*Magíster en Administración de Empresas.)
Expertos internacionales han acordado que los Objetivos de Desarrollo del Milenio, particularmente la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, no podrán ser alcanzados hasta que no se aborden decididamente las cuestiones de población y salud reproductiva y afirman que para ello es preciso intensificar los esfuerzos por promover los derechos de la mujer y aumentar las inversiones en educación y salud (Desafíos de Panamá en materia de Población y Desarrollo, UNFPA, agosto 2005). Debo decir que todavía no he encontrado a una sola persona que no reconozca esta realidad.
Entonces, ¿por qué no atendemos estos problemas de manera definitiva? En mi opinión, esto se debe a que distintos actores de la sociedad vemos un "cuco" en cualquiera que tenga una posición distinta con algún pequeño aspecto de este tema. Cuando le hablas a alguna autoridad del gobierno, profesional médico o docente, te dice que es muy difícil hacer algo porque la Iglesia salta en cuanto oye la frase "salud sexual". Por otro lado, cuando le tocas el tema a alguna autoridad religiosa o católico practicante, argumenta que lo que se quiere es relajar los aspectos morales y promover el uso desordenado de anticonceptivos, practicar irresponsablemente la esterilización y permitir abiertamente el aborto.
Y no hay nada más alejado de la realidad. Todo el que tiene conocimiento sobre este tema, sabe que la salud sexual y reproductiva es un asunto de educación y no de anticonceptivos, esterilización, ni de aborto. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tantos y tanta variedad de anticonceptivos a la disposición de la población. Sin embargo, vemos cómo crece el porcentaje de adolescentes embarazadas (19.5%), y las infecciones de transmisión sexual y el HIV cada día cobran más recursos y vidas humanas. Y seguirán en aumento, hasta tanto no ataquemos el problema desde la raíz, es decir con educación.
En Panamá, está permitido practicar la esterilización por salpingectomía a mujeres que hayan cumplido cierta edad y tengan un determinado número de hijos sanos. ¿No cree el lector que si las personas tuvieran más información sobre costos, efectividad y consecuencias de procedimientos como la salpingectomía y la vasectomía, habría cada vez menos parejas que optaran por la primera y más hombres dispuestos a someterse a la segunda?
En cuanto al aborto, no se requiere mucho para darse cuenta que éste es consecuencia de la falta de educación en salud sexual y que dejaría de ser un problema, si todas las personas en edad reproductiva tuvieran la conciencia y los conocimientos necesarios para practicar la planificación y una sexualidad responsable. Mi sentido común me indica que quienes se oponen al aborto ante cualquier circunstancia, deberían ser los más interesados en promover la educación en salud reproductiva.
Soy una convencida de que son muchos más los aspectos relacionados con el tema de la salud reproductiva en los que todos estamos de acuerdo, que aquellos en los que estamos en desacuerdo. Creo, también, que aunque las leyes no son la solución a los problemas, sí son instrumentos necesarios para facilitar la ejecución del Plan Nacional de Salud Sexual y Reproductiva y de todas las políticas públicas dirigidas a lograr mejores niveles de salud de la población, como parte de las estrategias para alcanzar las Metas del Milenio. ¿Acaso atender el problema de la pobreza no es un alto interés de gobernantes y organizaciones religiosas?
Una ley integral de salud sexual y reproductiva debe incluir, como elemento fundamental, la educación obligatoria desde muy temprana edad, dirigida a estudiantes, docentes y padres de familia, y encaminada a promover la práctica de una sexualidad más humana y responsable. ¿Quién puede oponerse a esto? De igual manera, la ley debe procurar la optimización de los servicios de salud, creando mecanismos de capacitación y coordinación entre los profesionales de la salud de los centros particulares y oficiales, así como la adecuación de clínicas y hospitales para que se constituyan en agentes activos en la promoción de la información necesaria y oportuna y puedan ofrecer, de manera efectiva y eficiente, los servicios de prevención y tratamiento de embarazos y enfermedades. ¿No es esto justo y necesario?
Urge que autoridades gubernamentales, judiciales, organizaciones cívicas, religiosas y privadas se dispongan a trabajar en la creación de aquellos mecanismos e instrumentos que faciliten la efectiva ejecución del Plan Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, como una de las estrategias para contribuir significativamente con la disminución de la pobreza. De seguir postergándolo, estaremos condenados a vivir en una sociedad cada vez más pobre, con personas desnutridas y sin educación, que seguirán teniendo hijos con menos probabilidades de recibir una alimentación ni capacitación que les permita optar por un empleo. En otras palabras, estaremos condenados a desaparecer en medio de la miseria, la ignorancia y el consiguiente aumento de la criminalidad y la violencia.
(*Magíster en Administración de Empresas.)