Policía Nacional
La Policía Nacional sigue exhibiendo una peligrosa y extraña fragmentación. Los trascendidos que siguieron a la desaparición de la hoja de vida de su Director General no han permitido esclarecer si tomó o no rehenes civiles, pero la duda ha quedado, y sólo el respaldo inquebrantable del presidente ha servido para mantenerlo en su puesto. No sería equivocado aseverar que, con ello, sólo se observa un empate técnico entre la corriente del Director de la Policía y aquellos sectores que, adversarios evidentes, hicieron circular entre los medios la información sobre los supuestos secuestros de Gustavo Pérez en diciembre de 1989. Un empate técnico volátil que podría estar augurando la continuidad de una contienda, con nuevas sorpresas para la opinión pública. Fuentes vinculadas a la polémica aseguran que los actuales directivos de la PN son norieguistas, algunos sugieren lo contrario, y otros afirman que han pasado veinte largos años como para vincularlos a corriente alguna. Lo cierto es que mientras que en los últimos años el famoso “clan agua”, hoy defenestrado, figuró como hegemónico, la Policía Nacional proyecta un prisma de corrientes en pugna, entre las que se señalan al grupo del 16 de marzo, sectores norieguistas, institucionales pegados al Director y a un sector de civiles que trata de influir desde afuera, sobre todo por sus aportes al proyecto del entonces candidato presidencial y hoy mandatario Ricardo Martinelli. Poca preocupación generaría la pugna de no ser porque mientras transcurre, el unificado sector del crimen organizado sigue haciendo de las suyas.