Pobreza, equidad e inclusión social
Bajo ese marco temático se celebró en la Isla de Margarita, Venezuela, un Foro de Alto Nivel, al que asistí acompañando a la ministra de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia, Rosabel Vergara, los pasados 8, 9 y 10 de octubre. Este encuentro vino a cubrir, por lo menos de manera inicial, una cuenta largamente pendiente en el ámbito americano: La necesidad urgente de acordar e implementar "La Carta Social de las Américas".
La OEA, como he señalado anteriormente, centra sus actividades en tres áreas principales: Democracia, seguridad y desarrollo. En la primera, se dio un paso trascendente con la aprobación en Lima, en el año 2001, de la Carta Democrática. En ella se reafirmó la vocación de los países miembros por convivir en democracia al consagrarla como la única forma de gobierno aceptable. El Estado que dejara de serlo quedaría excluido de la familia interamericana.
Para que la democracia tenga éxito es necesario: por un lado, estabilidad política interna que garantice la seguridad humana; por el otro, seguridad económica que depende del desarrollo sostenible y la distribución equitativa de la riqueza. En cuanto a la seguridad, la OEA ha hecho avances sustantivos. Y la próxima Conferencia Especial que se reunirá en la Ciudad de México del 27 al 28 de octubre seguirá concretando la agenda hemisférica en ese ámbito. Allí se tratará de abordar el diseño de una nueva arquitectura de seguridad para el continente que supere los conceptos tradicionales militares heredados de la "guerra fría" y contemple las nuevas amenazas tanto a la seguridad colectiva como la particular de cada país.
Donde la agenda hemisférica muestra sus mayores debilidades es en la lucha contra el atraso económico y social que, mirado con objetividad, es tal vez la mayor amenaza para la estabilidad de nuestras democracias. Se ha dicho muchas veces, pero habrá que seguir repitiéndolo, hasta que se tome conciencia de su gravedad, que nuestros pueblos cada día tienen menos esperanza en que las democracias les resolverán sus problemas y que, por tanto, el riesgo de que vuelvan los populismos demagógicos crece en la misma proporción en que aumenta la desesperanza.
La pobreza en América no disminuye sino que aumenta y esa tendencia tiene que revertirse mediante los esfuerzos nacionales, pero también mediante el esfuerzo colectivo. Las naciones ricas tienen que ayudar más a las pobres. Esa ayuda puede llegar por varias vías: Dándole mayores oportunidades a nuestras exportaciones, con nuevos financiamientos más favorables y accesibles o mediante la reducción de los pesados servicios de la deuda que nos restan recursos que deberíamos invertir en programas sociales, por ejemplo.
La reciente reunión de Cancún demostró que los países ricos todavía son resistentes a abrirnos sus mercados y convencerlos todavía tomará mucho tiempo. La posibilidad de nuevos y más cómodos financiamientos tampoco se concreta con la urgencia que se requiere. Tal vez la más inmediata, y también efectiva, es la reducción de la deuda que se sigue negociando individualmente y sólo cuando los países están acorralados o a punto de explotar.
Los dramáticos informes que se recibieron en Isla Margarita demuestran que debemos actuar rápidamente y a marchas forzadas. Varios países hicieron presentaciones de experiencias exitosas. Particularmente llamaron la atención los programas que ejecutan Chile y México. La chilena es quizá, hasta ahora la experiencia más exitosa del continente pero también la más difícil de imitar por los recursos que ha demandado y de los que no disponen países como el nuestro. Sin embargo, la ministra Vergara, en una magnífica presentación oral y escrita, acompañada de gráficas, que fue distribuida a todas las delegaciones, dejó constancia de los avances que hemos logrado. La realidad panameña no es para considerarnos satisfechos, pero también es claro que el gobierno de la presidenta Moscoso ha hecho y sigue haciendo importantes esfuerzos para luchar contra la pobreza y así pudo proyectarse en la reunión de Margarita.
Panamá, por intermedio de su Misión Permanente en la OEA ha sido uno de los países líderes para dar relevancia a la agenda social en el hemisferio. La propuesta original para que adoptemos una "Carta Social" que complemente la Carta Democrática fue presentada por Panamá en el año 2001.
La reunión de Margarita será seguida por otra de la Comisión Interamericana de Desarrollo Social, que podría celebrarse en Panamá, por los meses de febrero o marzo del próximo año. La ministra Vergara, que fue distinguida con una de las relatorías de la reunión, adelantó nuestro interés en ese sentido y ya se realizan las consultas para hacerla realidad. Por la importancia del evento, al que asistirían ministros y autoridades del más alto nivel y por su temática, hospedar esa reunión sería muy positivo para Panamá. Y esperamos tener éxito.
