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Policías sin salario


Al finalizar la dictadura militar, en diciembre de 1989, el presidente Guillermo Encara ordenó mediante un decreto, la eliminación de todos los "policías muertos" de la República de Panamá y la prohibición de nuevas construcciones de los mismos.
Hace un año en el corregimiento de Betania se construyen "policías muertos" en forma indiscriminada, sin tener en consideración a los que vivimos en estas calles y que tenemos que someter a nuestros carros a los "resaltos" con los consecuentes daños a la dirección a los amortiguadores del vehículo. Acepto que hay algunas esquinas en donde se justifican, pero son muy pocas.
Se me ha informado que para colocar un "resalto" hay que llevar 50 firmas de las personas que viven justo en el lugar en donde se desea interrumpir la vía y entregárselas a la Representante de Corregimiento, entonces ella hace los trámites para la construcción. Realmente, esto es ilegal, esa no es función de la Señora Representante.
¿Por qué me castigan? ¿quiénes corren por las barriadas? ¿dónde están los letreros que dicen el límite de velocidad? Y es más ¿dónde están los policías que ponían boletas por velocidad? ¿qué hacen tanto policía en moto y en bicicleta?
El reglamento de tránsito en el capítulo de las velocidades, el art. 93, dice lo siguiente: límites máximos de velocidad. Zonas urbanas: a) calles: Cuarenta (40) kilómetros por hora. b) Avenidas: Sesenta (60) kilómetros por hora. En la proximidad de establecimientos escolares... en las áreas residenciales y dentro de la población, la velocidad máxima será de veinticinco (25) kilómetros por hora. En el reglamento también dice que por velocidad la multa es de B/.60.00. La ley está clara. ¿Por qué no se cumple? Entonces... ¡A trabajar! La policía está para hacer cumplir la ley, un poco de organización no es mala. Cuando uno pone el pie fuera de la casa sabe, que hay reglas que cumplir, para una convivencia pacífica.
En tiempos pasados, los jóvenes que manejábamos autos en la ciudad, respetábamos la señalización de 20 millas por hora, 40 km. por hora, y lo seguimos haciendo, porque lo que bien se aprende no se olvida y aunque no te estén mirando... se quedó aquello que decían nuestras abuelas: "mira que te mira Dios... mira que te está mirando... sabes que vas a morir... pero tú no sabes cuando". También está la situación que los niños juegan en la calle en frente de sus casas, y aquello de que: "detrás de una pelota corre un niño" tiene actualidad. Lo que ha cambiado es la conciencia de las personas que manejan taxi, y las todo terreno, que no corren en sus barriadas pero sí en las ajenas.
Los policías de antes de ayer, vigilaban al azar las calles de las barriadas, no tenían celulares ni pedían "coimas" y a todo el que pasaba el límite de velocidad le ponían la multa. Llegó el momento en que nadie estaba dispuesto a causarle tanto dolor al bolsillo y era mejor cumplir la ley.
También había letreros que recordaban el límite de velocidad. Ahora eso no existe.
Me gustó mucho el comentario que leía en una opinión ciudadana: "los policías muertos le hacen el trabajo a los policías vivos". Si yo tuviera a mi cargo a los policías de tránsito, que pueden poner boletas, haría lo siguiente: Determinaría cuál es una calle y cuál es una avenida con buena identificación. Colocaría a un policía provisto de celular y libreta de boletas con pluma, en la calle, justo donde está actualmente el "resalto" y donde pondré posteriormente el letrero de 40 km. por hora. El que pasa el límite de velocidad permitida, se le pone la multa. Este ejercicio se hace al azar en diferentes calles y a diferentes horas, por varios meses y le aseguro que la situación se vuelve a controlar. No se me ha olvidado la "coima", entonces pondría a policías honestos, que creo son la mayoría.
También hay la alternativa del "resalto lógico" lo he pasado en la Zona del Canal y consiste en un resalto más amplio, más plano que si viajas a la velocidad adecuada, el carro no sufre, pero si viajas a velocidad prohibida, el vehículo salta en forma desproporcionada y te obliga a contraer las arterias coronarias, a lo que es mejor, respetar la ley.
