Pobreza y extrema pobreza
Pobreza hemos tenido desde toda la vida; pobreza fue una de las causas de nuestra separación de Colombia porque pensábamos que la construcción del Canal traería bienestar económico a los panameños. Pobreza es la que viven muchos panameños que emigran del interior hacia la capital para vivir en poca dignidad y con más pobreza de la que tenían allá. En esa forma nadie puede salir de una pobreza de la cual ha venido huyendo, prácticamente.
Sin embargo, hoy vive nuestro pueblo un mayor estado pobre que el que se vivía antes. La extrema pobreza se ha asentado en nuestra gente, y no sólo en Panamá, sino en el área centroamericana. Hemos visto el problema muy serio que presenta Guatemala con la hambruna que causa muertes, sobre todo en los infantes. Pero, lo que es incomprensible son las declaraciones del Presidente de ese país al decir en forma irresponsable que ya es conocido que el 80% de su gente vive en la pobreza. Esto lo dice con desparpajo como si la situación existente justificara que él, como gobernante, no haga nada por disminuirla y darle algo qué comer a su pueblo.
Lo más grave no es lo que dice el Presidente; lo es el hecho de que no mueva un dedo para mejorar la salud, la educación, la vivienda, el empleo, pero sí lo haga al aumentar el presupuesto de las Fuerzas Armadas. Eso es vergonzoso y doy gracias a Dios que los panameños comprendimos a tiempo la necesidad de acabar con esa estirpe como clase dominante, no como seres humanos.
Nos preguntamos qué hacer para que los indígenas de las montañas, para que los habitantes de muchas provincias nuestras dejen de ser pobres. A veces luchamos contra tradiciones establecidas en ciertas clases. A veces luchamos contra leyes que, más que ayudar, por ejemplo en el trabajo infantil, disminuye las posibilidades de esas familias. Lo cierto es que, cuando se legisla no debe verse sólo la manera de pensar del legislador o legisladora; debe pensarse también en la realidad de ciertas situaciones.
También he escuchado la pugna que se ha presentado entre el presidente de los industriales y los productores agropecuarios. ¿Es que ahora, con todos los problemas que tenemos, se pelearán entre ellos? Son dos sectores generadores de empleos. ¿Podrían ponerse de acuerdo y, entre ambos, continuar invirtiendo y mejorar la situación económica de nuestra gente? Estas luchas estériles e incomprensibles empeoran la pobreza en Panamá. Aquí cabría el dicho: el que tiene cola de paja no se acerca a la candela. Industriales y agropecuarios, comerciantes y microempresas, en fin, todos los productores del país deben marchar unidos para que su inversión sea efectiva en la creación de empleos y coadyuvar con el gobierno a disminuir la pobreza.
Igualmente deben ponerse de acuerdo los empresarios y trabajadores para producir más en vez de estar en continua lucha entre ellos, malgastando esfuerzos que deben utilizar en contra de la pobreza.
Señores, si no marchamos en armonía, con coherencia, unidos y en una vía en vez de caminos divergentes, seguirá aumentando la pobreza y llevaremos al país a la destrucción y a posiciones que no conocíamos, parecidos a otros países hermanos. Ojalá lo logremos y comprendan la importancia de pensar en el mismo rumbo para bien del país. Si bien es cierto que la pobreza sólo la entiende quien la vive, es cierto también que estamos obligados a tratar de resolverla y que cada panameño tenga una vida digna, con acceso a la salud, a educación, vivienda y empleo. Al pobre no le importa qué clase de gobierno tengamos ni quién ostenta el poder. Le importa quién le resuelve su problema y le permite llevar bienestar a su familia. Pensemos, a tiempo, en lo que nos corresponde hacer y llevarlo a cabo antes de que sea demasiado tarde. Debemos comprometernos a ello.
Sin embargo, hoy vive nuestro pueblo un mayor estado pobre que el que se vivía antes. La extrema pobreza se ha asentado en nuestra gente, y no sólo en Panamá, sino en el área centroamericana. Hemos visto el problema muy serio que presenta Guatemala con la hambruna que causa muertes, sobre todo en los infantes. Pero, lo que es incomprensible son las declaraciones del Presidente de ese país al decir en forma irresponsable que ya es conocido que el 80% de su gente vive en la pobreza. Esto lo dice con desparpajo como si la situación existente justificara que él, como gobernante, no haga nada por disminuirla y darle algo qué comer a su pueblo.
Lo más grave no es lo que dice el Presidente; lo es el hecho de que no mueva un dedo para mejorar la salud, la educación, la vivienda, el empleo, pero sí lo haga al aumentar el presupuesto de las Fuerzas Armadas. Eso es vergonzoso y doy gracias a Dios que los panameños comprendimos a tiempo la necesidad de acabar con esa estirpe como clase dominante, no como seres humanos.
Nos preguntamos qué hacer para que los indígenas de las montañas, para que los habitantes de muchas provincias nuestras dejen de ser pobres. A veces luchamos contra tradiciones establecidas en ciertas clases. A veces luchamos contra leyes que, más que ayudar, por ejemplo en el trabajo infantil, disminuye las posibilidades de esas familias. Lo cierto es que, cuando se legisla no debe verse sólo la manera de pensar del legislador o legisladora; debe pensarse también en la realidad de ciertas situaciones.
También he escuchado la pugna que se ha presentado entre el presidente de los industriales y los productores agropecuarios. ¿Es que ahora, con todos los problemas que tenemos, se pelearán entre ellos? Son dos sectores generadores de empleos. ¿Podrían ponerse de acuerdo y, entre ambos, continuar invirtiendo y mejorar la situación económica de nuestra gente? Estas luchas estériles e incomprensibles empeoran la pobreza en Panamá. Aquí cabría el dicho: el que tiene cola de paja no se acerca a la candela. Industriales y agropecuarios, comerciantes y microempresas, en fin, todos los productores del país deben marchar unidos para que su inversión sea efectiva en la creación de empleos y coadyuvar con el gobierno a disminuir la pobreza.
Igualmente deben ponerse de acuerdo los empresarios y trabajadores para producir más en vez de estar en continua lucha entre ellos, malgastando esfuerzos que deben utilizar en contra de la pobreza.
Señores, si no marchamos en armonía, con coherencia, unidos y en una vía en vez de caminos divergentes, seguirá aumentando la pobreza y llevaremos al país a la destrucción y a posiciones que no conocíamos, parecidos a otros países hermanos. Ojalá lo logremos y comprendan la importancia de pensar en el mismo rumbo para bien del país. Si bien es cierto que la pobreza sólo la entiende quien la vive, es cierto también que estamos obligados a tratar de resolverla y que cada panameño tenga una vida digna, con acceso a la salud, a educación, vivienda y empleo. Al pobre no le importa qué clase de gobierno tengamos ni quién ostenta el poder. Le importa quién le resuelve su problema y le permite llevar bienestar a su familia. Pensemos, a tiempo, en lo que nos corresponde hacer y llevarlo a cabo antes de que sea demasiado tarde. Debemos comprometernos a ello.