Pobreza evangélica vs. Carencia de bienes
La pobreza cristiana supone siempre poseer algún bien, o su posibilidad de la que nos desprendemos generosamente en servicio de los hermanos. El prototipo es Cristo, quien teniendo la riqueza suprema, se despojó de ella en bien de sus hermanos pobres.Todo cristiano ha de vivir la pobreza en la abertura de su corazón y de sus bienes a los demás. Ha de ser rico, sino en bienes, en ilusión, en esperanza, en alegría, en amor. Y esos dones ha de saberlos comunicar, sin egoísmos cerrados y avaros. Así, el que más tiene más puede dar y ser más comunicativo y creador de riqueza en sus hermanos.
Aun cuando vemos que esta pobreza evangélica no se reduce a la carencia de bienes o dinero, su relación a ella es estrecha. El que tiene el corazón abierto a los demás y no cautivo del dinero, nunca llegará ser de los ricos. Dadas las condiciones y estructuras sociales, la gran riqueza suele ser el futuro de la opresión de los pobres y el apego de lo terreno. El desprendimiento, cuando es sincero y fraternal, conduce a un don, a una entrega que no facilita en manera alguna la acumulación de riquezas, en un medio de competencias brutales y egoístas. Y es aquí donde surge el escándalo del evangelio, ante un mundo que identifica el progreso con la abundancia de riqueza y la felicidad con la posesión de bienes. Ya decía Pablo que los primeros cristianos ni eran ricos ni sabios. Dios había escogido lo despreciable ante los hombres, para hacerlo objeto de su predilección (1 Cor. 1, 20-31).
Sin duda, el tono del escrito pareciera una prédica teórica y abstracta y la pobreza de la que estamos hablando es muy concreta. La pobreza del evangelio no tiene buena publicidad. Más aún, he escuchado a personas cristianas que culpan a la Iglesia por querer tener pobres y más pobres aludiendo a la posición del Magisterio eclesiástico respecto de la contraconcepción. Aun cuando los países más poblados del mundo (China, India, Indonesia) ni son cristianos, ni les dice nada el magisterio eclesiástico.
Ante el reto de la realidad de la pobreza en nuestro medio, opinan personas que dicen que quieren el poder para combatirla con éxito. Veamos sus propuestas.
Un arma efectiva en la lucha contra la pobreza es un gasto público bien administrado y enfocado. El gasto público es usado como herramienta política. Luego hay que dirigirlo hacia la inversión social e infra estructura.
Un plan agresivo de generación de empleos que cree confianza entre los inversionistas locales y extranjeros en Panamá, por tanto reduciendo los índices de pobreza en el país. El gobierno no tiene capacidad para nombrar más funcionarios. La generación de empleos sólo ocurrirá a través de la empresa privada o la inversión local y extranjera. Así con la confianza de los inversionistas se crearán cientos de miles de empleos.
Otra opinión considera que la falta de empleo y de seguridad son causa y efecto de la pobreza material, insoportable e imperdonable que golpea a la mitad de nuestros compatriotas.
La pobreza espiritual es el caldo de cultivo que nutre la corrupción que nos asfixia. El desempleo, inseguridad y corrupción son tres jinetes del Apocalipsis panameño que han de combatir con todas las fuerzas. No se ve -dicen- otra forma para poder atraer una inversión privada que brinde trabajo decoroso a la gente, si a cada paso de sobra un precio escondido y vergonzoso. La corrupción provoca el subdesarrollo de los pueblos, trae la pobreza y la pérdida de los valores morales que debe tener toda sociedad que construye el futuro para las próximas generaciones.
Por otra parte, según otros, ningún programa económico tiene posibilidades de éxito sin una adecuada política social que vaya dirigida a resolver los graves problemas de la pobreza y la pobreza extrema. Por tanto, hay que prestarle atención a propiciar una distribución de la riqueza que sea más justa. Disminuyendo el desempleo a razón del 1.5% por año, durante la administración. La modernización del Canal de Panamá, la agroexportación, el turismo, el desarrollo del centro multimodal del transporte, las telecomunicaciones y el desarrollo masivo de la micro y pequeña empresa.
Otra consideración para hacer un país decente y con menos pobres se haría con las ganancias del Canal. Asimismo, con un cambio en la educación. Mientras no se renueve la educación no sólo dando la oportunidad a todos de ingresar en el sistema, sino también procurando que la calidad de retorno sea funcional, si no, poco se podrá avanzar en materia de pobreza. Buenas intenciones que ojalá pasen al terreno de la práctica más allá del 2 de mayo.