Pienso que hay que poner orden, las personas que peinamos canas no éramos menos que los jóvenes de hoy. Actualmente hay una minoría que hace lo que le da la gana, no respetan a nadie y las autoridades no se hacen respetar tampoco. Entonces, hagamos propaganda y publicidad divulgando nuestras leyes, tal vez al conocerlas se decidan los ignorantes a respetarlas.
Sentado frente a mí en el suelo de una casa segura en Karachi, Ramzi echó atrás la cabeza con una sonrisa de orgullo y dijo en tono grave: «El que llamaba no era otro que el hermano Abu Abdul Raman [Atta]».
«¡Era un hombre increíble! ¡Increíble! Dios bendiga su alma y ponga el paraíso a sus pies, para que esté, inshalá, entre los Shuhadaa [mártires]».
Pero ¿de qué iba el rompecabezas? Bastones y pasteles con un guión... Yo estaba completamente perdido.
Con un extraño arranque de malicia, Ramzi me explicó: «Dos bastones es el número 11, un guión es un guión, y un pastel con un rabo hacia abajo es el número nueve. Y ése era el día D: el 11 de septiembre».
Los estadounidenses escribirían 9/11 pero en Gran Bretaña y Arabia se dice 11/9, y los números se parecen mucho en inglés y en árabe. Una de las últimas personas en saber la fecha fue el propio bin Laden, según mi primer informante misterioso, que volvió a hablar conmigo después de que finalizaran las entrevistas en Karachi.
En primer lugar, Ramzi había dado orden de evacuación a las células activas en Europa, Estados Unidos y todos los demás lugares. Cogió su maleta de recuerdos y limpió a fondo el piso de la Marienstrasse. Se aseguró de que su compañero de piso, un medio alemán medio marroquí llamado Said Bahaji, había llegado antes que él a Karachi.Por último, partió con rumbo a Pakistán.
Fue entonces cuando bin Laden, a través de un mensajero enviado por Ramzi el jueves 6 de septiembre, pudo saber que su plan a dos años visto para humillar a Estados Unidos daría frutos en sólo cinco días más.
Durante los dos días y la noche que duró mi entrevista no se me permitió salir del piso. Khaled y Ramzi permanecieron conmigo todo ese tiempo. Al final, me fui como llegué. Me vendaron los ojos, me metieron en el maletero de un coche y me llevaron directamente al aeropuerto de Qaid-i-Azam para coger mi avión de regreso a Londres.
Mientras despegaba, reflexioné sobre este extraordinario encuentro y sobre el destino de bin Laden. Antes de reunirme con Khaled y Ramzi pensaba que las posibilidades de que estuviera vivo eran del 50%.
Ahora, a pesar de que mi misterioso informante había dicho que estaba estupendamente y veía la televisión, y de que, como me dijo después de que terminaran las entrevistas, había preparado mi reunión con Khaled y Ramzi, he cambiado de parecer.
Khaled se fue un poco de la lengua al referirse a bin Laden en pasado. Pero yo también me voy dando cuenta de que empieza a haber grietas en la organización Al Qaeda.
El dato más elocuente es el hecho de que mis cintas de vídeo de las entrevistas con Khaled y Ramzi, que ellos dijeron que se quedarían durante dos semanas para ocultar sus rostros, no me fueron devueltas.
¿Por qué? A fin de cuentas, ellos habían pedido que se celebraran las entrevistas, las controlaron y querían que se emitieran. Me inclino a interpretar que algo marcha mal en las altas esferas de Al Qaeda, que hay una especie de discontinuidad. Ahora creo, más bien, que bin Laden está muerto.
¿Quién lo sucedería? Fue Ramzi Binalshibh quien me causó mayor impresión durante el encuentro. Su filosofía, incluso su vocabulario, se parecen mucho a los de bin Laden. Tiene el carisma sereno, la vitalidad y los conocimientos religiosos del shaid.
Con sólo 30 años de edad, eclipsa a su maestro con la experiencia de campo que da haber coordinado una operación sin precedentes en suelo occidental. Lo veo al frente de la organización algún día. Este es nuestro futuro Osama bin Laden.

101 años de Panamá América

 
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