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Policía, organismo de seguridad y trabajo


No es que rememore la época de la dictadura militar; no quiero hacer comparaciones desagradables; pero debemos reconocer que en aquellos tiempos, el trabajo de la guardia era más fuerte y su presencia en las calles era visible, lo que permitía un mejor comportamiento de los ciudadanos y ciudadanas. Sin embargo, pasada la liberación de diciembre de 1989, se instaló el nuevo y primer gobierno democráticamente elegido que olvidó su misión de hacer un nuevo Panamá, mejor que lo que teníamos. La organización de la Policía Nacional fue bastante deficiente y falta de realismo. Se tuvo lástima de los miembros de la misma; se dijo que los militares que hasta ese momento nos habían denigrado, merecían una oportunidad; se dio a los policías el status de empleados públicos que debían trabajar sólo ocho horas para que estuvieran más tiempo con su familia. Los médicos somos profesionales que no tenemos horario para trabajar y, sin embargo, nunca se nos reconoció como empleados de ocho horas. Recuerdo ver a policías de tránsito llegar a las seis de la mañana a la esquina de Vía Porras y Santa Elena a dirigir el tránsito, y a las 6: 45 estaban parados debajo de un arbolito, limpiándose el sudor y el tránsito que se desarrollara como podía.
Siempre dije que estaban formando elementos vagos de un cuerpo que estaba destinado a cuidar de la seguridad de los panameños. Poco a poco se fueron sacando las unidades de la calle e ignoramos para dónde se las llevaron. Las calles se convirtieron en la tierra de nadie tanto en tránsito como en delincuencia y hoy nadie detiene a los maleantes que no tienen respeto. Los buseros y taxeros hacen lo que les da la gana; los ladrones se pierden entre la gente decente para atacarlos sin asco en presencia de los demás que están impotentes para hacer algo. Lamentablemente, los panameños cada día somos más incultos y la educación que reciben los niños y adolescentes más bien los tiran en brazos de la delincuencia. En países desarrollados, aunque no haya policías, nadie pasa de 15 millas frente a una escuela. Eso lo han aprendido en su hogar y en las escuelas. Por algo ellos son de primer mundo y nosotros de cuarto.
La falta de hogares en Panamá son un factor importante en la formación de los futuros adultos; la calidad de algunos educadores no permite que aprendan valores en las escuelas; así mismo, la complacencia con los encargados de cuidarnos, no permite que haya seguridad ni educación. Insisto por enésima vez en la importancia de una educación vial que nos enseñe desde niños a usar la luz direccional de los carros, a no abusar de la velocidad y no combinarla con el alcohol.
Si tuviéramos hogares con padres responsables, no formados en el machismo que les permite abandonar sus obligaciones, esos niños y niñas se levantarían en otro ambiente, con amor, con comprensión, con aceptación. Sin menospreciar a los conductores de buses, les falta toda cultura. Sólo vayan a vía Porras a cualquier hora del día o la noche para que presencien la falta de respeto más grande de parte de casi todos ellos; falta a los que allí viven, a los que allí transitan que están expuestos a grandes accidentes que sólo Dios sabe por qué no suceden.
Cuando la Presidenta Moscoso habló de mano dura, su sucesor dijo que lo mejor era la mano blanda. Ahora se dan cuenta que debe ser durísima. Incongruencias. Dicen que el nuevo Jefe de la Policía cambiará la conformación. Ojalá los mande a la calle; los forme para cumplir con su deber las horas que sean necesarias. Si quieren trabajar sólo ocho horas, que no entren a esa profesión. Pero, necesitamos orden tanto en la seguridad como en el tránsito porque es horrible lo que presenciamos. No hay educación, no hay respeto, no hay valores, sólo pelean por los intereses monetarios y les importa nada con nadie. Si yo tengo una boleta atrasada, no me renuevan la licencia; pero los buseros tienen hasta mil boletas y nadie se explica ese fenómeno. Ojalá que se ponga mano dura contra los transgresores y podamos tener un país de avanzada, con cultura y valores de respeto.
Para prevenir un conflicto mundial y la violencia, se debe prestar atención a la reducción de las desigualdades en el acceso a los recursos y las oportunidades.
Las condiciones de la economía no estructurada deben mejorar estableciendo programas de protección social y mejores vínculos entre las economías estructurada y no estructurada. (Hasta aquí el informe).
Panamá ha ascendido en el Indice de Desarrollo Humano mundial al numero 56 (Entre 177 países) de naciones con alto desarrollo humano (aunque está al borde inferior de la lista colindante con el grupo de mediano desarrollo, al cual perteneció en la medición pasada). Esto es bueno, pero cuando se aplica la lupa es evidente que seguimos siendo un país entre los más desiguales, en un continente que es a su vez el más desigualdad del planeta. Esto se evidencia tanto en el recién difundido mapa de la pobreza del MEF que permite apreciar la disparidad regional en Panamá, como en el informe nacional de los Objetivos del Milenio en especial en el objetivo primero que busca erradicar la pobreza y el hambre, reduciendo a la mitad para el 2015 el porcentaje de personas cuyos ingresos sea inferior a un dólar por día y los que padecen hambre. En el área rural 30% de las personas viven con menos de un dólar al día y en el área indígena asciende al 66% de las personas. En el área rural 54% son pobres y uno de cada cinco está en pobreza extrema, y en las áreas indígenas 99% son pobres. Pero recordemos: Panamá no es pobre, es un país rico empobrecido.
(raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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