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Poder político, gobernabilidad y democracia


La democracia es un concepto que tiene una dimensión, no solamente política, sino también ético-social. Se vive y se ejerce a diario. En consecuencia, nos parece un contrasentido pensar que ella se agota con el evento electoral para escoger los dignatarios del poder político.
Esta es una concepción chata y reduccionista que relega a la sociedad civil a ser un ente pasivo y sin ninguna beligerancia en la forma o manera con que los elegidos conducen a la administración del Estado, visto desde una perspectiva ampliada. Este no se reduce a los "rganos Ejecutivos, Legislativo y Judicial. En ese sentido, el Estado, desde una perspectiva Altusseriana y Gramsciana, somos todos. En la realidad suele ocurrir que la superestructura estatal tiende a bifurcarse en dos direcciones opuestas: la sociedad civil por un lado y por el otro, el aparato represivo y administrativo. La presencia hegemónica de uno u otro, es lo que determina el carácter democrático o no, de dicho Estado. Estas relaciones de poder tienen como escenario lo que en ciencia política se denomina, El Gobierno.
Aunque parezca una quimera o ilusión, el Estado Moderno (capitalista), que surgió de la decadencia de la molecularizada, fragmentada y estamentaria sociedad feudal, lo hizo sobre la base de representar los intereses generales de la sociedad. El Estado Moderno requiere de esa apariencia para funcionar coherentemente y con racionalidad. Estas últimas se les suministra la norma jurídica y la dimensión política.
Sin embargo, no siempre Estado y gobierno, van agarrados de la mano.
Este último cuando no es capaz de entender que el Estado es una dimensión mucho más macro, en tanto abarcador de intereses, se producen graves desajustes. Se abren entonces las alamedas para formas excepcionales del control político y de mecanismos de retorno para viabilizar la democracia (golpes de Estado, Asambleas Constituyentes, etc.).
Uno de los errores que ha traído consigo el neoliberalismo, es su visión que tienen de la gobernatura. Refieren el consenso y los mecanismos de legitimidad social, a los torneos electorales. En reiteradas ocasiones, se escuchan a los gobernantes que siguen esta ideología, decir, que fueron elegidos para gobernar. En adelante, la sociedad civil y las masas no cuentan. Rodean el ejercicio del poder político de una aureola autoritaria, que genera resentimientos. La democracia, para ellos, es cuestión de conveniencia o coyuntura. Estas maneras de ejercer el poder político a la larga conducen a crisis.
¿Cómo entender en nuestro país el bajo nivel de popularidad que tienen los "rganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial? Obvio, marchan a contrapelo de la sociedad civil, provocando lo que en teoría se denomina un ambiente de pseudo institucionalidad por falta de suficiente legitimidad social. Estas son realidades que pudieran dar lugar a la constitución de nuevos escenarios democráticos y formas de participación política.

101 años de Panamá América

 
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