Polarización y realidad nacional
No discutiré la bondad o no de los indultos que otorgó la Sra. Presidenta de la República; no me referiré si fueron o no convenientes, aunque sobre esto tengo mi propia opinión.
Sucede que, desde hace algunos años, las opiniones y la misma gente está polarizada hacia un lado u otro, hacia uno u otro partido, hacia una u otra actitud.
Hace unos días escribía sobre igual situación en Venezuela, lo que había creado tal separación de grupo, cuyos integrantes era imposible unirlos de nuevo. Desde luego, esto no permite que haya un entendimiento entre las partes y la unilateralización se acentúa en forma tal que se dificulta hasta para una conversación.
Pareciera que los panameños vamos por igual camino, labrándolo para que germine la incomprensión y no logremos un denominador común, ni siquiera en un ataque a la patria.
Hace muchos años, 9 de enero de 1964, los panameños encontramos algo que nos unió y, en esa circunstancia no pensamos si el Presidente era de nuestro partido o de oposición.
Alrededor de la actitud que tomó el Presidente Chiari, no reunimos los panameños a apoyarlo y darle el respaldo que necesitaba en ese difícil momento. Nos olvidamos de lo que pudiera separarnos políticamente y allí fuimos todos, como un haz de voluntades.
Sin embargo, ahora no es igual. Como panameña siento que Fidel Castro, presidente de Cuba, ha herido la majestad de la patria inmiscuyéndose en problemas internos de nuestro país. No es él quien pueda decirnos qué hacer o no hacer con los indultos. Que los panameños nos matemos entre nosotros, es otra cosa; pero que él no opine. A pesar de esto, nadie recuerda esta intromisión y todo mundo ha atacado a la hoy ex Presidenta, por el indulto.
No existe un denominador común que una a los panameños; basta que la Sra. Mireya lo haga para que le caigan encima... y la patria no importa. Los comunistas, porque defienden su manera de pensar; los PRD, porque andan en la misma olla que Fidel y Chávez; los de oposición, porque la quieren acabar en sus últimos días. No he escuchado una opinión defendiendo la posición de los indultos.
No he visto ninguna posición positiva de parte de los periodistas que han sido los más beneficiados en este momento. Su propio partido y sus legisladores a quienes tanto ayudó, permanecen en silencio. ¿Será porque ya terminaba su período?
Lo cierto es que preocupa la situación de los panameños que nos vamos separando cada vez más hasta que, cuando nos demos cuenta, será tarde.
¿No habrá reconciliación ni entendimiento? Creo que ni siquiera conversación.
Pareciera que a los panameños nos encanta ser oposición hacia lo instituido, hacia los que están arriba. Que espere Martín para que vea lo difícil que es gobernar en este país.
No vale tener un poder omnipotente como el que blandea el PRD; se le dará los 100 días de gloria y de luna de miel para que acumulen lo malo que piensan que hace su gobierno y lo fusilarán como a nuestros próceres en la plaza de la Catedral.
Nos hemos vuelto negativos y éramos un pueblo alegre y positivo.
Ahora nada nos satisface, nada nos parece correcto, aunque lo esté; nada permitimos ante las actitudes gubernamentales.
Así no saldremos del estado en que nos encontramos ni iremos adelante porque nos encanta lo que marcha hacia atrás.
Veo algo de masoquismo en nuestra actitud que, si alguien hace cuatro obras buenas y una mala, esa es la enmarcamos en nuestra mente y nuestras críticas para desbaratar lo que tenemos.
No considero esto positivo ni vale la pena aniquilar, ni con el pensamiento, lo que sea beneficioso para el país, para salir adelante, hágalo quien lo haga. Podría ser egoísmo o que predomine un patrón cultural desactualizado. Lo cierto es que no nos damos cuenta que llevamos a Panamá cuesta abajo en mi rodada y en ella arrastramos a tres millones de panameños.
Ojalá seamos más positivos, más objetivos, más realistas, menos radicales que esperan cualquier cosa para llevar la contraria.