El fiscal electoral, Gerardo Solís, también es poligrafista y en un texto de su autoría indica que en Panamá no existe ninguna norma legal que prohiba su ejercicio.
Explica en el texto "El polígrafo en Panamá" que existen otras normas de carácter constitucional que ponen un freno a la manera en que se debe usar, las que no son incompatibles con el correcto uso que de él exigen las normas aprobadas por la American Polygraph Association.
El artículo 22 de la Constitución Política exige la presunción de inocencia de toda persona acusada de haber cometido un delito. Esta disposición, que tiene el más alto rango en la jerarquía de las normas de convivencia en la sociedad, requiere del examinador que administra un examen poligráfico, una conducta totalmente objetiva e imparcial durante el ejercicio de la misma.
No debe ser acusatorio ni inclinarse siquiera, a sugerir que la prueba tiene como único o principal objetivo detectar decepción, cuya misión es verificar la veracidad o detectar decepción de las declaraciones del sujeto examinado, explica Solís.
"La prueba pericial poligráfica puede ser escuchada por el juez para que éste conozca, aprecie o evalué algún dato o hecho de influencia en el proceso que tenga carácter científico, técnico o práctico y que no pertenezca a la experiencia común, ni a la formación específica exigida al juez", cita el artículo 953 del Código Judicial.
Para conocer cómo se sienten las personas sometidas a la prueba del polígrafo, nosotros mismos estuvimos dispuestos a defendernos de preguntas sobre la infidelidad.
Con sólo la colocación de los aparatos que van adaptados al instrumento computarizado, la sensación fue extraña y se comenzó a acelerar nuestro corazón.
Se conectó un aparato para medir la presión en el brazo derecho, se amarraron cables en los dedos de las manos y otros rodeaban nuestro pecho.
La mirada tenía que ser directa a una pared, sin mover las manos, las piernas y los pies. En una silla parecida a la eléctrica, las manos comenzaron a sudar y después de unos minutos nuestra reacción fue de incomodidad.
Al sentirme algo presionada con tantos cables, respiré profundamente. El examinador nos comentó que era signo de nerviosismo. Lo que no sabía el inspector Romer es que tenía una ansiedad terrible.
Aunque el resultado no se pudo concretar, demostró que el estar expuesto a este instrumento por más de media hora, causa nerviosismo. Al final, si es verdad o mentira...el instrumento y el examinador tienen la última palabra.
Aun cuando vemos que esta pobreza evangélica no se reduce a la carencia de bienes o dinero, su relación a ella es estrecha. El que tiene el corazón abierto a los demás y no cautivo del dinero, nunca llegará ser de los ricos. Dadas las condiciones y estructuras sociales, la gran riqueza suele ser el futuro de la opresión de los pobres y el apego de lo terreno. El desprendimiento, cuando es sincero y fraternal, conduce a un don, a una entrega que no facilita en manera alguna la acumulación de riquezas, en un medio de competencias brutales y egoístas. Y es aquí donde surge el escándalo del evangelio, ante un mundo que identifica el progreso con la abundancia de riqueza y la felicidad con la posesión de bienes. Ya decía Pablo que los primeros cristianos ni eran ricos ni sabios. Dios había escogido lo despreciable ante los hombres, para hacerlo objeto de su predilección (1 Cor. 1, 20-31).
Sin duda, el tono del escrito pareciera una prédica teórica y abstracta y la pobreza de la que estamos hablando es muy concreta. La pobreza del evangelio no tiene buena publicidad. Más aún, he escuchado a personas cristianas que culpan a la Iglesia por querer tener pobres y más pobres aludiendo a la posición del Magisterio eclesiástico respecto de la contraconcepción. Aun cuando los países más poblados del mundo (China, India, Indonesia) ni son cristianos, ni les dice nada el magisterio eclesiástico.
Ante el reto de la realidad de la pobreza en nuestro medio, opinan personas que dicen que quieren el poder para combatirla con éxito. Veamos sus propuestas.
Un arma efectiva en la lucha contra la pobreza es un gasto público bien administrado y enfocado. El gasto público es usado como herramienta política. Luego hay que dirigirlo hacia la inversión social e infra estructura.
