Pobreza y seguridad en América Latina
En el marco de las Naciones Unidas, el presidente hondureño Ricardo Maduro ha efectuado importantes declaraciones de prensa directamente relacionadas con el acontecer actual latinoamericano.
Ha dicho que el problema de la inseguridad genera incertidumbre y desconfianza en el inversionista, por lo tanto impacta directa y desgraciadamente en los más pobres.
Ha expresado, además, que el terrorismo, el narcotráfico, la delincuencia común y el crimen organizado, deben ser combatidos a igual que la pobreza que agobia a los países en vías de desarrollo.
Estas aseveraciones reflejan la realidad contemporánea y merecen especial análisis. De acuerdo a datos del Banco Mundial, en el área de América Latina y el Caribe, existen 165 millones de pobres, de los cuales el 35% corresponde a menores de quince años de edad, con agudos índices de mortalidad y reducidas oportunidades de educación, debido a que tan vasta población subsiste con menos de dos dólares diarios.
¿Cómo salir de este pozo que cada vez más se profundiza?
Los problemas sociales, que se presentan difíciles y permanentes, podrán ser solucionados únicamente con educación, salud y trabajo, para lo que se vuelve imprescindible la inversión extranjera, dadas las carencias económicas que prevalecen en la región.
Esta inversión, que significa crecimiento, viene cuando existe el acceso a los mercados internacionales y seguridad que representa desarrollo.
La seguridad, como bien ha referido Ricardo Maduro, está amenazada por factores adversos, muy peligrosos y de carácter transnacional, como el narcotráfico y su íntima aliada, la violencia terrorista.
Basta mirar a Colombia para darse cuenta de lo que es capaz de hacer esta siniestra alianza que vulnera la paz, impide el progreso y acecha, con ánimos de expansión, sobre todo a los países centroamericanos y a los andinos, por las facilidades de la geografía y la identidad étnica y de idioma. Por esta causa y al respecto, en América Central, se considera a Panamá, Nicaragua, Honduras, el Salvador y Guatemala, como los más vulnerables y, en América del Sur, a Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia.
Contrariamente a lo que sostienen algunos acólitos de la perversa industria de las drogas y de la violencia, el narcotráfico y la virulencia armada traen solamente miseria, sufrimiento y muerte.
Los narcotraficantes desprecian a los pobres, ya que los catalogan como carnadas de la mafia, en razón de que los utilizan como mulas para el transporte de las prohibidas substancias; frecuentemente esas personas de escasos recursos son capturadas por las autoridades y van a cumplir largas prisiones, mientras que los grandes capos, que fomentan la corrupción, permanecen ocultos y gozando de sus dineros turbios.
La prioridad de la justicia tiene que ser llegar a los máximos jefes del delito para aplicarles todo el rigor de la ley.
El presidente Maduro pidió más apoyo internacional, particularmente a Estados Unidos y a otros países desarrollados, para luchar contra el narcotráfico y sus crímenes conexos; también enfatizó que la ayuda requerida no debe ir exclusivamente al campo financiero sino también al entrenamiento de la Fuerza Pública y a compartir información y experiencia en la lucha antidrogas.
Los planteamientos de este gobernante son sensatos y, por ello, constructivos; estimo que resumen las aspiraciones de los mandatarios latinoamericanos y caribeños que buscan el adelanto y la armonía de sus pueblos, lo que sí se puede conseguir con patriotismo, libertad y democracia, sin que falten las indispensables y edificantes relaciones internacionales. Lo elemental es seguir el ejemplo de las naciones más prósperas y no el de aquellas sumidas en la pobreza y la opresión de tiranos vitalicios.
Ha dicho que el problema de la inseguridad genera incertidumbre y desconfianza en el inversionista, por lo tanto impacta directa y desgraciadamente en los más pobres.
Ha expresado, además, que el terrorismo, el narcotráfico, la delincuencia común y el crimen organizado, deben ser combatidos a igual que la pobreza que agobia a los países en vías de desarrollo.
Estas aseveraciones reflejan la realidad contemporánea y merecen especial análisis. De acuerdo a datos del Banco Mundial, en el área de América Latina y el Caribe, existen 165 millones de pobres, de los cuales el 35% corresponde a menores de quince años de edad, con agudos índices de mortalidad y reducidas oportunidades de educación, debido a que tan vasta población subsiste con menos de dos dólares diarios.
¿Cómo salir de este pozo que cada vez más se profundiza?
Los problemas sociales, que se presentan difíciles y permanentes, podrán ser solucionados únicamente con educación, salud y trabajo, para lo que se vuelve imprescindible la inversión extranjera, dadas las carencias económicas que prevalecen en la región.
Esta inversión, que significa crecimiento, viene cuando existe el acceso a los mercados internacionales y seguridad que representa desarrollo.
La seguridad, como bien ha referido Ricardo Maduro, está amenazada por factores adversos, muy peligrosos y de carácter transnacional, como el narcotráfico y su íntima aliada, la violencia terrorista.
Basta mirar a Colombia para darse cuenta de lo que es capaz de hacer esta siniestra alianza que vulnera la paz, impide el progreso y acecha, con ánimos de expansión, sobre todo a los países centroamericanos y a los andinos, por las facilidades de la geografía y la identidad étnica y de idioma. Por esta causa y al respecto, en América Central, se considera a Panamá, Nicaragua, Honduras, el Salvador y Guatemala, como los más vulnerables y, en América del Sur, a Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia.
Contrariamente a lo que sostienen algunos acólitos de la perversa industria de las drogas y de la violencia, el narcotráfico y la virulencia armada traen solamente miseria, sufrimiento y muerte.
Los narcotraficantes desprecian a los pobres, ya que los catalogan como carnadas de la mafia, en razón de que los utilizan como mulas para el transporte de las prohibidas substancias; frecuentemente esas personas de escasos recursos son capturadas por las autoridades y van a cumplir largas prisiones, mientras que los grandes capos, que fomentan la corrupción, permanecen ocultos y gozando de sus dineros turbios.
La prioridad de la justicia tiene que ser llegar a los máximos jefes del delito para aplicarles todo el rigor de la ley.
El presidente Maduro pidió más apoyo internacional, particularmente a Estados Unidos y a otros países desarrollados, para luchar contra el narcotráfico y sus crímenes conexos; también enfatizó que la ayuda requerida no debe ir exclusivamente al campo financiero sino también al entrenamiento de la Fuerza Pública y a compartir información y experiencia en la lucha antidrogas.
Los planteamientos de este gobernante son sensatos y, por ello, constructivos; estimo que resumen las aspiraciones de los mandatarios latinoamericanos y caribeños que buscan el adelanto y la armonía de sus pueblos, lo que sí se puede conseguir con patriotismo, libertad y democracia, sin que falten las indispensables y edificantes relaciones internacionales. Lo elemental es seguir el ejemplo de las naciones más prósperas y no el de aquellas sumidas en la pobreza y la opresión de tiranos vitalicios.