Policías homosexuales, entre su jefe y el ministro
L as declaraciones del ministro de Gobierno y Justicia, en reacción a las opiniones de su subalterno, el Jefe de la Policía Nacional , sobre la polémica cuestión del ingreso de homosexuales a la Policía, son desafortunadas por imprecisas y por justificar la discriminación sin fundamento constitucional. En vez de ofrecer, conjuntamente, un esclarecimiento para beneficio de la institución policial y de la ciudadanía, ambos funcionarios han preferido solazarse en una inusual fiesta de contradicciones, acompañadas de medias verdades y enunciados ambiguos que suscitan más preguntas que respuestas.
El Ministro no parece comprender que si bien el afeminamiento de la conducta de los varones no satisface los estándares del desempeño policial, ello no comporta una evidencia de una identidad sexual asumida, que deba por tanto ser castigada o reprimida. Del mismo modo, nada sorpresivo sería que hubiesen servidores policiales que desempeñan sus funciones con solvencia profesional y que se guardan para su intimidad sus deseos y preferencias sexuales. Grave error cometería la institución si intentara invadir la privacidad de sus miembros para descubrir a quienes una lamentable intolerancia se propone excluir o castigar. La aparente corrección política mostrada en esta ocasión por el jefe de los uniformados también resulta vacía, pues no enfrenta las realidades del trabajo de los policías y levanta una interrogante sobre el reglamento que se supone debe conocer y aplicar. En medio de este festival de equívocos, cabe preguntarse si es así como se combate el crimen.