Panamá nos necesita a todos, pero con efectividad, con autenticidad, para que seamos nuevamente el país que éramos antes.
Sucede que, desde hace algunos años, las opiniones y la misma gente está polarizada hacia un lado u otro, hacia uno u otro partido, hacia una u otra actitud.
Hace unos días escribía sobre igual situación en Venezuela, lo que había creado tal separación de grupo, cuyos integrantes era imposible unirlos de nuevo. Desde luego, esto no permite que haya un entendimiento entre las partes y la unilateralización se acentúa en forma tal que se dificulta hasta para una conversación.
Pareciera que los panameños vamos por igual camino, labrándolo para que germine la incomprensión y no logremos un denominador común, ni siquiera en un ataque a la patria.
Hace muchos años, 9 de enero de 1964, los panameños encontramos algo que nos unió y, en esa circunstancia no pensamos si el Presidente era de nuestro partido o de oposición.
Alrededor de la actitud que tomó el Presidente Chiari, no reunimos los panameños a apoyarlo y darle el respaldo que necesitaba en ese difícil momento. Nos olvidamos de lo que pudiera separarnos políticamente y allí fuimos todos, como un haz de voluntades.
Sin embargo, ahora no es igual. Como panameña siento que Fidel Castro, presidente de Cuba, ha herido la majestad de la patria inmiscuyéndose en problemas internos de nuestro país. No es él quien pueda decirnos qué hacer o no hacer con los indultos. Que los panameños nos matemos entre nosotros, es otra cosa; pero que él no opine. A pesar de esto, nadie recuerda esta intromisión y todo mundo ha atacado a la hoy ex Presidenta, por el indulto.
No existe un denominador común que una a los panameños; basta que la Sra. Mireya lo haga para que le caigan encima... y la patria no importa. Los comunistas, porque defienden su manera de pensar; los PRD, porque andan en la misma olla que Fidel y Chávez; los de oposición, porque la quieren acabar en sus últimos días. No he escuchado una opinión defendiendo la posición de los indultos.
No he visto ninguna posición positiva de parte de los periodistas que han sido los más beneficiados en este momento. Su propio partido y sus legisladores a quienes tanto ayudó, permanecen en silencio. ¿Será porque ya terminaba su período?
Lo cierto es que preocupa la situación de los panameños que nos vamos separando cada vez más hasta que, cuando nos demos cuenta, será tarde.
¿No habrá reconciliación ni entendimiento? Creo que ni siquiera conversación.
Pareciera que a los panameños nos encanta ser oposición hacia lo instituido, hacia los que están arriba. Que espere Martín para que vea lo difícil que es gobernar en este país.
No vale tener un poder omnipotente como el que blandea el PRD; se le dará los 100 días de gloria y de luna de miel para que acumulen lo malo que piensan que hace su gobierno y lo fusilarán como a nuestros próceres en la plaza de la Catedral.
Nos hemos vuelto negativos y éramos un pueblo alegre y positivo.
Ahora nada nos satisface, nada nos parece correcto, aunque lo esté; nada permitimos ante las actitudes gubernamentales.
Así no saldremos del estado en que nos encontramos ni iremos adelante porque nos encanta lo que marcha hacia atrás.
Veo algo de masoquismo en nuestra actitud que, si alguien hace cuatro obras buenas y una mala, esa es la enmarcamos en nuestra mente y nuestras críticas para desbaratar lo que tenemos.
No considero esto positivo ni vale la pena aniquilar, ni con el pensamiento, lo que sea beneficioso para el país, para salir adelante, hágalo quien lo haga. Podría ser egoísmo o que predomine un patrón cultural desactualizado. Lo cierto es que no nos damos cuenta que llevamos a Panamá cuesta abajo en mi rodada y en ella arrastramos a tres millones de panameños.
Ojalá seamos más positivos, más objetivos, más realistas, menos radicales que esperan cualquier cosa para llevar la contraria.
Panamá nos necesita a todos, pero con efectividad, con autenticidad, para que seamos nuevamente el país que éramos antes.