Poesía eres tú, amigo lector
Con frecuencia, las personas se interrogan para qué sirve la poesía en estos tiempos cibernéticos, y además sostienen que no entienden esa forma antojadiza de cortar abruptamente las palabras, disfrazarlas con imágenes o figuras que no le otorgan claridad del lenguaje, en una época esencialmente pragmática. En el subconsciente de la gente común y corriente, sin embargo se agita un segundo lenguaje, universo subterráneo heredado de la historia y la cultura, cuando repiten: eso no tiene poesía, le hace falta más poesía o ponle un poco más de poesía para que no sea tan simple y tenga encanto.
Anida ese sentimiento, en la memoria milenaria del hombre, el concepto de algo diferente e inclusive necesario, para diferenciar la prosa cotidiana de las cosas con lo verdaderamente trascendente y perdurable. La vida diaria, por lo general, es prosa pura, directa y cada día carece más de magia y de poesía, porque todo Arte, requiere de ocio y de una obstinada dedicación más allá de las pequeñas cosas, que siempre transforman en polvo y circunstancia pasajera, toda coyuntura o situación cotidiana.
Vivimos en la Sociedad del Entretenimiento, en el gran espectáculo: el show, y para este escenario, basta con la bofetada del payaso, la risa detrás de las cámaras y el marketing del solitario frente a un espejo en la sociedad de la imagen.
La naturaleza es el lenguaje poético no escrito y ella es el primer, permanente y gran poeta colectivo. Lo seguirá siendo, siempre y cuando no continuemos asfixiando el planeta y nuestro propio ambiente, con nuestra prosa contaminadora y destructiva de la buena poesía planetaria. El paisaje es gratis y lo podemos ver a diario. No necesitamos gastar para palpar la belleza y sentarla en nuestra rodilla, como propuso el poeta francés Jean Arthur Rimbaud. Otro iluminado, el Conde de Lautréamont, dijo que la poesía debíamos de hacerla colectivamente, porque en el fondo nos pertenece a todos.
De poesía, de un extraordinario poeta, Jorge Teillier, iluminado en el oscuro mediodía de la vida, despiadado de sí mismo como le llamó un colega, conversaremos este 18 de mayo, a las 7 pm, en la sede de la Embajada de Chile, piso 11 de la Torre del Banco de Boston.
Jorge Teillier, chileno, autor de 14 libros, creador de la Escuela Lárica, no fue otra cosa y no quiso ser, ni vivir y morir, más que como poeta. Propuso una poesía del arraigo frente a los cambios vertiginosos de las costumbres esenciales del hombre en la ciudad, que devoraba el pasado y aquellos valores tradicionales en que se ha sustentado la vida.
La poesía es una forma de ser y actuar, dijo e hizo, quien vivió para unir la memoria con el olvido, a pulso, errante y extranjero en la gran ciudad, que terminó por sepultarlo.
Estuvo en Panamá a principio de los 80 como jurado del Premio Miró de Poesía, viajó además a Italia, Cuba, Perú, España, Argentina y algunos de sus poemas fueron traducidos al inglés, francés, italiano, rumano y eslovaco.
La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono y es capaz de cambiar el mundo, porque la actividad poética es revolucionaria por naturaleza, nos recuerda el mexicano Octavio Paz. Ella revela este mundo y crea otro. Pan de los elegidos, alimento maldito, aísla, une, es un ejercicio muscular, una plegaria al vacío, continúa el Premio Nobel mexicano, en un intento, por presentarnos este ejercicio de nada, como dijera el poeta Enrique Lihn.
Oración, letanía, epifanía, presencia, conjuro, magia -todo es poesía según el poeta Octavio Paz- y algo más, regreso a la infancia, nostalgia del paraíso, juego, trabajo, revelación, voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario, pura e impura, sagrada y maldita.
Ya vemos que no es poca cosa la poesía y que encierra en su torre de marfil, madera o piedra, como dice Jorge Teillier, porque cada quien se construye la propia, en la medida de sus esperanzas y aspiraciones.
La poesía se cristaliza como forma de expresión en un poema y cada poema es irrepetible, un acto solitario frente a la hoja en blanco o ante la pantalla de una PC. Cada lector recrea su propio poema, porque ninguna lectura es una PC. Cada lector recrea su propio poema, porque ninguna lectura es igual a otra y cada texto responde a una manera diferente al lector.
El estado poético reside en la lectura que realiza cada lector, y según Octavio Paz, el poema es una posibilidad abierta todos los hombres.
De su lectura, amigo, dependerá la existencia del poema y nadie puede hacerlo por tí mismo. Convéncete que tu formas parte del mundo poético y nadie te llevará de la mano en el oscuro o claro túnel de la existencia, porque tú y nadie más tiene la llave para echarle llave al poema, al igual que al candado, que recomienda Pablo de Rokha.
Aunque no olvidemos la sugerencia de Vicente Huidobro, que el verso sea como una llave y abra mil puertas. La poesía es crear vida en palabras, nos dice por su parte, Nicanor Parra.