Un plan agresivo de generación de empleos que cree confianza entre los inversionistas locales y extranjeros en Panamá, por tanto reduciendo los índices de pobreza en el país. El gobierno no tiene capacidad para nombrar más funcionarios. La generación de empleos sólo ocurrirá a través de la empresa privada o la inversión local y extranjera. Así con la confianza de los inversionistas se crearán cientos de miles de empleos.
Otra opinión considera que la falta de empleo y de seguridad son causa y efecto de la pobreza material, insoportable e imperdonable que golpea a la mitad de nuestros compatriotas.
La pobreza espiritual es el caldo de cultivo que nutre la corrupción que nos asfixia. El desempleo, inseguridad y corrupción son tres jinetes del Apocalipsis panameño que han de combatir con todas las fuerzas. No se ve -dicen- otra forma para poder atraer una inversión privada que brinde trabajo decoroso a la gente, si a cada paso de sobra un precio escondido y vergonzoso. La corrupción provoca el subdesarrollo de los pueblos, trae la pobreza y la pérdida de los valores morales que debe tener toda sociedad que construye el futuro para las próximas generaciones.
Por otra parte, según otros, ningún programa económico tiene posibilidades de éxito sin una adecuada política social que vaya dirigida a resolver los graves problemas de la pobreza y la pobreza extrema. Por tanto, hay que prestarle atención a propiciar una distribución de la riqueza que sea más justa. Disminuyendo el desempleo a razón del 1.5% por año, durante la administración. La modernización del Canal de Panamá, la agroexportación, el turismo, el desarrollo del centro multimodal del transporte, las telecomunicaciones y el desarrollo masivo de la micro y pequeña empresa.
Otra consideración para hacer un país decente y con menos pobres se haría con las ganancias del Canal. Asimismo, con un cambio en la educación. Mientras no se renueve la educación no sólo dando la oportunidad a todos de ingresar en el sistema, sino también procurando que la calidad de retorno sea funcional, si no, poco se podrá avanzar en materia de pobreza. Buenas intenciones que ojalá pasen al terreno de la práctica más allá del 2 de mayo.
El fiscal electoral, Gerardo Solís, también es poligrafista y en un texto de su autoría indica que en Panamá no existe ninguna norma legal que prohiba su ejercicio.
Explica en el texto "El polígrafo en Panamá" que existen otras normas de carácter constitucional que ponen un freno a la manera en que se debe usar, las que no son incompatibles con el correcto uso que de él exigen las normas aprobadas por la American Polygraph Association.
El artículo 22 de la Constitución Política exige la presunción de inocencia de toda persona acusada de haber cometido un delito. Esta disposición, que tiene el más alto rango en la jerarquía de las normas de convivencia en la sociedad, requiere del examinador que administra un examen poligráfico, una conducta totalmente objetiva e imparcial durante el ejercicio de la misma.
No debe ser acusatorio ni inclinarse siquiera, a sugerir que la prueba tiene como único o principal objetivo detectar decepción, cuya misión es verificar la veracidad o detectar decepción de las declaraciones del sujeto examinado, explica Solís.
"La prueba pericial poligráfica puede ser escuchada por el juez para que éste conozca, aprecie o evalué algún dato o hecho de influencia en el proceso que tenga carácter científico, técnico o práctico y que no pertenezca a la experiencia común, ni a la formación específica exigida al juez", cita el artículo 953 del Código Judicial.
Para conocer cómo se sienten las personas sometidas a la prueba del polígrafo, nosotros mismos estuvimos dispuestos a defendernos de preguntas sobre la infidelidad.
Con sólo la colocación de los aparatos que van adaptados al instrumento computarizado, la sensación fue extraña y se comenzó a acelerar nuestro corazón.
Se conectó un aparato para medir la presión en el brazo derecho, se amarraron cables en los dedos de las manos y otros rodeaban nuestro pecho.
La mirada tenía que ser directa a una pared, sin mover las manos, las piernas y los pies. En una silla parecida a la eléctrica, las manos comenzaron a sudar y después de unos minutos nuestra reacción fue de incomodidad.
Al sentirme algo presionada con tantos cables, respiré profundamente. El examinador nos comentó que era signo de nerviosismo. Lo que no sabía el inspector Romer es que tenía una ansiedad terrible.
Aunque el resultado no se pudo concretar, demostró que el estar expuesto a este instrumento por más de media hora, causa nerviosismo. Al final, si es verdad o mentira...el instrumento y el examinador tienen la última palabra.