Pocas diferencias para América Latina
"cambio" en Estados Unidos (EE.UU.) parece inevitable, pues esta vez dos graves problemas parecen confabularse con las aspiraciones electorales de los republicanos: su desastrosa intervención en Irak y el espectacular derrumbe de su estabilidad económica y financiera. En ambos casos, las vitales preocupaciones de los estadounidenses determinarán los resultados de las próximas elecciones. En este marco, para muchos la derrota electoral republicana "está cantada", lo cual no significa que las expectativas que se han creado en torno a Obama puedan llegar a cumplirse. No hay que olvidar que el gobierno de EE.UU., no importa quién gane o pierda las elecciones, siempre conservará ciertos rasgos fundamentales de "continuidad" en política interna y exterior. Y entre sus constantes históricas, la que más se destaca es la energía (petróleo) como una prioridad determinante de su geopolítica estratégica.
Así, en torno al retiro de tropas en Irak y ponerle fin a ese conflicto, los demócratas lo más que podrían aspirar es a actuar con mayor lentitud en ese escenario. Y en cuanto a la crisis económica, podemos prever otra constante geopolítica con sus socios comerciales: mantener las decisiones que está tomando el gobierno de Bush al respecto. En cuanto a lo que nos concierne a los latinoamericanos, los demócratas, atareados como estarán con los asuntos que heredarán de Bush, se ocuparán de manera excepcional de Venezuela por su gran dependencia del petróleo de esta nación, y para los demás la tendencia será cierta invisibilidad en la Casa Blanca, y el riesgo podría ser el consecuente debilitamiento de nuestras relaciones comerciales.