Policía Nacional: depuración
En los últimos meses se han conocido jornadas de depuración en estamentos de seguridad del Estado. El no solucionado caso Brewster puso en evidencia el grado de penetración que el crimen organizado alcanzó en esos estamentos y la urgencia de emprender tareas de saneamiento, por lo que las críticas que se hagan a las medidas asumidas ahora dejan un rastro de sospecha al que se debe prestar atención, sobre todo a las consecuencias que se derivaron de la suspensión de las llamadas zonas con autogestión. Ahora se sabe que en muchas de esas zonas la autogestión se transformó en un mecanismo generador de recursos de los que la propia dirección policial no tenía control y que comenzaron a regularse durante la administración pasada. ¿A quiénes se les ofertaba protección en algunas zonas? ¿Cuánto beneficio se derivaba de esas acciones y qué oficiales y unidades estaban comprometidas con esos ilícitos? Las informaciones cotidianas van dando cuenta de las unidades que, tras ser contratadas para servir a la sociedad, actuaban contra ella. Solo los que han lucrado con la corrupción de los órganos de seguridad del Estado pueden oponerse a la jornada de depuración que ahora se adelanta. Pero sería bueno que las propias autoridades comenzaran a dar los nombres de las unidades comprometidas con esos ilícitos y no los dejaran a las tareas periodísticas. Tampoco resulta positivo aplicarlas y no denunciar los ilícitos en que estaban comprometidos. La sociedad debe saber quiénes han traicionado el deber que juraron defender.