La poesía se hace con palabras, y en eso estoy de acuerdo con Gonzalo Rojas, el oscuro y brillante carbón de nuestra poética sureña.
Seguramente usted, mi estimado lector, se estará preguntando, pero ¿qué es poesía? Digámoslo con Becker, sí, Gustavo Adolfo: Poesía, eres tú.
Anida ese sentimiento, en la memoria milenaria del hombre, el concepto de algo diferente e inclusive necesario, para diferenciar la prosa cotidiana de las cosas con lo verdaderamente trascendente y perdurable. La vida diaria, por lo general, es prosa pura, directa y cada día carece más de magia y de poesía, porque todo Arte, requiere de ocio y de una obstinada dedicación más allá de las pequeñas cosas, que siempre transforman en polvo y circunstancia pasajera, toda coyuntura o situación cotidiana.
Vivimos en la Sociedad del Entretenimiento, en el gran espectáculo: el show, y para este escenario, basta con la bofetada del payaso, la risa detrás de las cámaras y el marketing del solitario frente a un espejo en la sociedad de la imagen.
La naturaleza es el lenguaje poético no escrito y ella es el primer, permanente y gran poeta colectivo. Lo seguirá siendo, siempre y cuando no continuemos asfixiando el planeta y nuestro propio ambiente, con nuestra prosa contaminadora y destructiva de la buena poesía planetaria. El paisaje es gratis y lo podemos ver a diario. No necesitamos gastar para palpar la belleza y sentarla en nuestra rodilla, como propuso el poeta francés Jean Arthur Rimbaud. Otro iluminado, el Conde de Lautréamont, dijo que la poesía debíamos de hacerla colectivamente, porque en el fondo nos pertenece a todos.
De poesía, de un extraordinario poeta, Jorge Teillier, iluminado en el oscuro mediodía de la vida, despiadado de sí mismo como le llamó un colega, conversaremos este 18 de mayo, a las 7 pm, en la sede de la Embajada de Chile, piso 11 de la Torre del Banco de Boston.
Jorge Teillier, chileno, autor de 14 libros, creador de la Escuela Lárica, no fue otra cosa y no quiso ser, ni vivir y morir, más que como poeta. Propuso una poesía del arraigo frente a los cambios vertiginosos de las costumbres esenciales del hombre en la ciudad, que devoraba el pasado y aquellos valores tradicionales en que se ha sustentado la vida.
La poesía es una forma de ser y actuar, dijo e hizo, quien vivió para unir la memoria con el olvido, a pulso, errante y extranjero en la gran ciudad, que terminó por sepultarlo.
Estuvo en Panamá a principio de los 80 como jurado del Premio Miró de Poesía, viajó además a Italia, Cuba, Perú, España, Argentina y algunos de sus poemas fueron traducidos al inglés, francés, italiano, rumano y eslovaco.
La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono y es capaz de cambiar el mundo, porque la actividad poética es revolucionaria por naturaleza, nos recuerda el mexicano Octavio Paz. Ella revela este mundo y crea otro. Pan de los elegidos, alimento maldito, aísla, une, es un ejercicio muscular, una plegaria al vacío, continúa el Premio Nobel mexicano, en un intento, por presentarnos este ejercicio de nada, como dijera el poeta Enrique Lihn.
Oración, letanía, epifanía, presencia, conjuro, magia -todo es poesía según el poeta Octavio Paz- y algo más, regreso a la infancia, nostalgia del paraíso, juego, trabajo, revelación, voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario, pura e impura, sagrada y maldita.
Ya vemos que no es poca cosa la poesía y que encierra en su torre de marfil, madera o piedra, como dice Jorge Teillier, porque cada quien se construye la propia, en la medida de sus esperanzas y aspiraciones.
La poesía se cristaliza como forma de expresión en un poema y cada poema es irrepetible, un acto solitario frente a la hoja en blanco o ante la pantalla de una PC. Cada lector recrea su propio poema, porque ninguna lectura es una PC. Cada lector recrea su propio poema, porque ninguna lectura es igual a otra y cada texto responde a una manera diferente al lector.
El estado poético reside en la lectura que realiza cada lector, y según Octavio Paz, el poema es una posibilidad abierta todos los hombres.
De su lectura, amigo, dependerá la existencia del poema y nadie puede hacerlo por tí mismo. Convéncete que tu formas parte del mundo poético y nadie te llevará de la mano en el oscuro o claro túnel de la existencia, porque tú y nadie más tiene la llave para echarle llave al poema, al igual que al candado, que recomienda Pablo de Rokha.
Aunque no olvidemos la sugerencia de Vicente Huidobro, que el verso sea como una llave y abra mil puertas. La poesía es crear vida en palabras, nos dice por su parte, Nicanor Parra.
La poesía se hace con palabras, y en eso estoy de acuerdo con Gonzalo Rojas, el oscuro y brillante carbón de nuestra poética sureña.
Seguramente usted, mi estimado lector, se estará preguntando, pero ¿qué es poesía? Digámoslo con Becker, sí, Gustavo Adolfo: Poesía, eres tú.