Podemos comprar un reloj, más no el tiempo
......no podemos detener el tiempo, entonces hagamos buen uso de él dándole a cada tiempo su espacio adecuado.
Podemos comprar un reloj, más no el tiempo
Irónicamente el reloj nos marca el tiempo pero por más que queramos, no podemos evitar que avance a pesar de desear que nos espere para tener tiempo y terminar, lo que requiere más tiempo.
El tiempo para Dios no se mide con un reloj, porque es el dueño del mismo, mil años para él es un día que pasó, por eso decimos que su tiempo no es igual a nuestro tiempo.
A medida que avanzamos en años el tiempo nos pesa más, nos hacemos viejos y lentos y Dios sigue igual, nosotros somos limitados, él es eterno, nosotros fuimos creados y con nuestro tiempo de vida marcado, él ha existido siempre.
Por eso tiene un tiempo para cada cosa, nada se mueve sin su parecer o voluntad, nosotros necesitamos o podemos comprar un reloj para andar o regirnos por el tiempo que nos marca y, a veces, ni ese artefacto nos sirve porque si no es de una famosa marca se estropea con cualquier golpecito, pero eso no impide que el tiempo siga corriendo ya que no está en nuestras manos controlarlo.
Ahora bien. Teniendo esto tan claro como agua que cae del cielo, ¿cuál debe ser nuestra actitud?
Considero que aceptar que no somos dueños del tiempo, ni siquiera del que Dios nos concede vivir, porque un día tendremos que dar cuenta de cómo lo hemos administrado porque no era nuestro y debemos ser responsables de hacer buen uso de él tanto cuanto nos ayude a obtener nuestra salvación, que es el negocio más importante que tenemos en esta vida, si somos conscientes de que no podemos detener el tiempo, entonces hagamos buen uso de él dándole a cada tiempo su espacio adecuado.
Con la era tecnológica que vivimos actualmente nos pasamos horas chateando boberías por el celular, ¿no creen que es tiempo perdido?
Reflexionemos sobre ¿cuántas cosas de provecho podríamos haber hecho en ese tiempo?
Visitar, por ejemplo, a un enfermo, conversar de viva voz con ese hermano, tan necesitado de que alguien le dedique unos minutos, escuchando cuál es su problema, cada cual sabe en qué puede emplear con provecho el tiempo que Dios le da.
Discernamos esta realidad, el tiempo no se ha detenido mientras leemos esto, a pesar de tener tal vez un reloj en nuestra muñeca, él sigue marcando las horas sin previo control nuestro porque hemos comprado el reloj que lucimos pero no el tiempo que nos va marcando con su sonsonete, “tic-tac”.
Cada amanecer es un tiempo que Dios nos concede para cumplir el plan que tiene para nosotros, no es para que nos quedemos holgazaneando todo el día sin hacer nada, tenemos unos años limitados de vida, unos veinte, otros cuarenta, algunos ochenta o más, también muy poquitos como los niños, pero suficientes para cumplir la santa voluntad de Dios, que sin merecerlo nos lo regala al darnos el don de la vida.
Por eso tenemos el sagrado deber de emplear el tiempo del cual no somos dueños con suma responsabilidad, como buenos administradores a los que nos pedirán cuenta el día menos pensado cuando el Señor nos mande el recado de que nos presentemos ante él.
Así de sencillo.
Escritora