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Poder perpetuo en el reino de la bauxita


Hoy se celebra en Guinea Conakry unas elecciones presidenciales marcadas por la omnipresente y excéntrica personalidad de su presidente, Lansana Conté. Enfrente, un rival mínimo: Bhaye Borry, profesor de 50 años, diputado desconocido de un insignificante partido. El resto de la oposición se encuentra en la cárcel o en el exilio. Los disidentes que permanecen en el país han llamado al boicot de unas elecciones sin la más mínima garantía. Conté, presidente del país desde 1984, aspira a perpetuar su mandato.
Pequeño y paupérrimo país del Africa Occidental, Guinea Conakry tan sólo ha conocido dos presidentes desde su independencia en 1958. El primero, Sekoú Touré, mantuvo al país bajo un sistema estalinista y paranoico hasta 1984. A su muerte, y después de un golpe de Estado incruento, el general Lansana Conté se hizo con el poder. Hasta hoy. Su carrera responde al prototipo de dictador africano: las promesas iniciales quedan en meras palabras y la ilusión da paso a un presente oscuro. Eso sí, legitimado por unos comicios a todas luces fraudulentos. Conté fue elegido presidente en 1993 después de haber anulado los votos de las regiones partidarias de su rival, Alpha Condé. En 1998, en unos sufragios plagados de irregularidades, Conté fue reelegido y los líderes de la oposición fueron encarcelados.
Las elecciones arrastran una importante sucesión de fraudes, intimidaciones y represión, necesarios para burlar la ley y permitir a Conté aspirar a un tercer mandato. Todo comienza el 11 de noviembre de 2001. Fue entonces cuando un referéndum anula el límite de dos mandatos presidenciales establecido por la Ley Fundamental de 1991. A pesar del boicot de la oposición, según las cifras oficiales, la participación asciende al 87 por ciento de la población y la reforma se aprueba con un 98,6 por ciento de los votos.
La historia se repite en las elecciones legislativas de junio de 2002. En estos comicios, la formación gubernamental, Partido por la Unidad y el Progreso, consigue, en medio de denuncias por fraude, 90 de los 114 escaños de la Asamblea Nacional. Es decir, una representación por encima de los dos tercios necesarios para aprobar las reformas importantes.
Con el terreno legislativo preparado, el presidente Conté, en medio de una campaña ultranacionalista, elimina los últimos resquicios de oposición.
El líder del opositor Unión para el Progreso de Guinea, Jean Marie Doré, fue acusado a finales de noviembre de ultraje a la persona del presidente y, una vez convocadas las elecciones, la mayor parte de la oposición ha preferido salir del país para evitar su encarcelamiento. Además, a finales de noviembre fueron detenidos los principales representantes de la oposición en el seno del ejército. Por último, Conté ha rechazado la subvención extranjera de los comicios con el fin de evitar la presencia de observadores internacionales y garantizar la farsa.
Los años de gobierno de Conté han sido un absoluto desastre. Dirigido por un presidente fascinado por la agricultura, tradicionalista y xenófobo, el país no ha conseguido modernizarse. A mediados de la década del "90, los impulsos modernizadores del ministro de Finanzas Sidya Touré, ahora en la oposición, acabaron con su cese. Acentuada por las sucesivas guerras regionales (Sierra Leona, Costa de Marfil, Liberia), la situación empeora cada año.
Más del 60% de la población se encuentra por debajo del umbral de la pobreza, la esperanza de vida es de 46 años y más del 70% de las mujeres son analfabetas. La renacionalización, en 2000 y 2001, de los recursos energéticos y la expulsión de las empresas extranjeras que los gestionaban han situado las condiciones de suministro de luz y agua potable en índices inferiores a los de 1958. Ante esto, el exilio es la única salida y más de dos millones de guineanos, sobre una población de diez millones, vive en el extranjero.
Estos comicios plantean, sin embargo, otro problema esencial: la evidente desunión y falta de proyecto político viable de la oposición. Tras varios años de disputas internas, los seis principales partidos de la oposición han formado el Frente para la Alternancia Democrática (FRAD). Sin embargo, a pesar de la presencia de líderes históricos como Alpha Condé, J. M Doré y respetados políticos como Sidya Touré, el FRAD se encuentra acorralado entre la persecución policial y judicial del gobierno y sus disensiones internas.
Guinea Conakry camina hacia una situación de inestabilidad grave que bien podría extenderse por una región en continua convulsión. Ausente la comunidad internacional y con la oposición reducida a la nada, el general Conté será elegido de nuevo presidente.
La única salida radica en una presión de la comunidad africana y de la comunidad internacional para evitar la celebración de unos comicios en los que no se den las condiciones necesarias. Francia como antigua potencia colonial y Estados Unidos como principal socio comercial (Guinea Conakry es el primer productor mundial de bauxita, con un 25% de las reservas mundiales) deberían asumir la responsabilidad. No van a hacerlo. Es mejor esperar, como en otras innumerables ocasiones, a que empiece a haber muertos.
* De la Agencia de Información Solidaria.

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