La OEA, como he señalado anteriormente, centra sus actividades en tres áreas principales: Democracia, seguridad y desarrollo. En la primera, se dio un paso trascendente con la aprobación en Lima, en el año 2001, de la Carta Democrática. En ella se reafirmó la vocación de los países miembros por convivir en democracia al consagrarla como la única forma de gobierno aceptable. El Estado que dejara de serlo quedaría excluido de la familia interamericana.
Para que la democracia tenga éxito es necesario: por un lado, estabilidad política interna que garantice la seguridad humana; por el otro, seguridad económica que depende del desarrollo sostenible y la distribución equitativa de la riqueza. En cuanto a la seguridad, la OEA ha hecho avances sustantivos. Y la próxima Conferencia Especial que se reunirá en la Ciudad de México del 27 al 28 de octubre seguirá concretando la agenda hemisférica en ese ámbito. Allí se tratará de abordar el diseño de una nueva arquitectura de seguridad para el continente que supere los conceptos tradicionales militares heredados de la "guerra fría" y contemple las nuevas amenazas tanto a la seguridad colectiva como la particular de cada país.
Donde la agenda hemisférica muestra sus mayores debilidades es en la lucha contra el atraso económico y social que, mirado con objetividad, es tal vez la mayor amenaza para la estabilidad de nuestras democracias. Se ha dicho muchas veces, pero habrá que seguir repitiéndolo, hasta que se tome conciencia de su gravedad, que nuestros pueblos cada día tienen menos esperanza en que las democracias les resolverán sus problemas y que, por tanto, el riesgo de que vuelvan los populismos demagógicos crece en la misma proporción en que aumenta la desesperanza.
La pobreza en América no disminuye sino que aumenta y esa tendencia tiene que revertirse mediante los esfuerzos nacionales, pero también mediante el esfuerzo colectivo. Las naciones ricas tienen que ayudar más a las pobres. Esa ayuda puede llegar por varias vías: Dándole mayores oportunidades a nuestras exportaciones, con nuevos financiamientos más favorables y accesibles o mediante la reducción de los pesados servicios de la deuda que nos restan recursos que deberíamos invertir en programas sociales, por ejemplo.
La reciente reunión de Cancún demostró que los países ricos todavía son resistentes a abrirnos sus mercados y convencerlos todavía tomará mucho tiempo. La posibilidad de nuevos y más cómodos financiamientos tampoco se concreta con la urgencia que se requiere. Tal vez la más inmediata, y también efectiva, es la reducción de la deuda que se sigue negociando individualmente y sólo cuando los países están acorralados o a punto de explotar.
Los dramáticos informes que se recibieron en Isla Margarita demuestran que debemos actuar rápidamente y a marchas forzadas. Varios países hicieron presentaciones de experiencias exitosas. Particularmente llamaron la atención los programas que ejecutan Chile y México. La chilena es quizá, hasta ahora la experiencia más exitosa del continente pero también la más difícil de imitar por los recursos que ha demandado y de los que no disponen países como el nuestro. Sin embargo, la ministra Vergara, en una magnífica presentación oral y escrita, acompañada de gráficas, que fue distribuida a todas las delegaciones, dejó constancia de los avances que hemos logrado. La realidad panameña no es para considerarnos satisfechos, pero también es claro que el gobierno de la presidenta Moscoso ha hecho y sigue haciendo importantes esfuerzos para luchar contra la pobreza y así pudo proyectarse en la reunión de Margarita.
Panamá, por intermedio de su Misión Permanente en la OEA ha sido uno de los países líderes para dar relevancia a la agenda social en el hemisferio. La propuesta original para que adoptemos una "Carta Social" que complemente la Carta Democrática fue presentada por Panamá en el año 2001.
La reunión de Margarita será seguida por otra de la Comisión Interamericana de Desarrollo Social, que podría celebrarse en Panamá, por los meses de febrero o marzo del próximo año. La ministra Vergara, que fue distinguida con una de las relatorías de la reunión, adelantó nuestro interés en ese sentido y ya se realizan las consultas para hacerla realidad. Por la importancia del evento, al que asistirían ministros y autoridades del más alto nivel y por su temática, hospedar esa reunión sería muy positivo para Panamá. Y esperamos tener éxito.